de niños y perros

Cualquiera que me conozca sabe de mi amor por los animales. Por todos, pero especialmente por los perros. Es un animal con unos sentimientos* y una conciencia que ya le gustaría a algunas personas.

Pues bien, yo creo que a los niños se les debería de educar como a los perros. Por lo menos, hasta los 6 o 7 años. Ahora que a muchos se os ha erizado el pelo al leer esto, prosigo.

Las pautas son (o deberían de ser) las mismas: se premia la obediencia y se ignora la desobediencia o el mal comportamiento y se respeta la naturaleza animal; en este caso un niño menor de 7 años.
No soy madre, y no pretendo enseñar a ninguna a serlo, no sabría, sólo a dar unas pequeñas pautas de comportamiento para los adultos.

Lo único que me gustaría es que los padres fueran un poco conscientes de cómo se comportan con sus hijos. Sus hijos son el reflejo del comportamiento para bien o para mal de ellos, por lo menos al principio, luego la bola crece sola. Luego cuando no nos gusta el resultado les echamos toda la culpa. Pues bien, toda la culpa no la tienen ellos.

Los hijos no sólo se traen al mundo por amor, los hijos vienen al mundo para que evolucionemos, para darnos donde más nos duele, para rebatirnos cada una de nuestras creencias y mandarlas a paseo, para tragarnos lo que dijimos que nunca haríamos y para aprender.

Es terrible ver como cada vez son más los padres que denuncian a sus hijos por malos tratos, agresiones verbales y físicas, y por supuesto todos los que no lo hacen por miedo o por amor; por un mal concepto del amor.

Entiendo que hay muchos atenuantes, especialmente en esta vida de estrés, trabajo fuera de casa, trabajo dentro de casa y educar. Por supuesto esto condonaría a todas las madres y padres del mundo. Además, si educar ya es difícil, hacerlo con nuestro hijo lo es mucho más. Por aquello del amor sin límites de una madre. Ojalá hubiera un límite.

Varias madres y padres me han pedido hacer un taller de coaching para niños, pero la verdad es que a los únicos a los que puedo dirigir el coaching es a los padres, no a los niños, ellos están estupendos.

Todos sabemos que en el tema de educar a los niños se ha pasado de un “porque yo lo digo” a “hacemos lo que tú quieras”. Ha sido nuestra propia evolución y experiencia lo que ha hecho que estemos en el lugar en el que estamos. Quizás ya estamos preparados para el equilibrio.

Que el niño sea obediente está entre los primeros deseos de los padres.

Pero… ¿queréis que obedezcan sin más o que el niño entienda la diferencia entre un mal comportamiento y un buen comportamiento?

Entiendo que es difícil generalizar pero a grandes rasgos, todos los padres quieren que sus hijos sean obedientes, que coman bien, que sean educados, que sean cariñosos y que sean felices, no?

Pautas para cambiar la energía de los padres cuando corrigen al niño.

1º Entenderles.

El primer punto es que los niños sientan que les entienden. Qué sorpresa, eh? Igualito que a los adultos.

Primera regla de coaching, ponerte en la piel de tu cliente y entenderle sin juzgarle. Todos hacemos las cosas por alguna razón y quizás si yo tuviera tu razón lo hubiera hecho igual.

Sería bueno dejar de personalizar el mal comportamiento del niño en plan: “lo hace por fastidiar”

Si muestras empatía con el niño sería mucho más fácil entenderse con él, tú no le tendrás como “enemigo” aun cuando estés cansado y podrás pasar al punto nº 2 de una manera más sencilla.

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2º Corregir el comportamiento que no se desea.

Esto se hace mucho más fácil con el distraer de toda la vida. Te corrijo el comportamiento y automáticamente le ofrezco otra cosa que esté dentro de lo permitido.

De este modo no sólo le corriges y no le dejas sin nada que hacer sino que le enseñas qué otra cosa puede hacer. De paso los padres os relajáis más porque salís de no hagas esto, no hagas esto otro, no, no, no y cambias vuestra energía pasando al sí.

Porque querer a los niños no significa que ellos siempre hagan lo que quieren. Normalmente es justo al revés. Ellos tienen emociones e impulsos que no saben cómo gestionar (ni nosotros muchas veces) pero hay que ponerles límites.

Si llegas cansado a casa de trabajar y no tienes ganas de decirle al niño no mil veces, al final acabas perdiendo los nervios, con el niño llorando y sintiéndote el ser más culpable del mundo… enséñale cuáles son los límites.

3º Poner límites en su comportamiento.

Cuanto antes le enseñes al niño que hay cosas que se hacen y otras que no, mucho más fácil le será desenvolverse y no sólo en tu casa, sino en todos los ámbitos. Aprenderá lo que es la frustración y de mayor no será un problema.

