¿Dulce hogar?

Las vacaciones nos permiten alejarnos de nuestra vida por unos días o semanas. De repente podemos vivir como si fuéramos otras personas.

Hay fecha de caducidad. Hay que volver. A tu vida. A tu marido. A tu novia. A tu trabajo. A tu ciudad. A tu no novio. A tu todo. A tu amante. A tu nada.

¿Y si lo que ves a la vuelta no te gusta?

Pocas veces vas a tener la perspectiva que tienes hoy respecto a tu vida. De hecho si no espabilas puede que no te dure siquiera hasta el próximo lunes, y volverás a eso que se llama rutina en el mejor de los casos.

Que algo sea rutinario no quiere decir que sea malo, así que siempre he sospechado que la palabra rutina en este momento de vuelta de vacaciones, no significaba sólo un acto que se repite en el tiempo de manera voluntaria, no, creo que significa algo que no te gusta y tienes que hacerlo sí o sí.

O no.

¿Recuerdas como te sentías el año pasado un día como hoy?

Iban a cambiar muchas cosas… sí, sí. Un montón.

No te iba a pasar como otros años. Ese año las cosas iban a ser muy distintas.
Cambiarías de trabajo. Hablarías con tu pareja y le dirías eso que llevabas meses pensando, y que nunca encontraste el momento. A tu madre le pondrías límites,  y a esos amigos a los que les quieres pero que te dejan sin energía, que no cuenten contigo. Irías a por ese hijo, gato o perro que llevas deseando desde pequeño; o a cambio te operarías el pecho. Feliz de la vida.

 Le dirías a ese amante que lo amas, y viajarías más, mucho más. Casi cada fin de semana.

Ya…

¿Puedes recordar el momento en el que NO se hicieron esas cosas?

¿Recuerdas si lo decidiste por lo menos?

¿Pero recuerdas que tenías ganas y que estabas convencido, no?

¿Por qué no pasaron?

. . .

Debes cambiar tu idea de por qué ocurren las cosas.

Siempre hemos creído que las circunstancias externas son las que influyen en nuestro estado interior. Yo creo que aquí como en otras muchas áreas de la evolución del ser humano, va a ser al revés.

Nuestra mente determinará que pasa en nuestro exterior y cómo.

A mismos pensamientos y sentimientos, misma realidad de siempre.

Tampoco es tan difícil de comprender, no? ¿Por qué nos cuesta tanto?

A mi entender hay dos tipos de personas: las que provocan el cambio mentalmente, como una chispa que arde y eso hace que físicamente empiecen a pasar cosas; o los que para provocar el cambio mental tienen que partir del físico. Y aun cuando ocurren ciertos cambios les costará creer mentalmente que ha sucedido eso que sea que anhelaba.

Son dos ritmos que se entremezclan pero uno siempre conquista al otro y le lleva a su terreno. Lo que sí que es cierto es que uno está en minoría de condiciones respecto al otro.

Sería bueno que supieras dónde te encuentras.

Los clientes vienen a verme porque quieren cambiar algún aspecto de su interior o de su exterior que por ellos mismos no pueden hacerlo. Bien. Pues en cuanto empiezan a cambiar algo, les entra el miedo y las dudas. Y muchas veces es la misma pregunta (yo la hice también) pero si cambio… ¿ya no seré yo?

Somos de fieles (o adictos según se mire) a las cosas que no funcionan bien en nuestra vida… uff!

Ojalá pudiera cambiar tan rápido. Ojalá fuera tan fácil dejar de ser uno mismo.

Según Joe Dispenza, bioquímico y quiropráctico, dice que esto nos pasa porque vivimos en un estado de supervivencia constante y estresante. Y seguro que está en lo cierto.

Hormonalmente recibimos órdenes para cuidar de nuestro YO, que normalmente es definido en el campo del físico, así que somos menos espirituales y más materialistas, miramos más al exterior y nos olvidamos del interior.

Todo cambio se inicia con un simple pensamiento, pero es cierto que mantenerlo a veces no es fácil.

Aprovecha el momento de claridad mental que tienes ahora e indaga.

¿Es cierto que quieres cambiar algo de tu vida? ¿Cambiar de profesión? ¿Quieres sentirte feliz? ¿Conocerte?

Parte de la infelicidad que tenemos es que como miramos tan poco dentro, somos una mente que va dentro del cuerpo de un señor al que ni siquiera conocemos.

El coaching te ayuda a mirar para dentro. A no salir corriendo cuando tus pensamientos se agitan, a dejar que salgan los “malos” pensamientos y a centrarte en los buenos. Me ayuda a inspirar, que a veces se me olvida hacerlo. A saber que cambiar no es “matarse” y que uno es y será muchas cosas en esta vida y experimentará más de un amor si se abre a ello.

Y sobre todo me ayuda a cambiar las cosas que no me gustan de mí y a conseguir otras nuevas que están más en sintonía con esa persona que soy en estos momentos.

Te invito a que hagas este ejercicio. No necesitas a nadie más, es muy simple:

Mírate a un espejo o imagina que estás en un teatro con público, inspira un par de veces y PRESÉNTATE

Preséntate en pasado, presente y futuro.

Ah! Y no vale eso de: Me llamo fulanito y estoy casado con… y trabajo en…. Y mis hijos tal…. No.

YO ERA: __________________________________________________________________
YO SOY:__________________________________________________________________
YO SERÉ:_________________________________________________________________

Podéis dejarme vuestros comentarios en la página de Facebook o como siempre escribirme a labienpensada@outlook.es


Bienvenidos a vuestra futura vida.

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