I can’t get no satisfaction

Siempre lo que queremos. Siempre lo que llegará. Siempre lo que buscamos.

Siempre lo que deseamos. Siempre lo que nos falta. Siempre buscando.

¿Y si no nos faltara nada? ¿Y si tenemos todo para ser felices y no nos damos cuenta?

Parece que el ser humano está desentrenado para valorar las cosas para siempre, la mayoría sólo lo podemos hacer por un tiempo y normalmente, corto.

Por mucho que algo nos impresione, después de acostumbrarnos a ese estímulo, nos aburrimos y pensamos que tampoco estaba tan bien, que ya no nos gusta tanto y que por qué no buscamos algo nuevo que nos emocione más. Da igual que sea un amor, que el monumento más impresionante que haya realizado el hombre o la Naturaleza.

Si pasáramos todos los días para ir a trabajar por la pirámide de Guiza o por el puente de Brooklyn un día podríamos decir algo así como: ¡menuda mierda de puente! ¡Qué largo que es! ¡Lo incómodo que es! ¿Por qué no lo hicieron así o así o así?

Y es que las emociones son instintivas, pertenecen a nuestro ADN animal y si no le ponemos cabeza se esfuman; por ello es tan importante diferenciar entre emoción, sentimiento y pensamiento.

Ernest Hemingway pensaba que la inteligencia era una carga:

“La felicidad es la cosa más rara que conozco en la gente inteligente”

Claro, que este señor se suicidó, no? No sé si es buen ejemplo…

A mi parecer, el Sr. Hemingway se equivocaba. Ser feliz es una cuestión de inteligencia. Hay que tener entrenado el cerebro y filtrar qué pensamiento dejamos que deje poso en nosotros y cuál no, y está claro que hay que ser inteligente para ver la botella medio llena cuando tienes exactamente la misma probabilidad para ser feliz o no. Eso es inteligencia.

Habéis estado persiguiendo una meta o un objetivo y cuando lo conseguisteis ¿Enseguida os ponéis otra vez a buscar otro? ¿Cómo si el anterior hubiera perdido valor? ¿Os reconocéis? Buscar y buscar, pero buscar… ¿Para qué?

Pareciera que siempre estuviéramos como adelantándonos a nuestra propia vida, siempre con el estómago un metro por delante, a ver si la alcanzamos. Este comportamiento nos crea un estado de insatisfacción, de estrés, de frustración y claro, lo que hay detrás siempre es el mismo conocido: el miedo.

Si confiásemos en que la vida nos dará cosas buenas, no tendríamos esa necesidad de controlar todo, porque seamos honestos, nos esforzamos tanto y nos presionamos tanto sólo para estar bien, para ser felices, pero escogemos el camino largo y tortuoso entre otras cosas porque creemos que sentarnos a esperar que nos ocurra algo estupendo no puede ser bueno.

¿Creencia religiosa? Puede ser.

Una de las cosas que más me sorprendió en su momento fue asumir que somos dos versiones de persona. Uno el que somos de verdad y otro el que normalmente ven los demás, algo así como nuestra tarjeta de visita. En mi caso la persona que soy es la que ve mi perra y mi gato, lo tengo claro y no soy tan guay, también lo tengo claro. 🙂

La versión “tarjeta de visita” es un diseño propio así que le añadimos cosas que pensamos nos van a venir bien, un poquito de valentía-arrogancia-mecagodemiedo por aquí y otro poco de simulación-seguridad-a ver si cuela por allá.

Y está bien, pero si no te controlas puedes acabar como un árbol de Navidad y cuando tu persona, la real, la que es sin más, sin impostar, encuentra hueco por donde salir, respirar y ver qué haces con SU vida… llega la desilusión y el desinfle.

¿Qué hago yo con tantas bolas de Navidad puestas? ¿En que estaba pensando os preguntáis?

Pues yo os lo digo: pensabais en adornaros, en adornaros la vida…pero claro, no sólo de apariencia vive la gente. ¿Sabéis perfectamente cómo es esa sensación, no? Es ese momento de lucidez, en el que tooodooo va mal, tooodooo es una mierda, has fracasado en tooodoooo. TODO.