No vale que en casa le dejes que se suba al sofá a saltar y esperes que cuando vayas a casa de tus amigos él piense: ah! no! En este sofá no me subo que es de unos amigos de papá y va a quedar mal.

Él, cual cachorrillo asilvestrado, verá su objetivo e irá hacia él raudo y veloz!

Tampoco esperes que ellos acepten tus límites a la primera, según los científicos hasta los 7 años el cerebro del niño y sus conexiones neuronales son como un mapa sin carreteras. Repitiendo las órdenes consigues que ellos se anticipen a tus reacciones y eso será lo que haga que acepten que no siempre se hace lo que él quiere. A veces agotador pero es así.

4º Elegir el momento

También hay que tener en cuenta en qué momento vas a corregir al niño. No es lo mismo decirle que no montará en el coche del tiovivo que quitarle cuando está ya montado. Si entra en pataleta, lo único que se puede hacer es calmarle. Más tarde conseguirás que te escuche. Igual que un adulto cuando deja sacar su ira y no atiende a razones o un perro metido en una pelea.

¿A que con tu mejor amigo sabes cuándo le puedes decir algo o cuando esperar el momento adecuado? Pues lo mismo. Espera a que se calme, reconduce sus emociones y luego llegarán las palabras de lo que se puede o no se puede hacer.

No puedes dejarte contagiar por su berrinche y por su energía. Tendrás que tener paciencia y templanza. Yo no dije que fuera fácil, pero eres el adulto y es el papel que te toca, de lo contrario seréis dos niños pequeños.

5º Elegir bien las palabras

A los niños se les da mal encajar el no. Se los repetimos tantas veces que lo asocian a algo que les va a estropear la fiesta. Aprende a negociar. Esto no quiere decir permisividad, no, si se negocia es porque su punto no es posible, y queremos llevarle a otro que sí lo sea.
No vale negociar tipo: bueno, hoy te dejo pero mañana no. Eso no lo entiende ni un niño ni un perro y sólo le lleva a la inseguridad y la confusión.

Trata de evitar el no y háblale en positivo: “Hoy se ha terminado el cuento pero mañana habrá más”

De este modo potenciarás su parte positiva y su seguridad. Sé coherente: el no siempre es no, y sí, siempre es sí.

Si aprenden bien estos límites, pasarán al siguiente nivel cuando su cerebro esté preparado para entender que, bajo determinadas circunstancias, a veces se pueden hacer cosas pero eso no implica que sea todos los días. Dales tiempo.

6º No le etiquetes

Sabemos que los padres sois los que mejor conocéis a vuestros hijos, pero no les pongáis etiquetas.
Que haga una cosa mal un día no significa que la vaya a hacer siempre. No te predispongas para anticiparte a un comportamiento del pasado y lo que es peor, a experiencias de TÚ pasado.

A lo mejor no es el niño más ágil de mundo y es muy torpe con la pelota, pero quizás si no se le estigmatiza con ello no le cogerá manía, pueda intentarlo más veces sin sentir que hace algo mal.

Potencia su naturaleza, deja que experimente y que no sólo haya teoría en su comportamiento; provocarás que sus neuronas asocien esas experiencias y le sea más fácil recordar las cosas y cómo hacerlas.

Cómo nosotros, eh? A veces se nos olvida que somos de la misma especie.

Cuestiónate:

En vez de mandarle castigado a su cuarto, al pasillo o donde sea. Pregúntate:

– ¿Qué quiero conseguir?
– ¿En qué plazo? El niño no va a crecer cinco años de golpe porque tú hayas salido la noche anterior. Así que es muy posible que siga teniendo un comportamiento no deseado durante más de una vez.
– ¿Cuál es su naturaleza? ¿Inseguro? ¿Miedoso? ¿Tímido? Sírvele de muleta, pero deja espacio para que él experimente solo. Si has establecido el punto nº 1 sabe que siempre estás ahí
– ¿Qué valores me gustaría inculcarle? Esto te obligará a repasar los tuyos, lo cual siempre está bien.
¿Para qué quiero que haga esto o esto otro? ¿Es bueno para él o sólo es cómodo para mí?

Obviamente son cuestiones muy generales porque cada niño es un mundo, pero hay comportamientos comunes a todos especialmente entre los adultos.

Muchos padres se sienten desbordados por la responsabilidad, pero es mucho más fácil tener cinco pautas claras que un montón de verborrea. Igual que con los perros. 😊
_________________________________________

*Científicamente y debido a que los perros no tienen un tercer cerebro como los seres humanos, no se les considera capacitados para sentir, sólo para tener emociones. No estoy de acuerdo, pero es sólo mi opinión.

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