Quizás estaría bien empezar por aceptar que me gustaría ser eso, o quizás me gustaría que los demás pensaran que yo soy eso y que tengo eso y que represento eso, pero NO SOY eso, sólo lo parezco y eso si me miras de lejos.

Hay que saber diferenciar qué somos, que no somos y que no seremos nunca por mucho que lo deseemos.

¿Cómo podemos ser realistas con lo que tenemos y motivarnos para lo que queremos conseguir?

1. Escribe en un papel las áreas de tu vida más importantes.
2. Tres deseos que siempre quisiste cumplir. Argumenta si alguno de ellos no se ha cumplido y la razón
3. Escribe cinco cosas de tu vida que tienes y no te gustaría perder.
4. Tres cosas de tu vida que te sobran. Explica por qué las conservas.
5. Tres cosas que te gustaría conseguir en un futuro próximo. Detalla que haces para conseguirlas y ahora intenta justificarte por qué no las tienes. Esas justificaciones te dirán por donde andan tus límites.

Todo esto para daros un toque de atención, para que le pongáis un poco de conciencia a la vida que tenéis, porque la vida en el fondo es una cuestión de proponerse ser feliz, independientemente de las cosas externas que nos pasen. Los que protestáis con un: sí, claro! y si te pasa esto también vas a ser feliz, no? Pues también, sí.

No se trata de estar carcajeándose todo el tiempo, ni eso de estar con la sonrisa puesta enseñando dientes, no; la felicidad es otra cosa.

Creo que la felicidad se acerca más a una satisfacción continuada en el tiempo, equilibrada, como de estar a gustito y relajado mientras vas consiguiendo lo que te va hacer más feliz; eso sí, encajando también cosas menos buenas que te van pasando mientras lo haces. Lo curioso es que siempre nos parecen más las buenas que las malas.

Si lo hacemos así, es más fácil que nos fijemos en las cosas que tenemos y no en las que nos faltan, porque está bien tener objetivos pero no quimeras. Son cosas diferentes. La quimera siempre te hará estar en un permanente: seré feliz cuando llegue. Me temo que no es así.

Nuestra mente es plástica y depende de lo que pensemos, lo que aprendamos o de las experiencias que tengamos que cambie sus funciones. Cambia como cambia en nosotros los pensamientos, así que la felicidad es también una cuestión de entrenamiento y el entrenamiento es lo que cambia nuestro cerebro.

Eso es lo que hacemos en coaching, cambiar nuestra manera de pensar y cambiar la estructura física de nuestro cerebro. De este modo, si tiendes a utilizar la parte del cerebro que te hace ser negativo, cuántas más veces la utilices más en forma estará y más dispuesta estará para negativizar tu vida, porque el ser humano va construyendo su propio mapa afectivo y emocional, con las experiencias que tiene y con su actitud hacia ellas. Esto último me gustaría haceros un tatuaje para que lo recordaseis siempre.

Si estás triste o cansado, compórtate como si estuvieras alegre y con energía. Inmediatamente tu cerebro dará la orden a todo el cuerpo y notarás el cambio enseguida.

Cuando no puedas más, cierra los ojos e imagina la vida que te gustaría vivir y trata de sentir cómo te sentirías en esa vida. Pórtate como si muchas de las cosas que quieres conseguir te las merecieras desde siempre, y si no crees que te las mereces escríbete una carta argumentando por qué no te las mereces. Ya verás cómo sobre papel las excusas no suenan tan reales.

Deja que las cosas te lleguen sin hacer contorsiones y verás como empiezas a vivir más el presente y dejas de correr detrás de las cosas para conseguir pequeños premios, porque la realidad es que si vas detrás de algo siempre vas un paso atrás, no?

Pórtate como sabes que te hará bien, y si no sabes qué te hace bien, imita a alguien que te guste la vida que lleve o incluso que sientas envidia. Es una pista.

Mientras try and try and try 🙂

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