El buen gusto de cuestionarse

No me gusta cómo soy. Siempre hago todo mal. Todo el mundo dice que se quiere y yo ni siquiera me soporto. Quiero cambiar y ser otra persona. ¿Puedes hacerme cambiar?

Esta es la pregunta que me hizo una persona hace unos días.

Creo que en estos años nadie me ha hecho una pregunta tan directa.

Era una sesión 0.

Las sesiones 0 son a cero coste para el cliente y en ella nos conocemos. Ellos me cuentan qué les gustaría conseguir a través del proceso de coaching y yo les explico el protocolo que sigo.

De esa sesión se pueden sacar mucha información que luego para el proceso es importante.

¿Qué significa no gustarte? Le pregunté a esa persona.

Dijo: Pues no lo sé… no estar bien en tu propia piel. Paso de querer hacer esto o lo otro, para decidir luego hacer todo lo contrario. No me entiendo ni yo. Me encantaría ser otra persona.

Normalmente todos queremos conservarnos de algún modo. Efecto supervivencia. No queremos perdernos nosotros mismos en el proceso de los cambios.

Normalmente las preguntas que me hacen los clientes son más del tipo: ¿Pero no cambiaré mucho, no? ¿No dejaré de ser yo, no? Y a veces piensas: Justo, justo eso es lo que necesitas, aprender, cambiar y ser otra persona. En esencia tú, pero una versión mejorada.

Así que cuando me lo preguntó tan abiertamente, instintivamente y por defecto de profesión le hice otras preguntas: ¿Cuánto quieres cambiar? ¿Qué necesitas cambiar? ¿Cómo quieres cambiar?

Porque si quieres cambiar, cambiarás.

Dicho esto, os diré que es muy importante fijar las expectativas en un proceso de coaching. Hay que ser coherente con lo que la gente desea y con su realidad (que no la tuya ni la mía) y lo que hay en medio (a ese espacio variable le llamo coaching 😊) especialmente porque es importante no defraudar a nadie.

Pero también dicho esto, os contaré que una de las bases del coaching es:

“Todo el mundo está capacitado para resolver los problemas que le depare la vida.”

Sí, ya sé que es una afirmación muy generalista, incluso naif, pero la verdad es que con cada persona con la que hago un proceso de coaching entiendo que este principio se cumple.

Sea cual sea el problema, bloqueo o estancamiento que tiene es justo el que necesita para seguir con su vida pero mejorada.

Si no entiende esta máxima y se enfada, y coge un camino secundario, normalmente para evitar el dolor o el miedo, tardará más, elegirá la evitación e irá por el camino largo que sin duda también le hará aprender muchas cosas, pero más largo y probablemente más doloroso. El coaching hace que se ese camino sea mejor, más amable, más rápido y aprendiendo igual.

Es como viajar en coche, puedes decidir ir por autopista, por carreteras secundarias o por caminos escarpados. Es tu decisión.

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El coaching es cambio.

Todo cambio es para bien SIEMPRE. Es una creencia que tengo. Sé que a lo mejor no lo veo al principio, pero siempre acabo agradeciéndolo.

Eso hace que cuando me siento incómoda o no me “encuentro” sé que hay que cambiar algo. Y siempre algo de mí, no de los demás.

En coaching sistémico hay pocas reglas, pero hay una que me encanta: todo movimiento hay que ganárselo. Esto es, cada cambio tiene que venir precedido de un aumento de conciencia y de posición en el sistema, o sea, en la vida.

Creo que malentendemos lo que significa cambiar, pareciera que cambiar fuera malo.

Las personas que no cambian de opinión creemos que tienen más fuerza, más seguridad, más control, más argumentos o fuesen más sinceros de los que sí lo hacen; y no creo que tenga que ser así, por lo menos no siempre, en realidad puede ser al contrario.

Creo que cuando tienes una opinión durante mucho tiempo, acaba siendo parte de ti, de tu identidad, y justo en ese momento tu opinión ya no es opinión, es una creencia para ti, buena o mala, es tuya y no te la cuestionas.

Y ya llegados a este punto, la defenderás a capa y espada si fuera necesario, de la misma manera que te defiendes a ti mismo de cualquier ataque. Porque no están cuestionando una idea o una opinión, te cuestionan a ti mismo.

Como para tener opinión y seguir teniendo perspectiva, casi imposible de hacer.

Esa opinión viene precedida por lo que te ha pasado en la vida, por las conexiones que haces, por lo que te han enseñado, por lo que les ha pasado a otras personas, por lo que han vivido tus padres, hermanos o amigos, y sin saber cómo se convierten en tuyas.

Repasar si esas inocentes opiniones son tuyas, todavía tuyas o si lo fueron alguna vez, sería genial, sería estupendo. Te daría la posibilidad de abrir otros caminos, de pensar de otra manera y a lo mejor, esa nueva manera encaja mejor con la persona que quieres ser en la actualidad.

Ese sería un buen punto de partida para hacer un proceso de coaching.

Así que si te pillas pensando que ya no te gusta cómo eres, todo te sale mal, caes en los mismos errores una y otra vez, parece que la vida pasara muy despacio, que nunca ocurre nada nuevo y te sientes frustrado… tienes dos opciones:

  1. Hacerte el loco y pensar que la culpa es de los demás, de tu jefe, de tu novio, de la vida o del Universo.
  2. Pararte a pensar qué está pasando. Explora la situación. Cómo te sientes, sin juzgarte, sólo observa qué sientes, qué piensas, qué haces. Cuestiónate y si es necesario, cambia.

Agradece porque todos hacen un trabajo muy importante, todos a su manera te muestran el resultado de tus pensamientos, opiniones y acciones.

Pero cuando uno está mal, no elige qué piensa o que siente, entra en un malestar. Ese malestar te dirá a su manera que ya no puedes crecer más tal y como eres en estos momentos, y que tienes que cambiar algo para seguir adelante, para cambiar siguiendo siendo tú, para seguir siendo auténtico.

Si eres capaz de verlo desde esta perspectiva, no digo que no duela la próxima vez que lo sientas, pero si sabes que hay un propósito detrás para sentirte así, quizás no sea tan duro. Y ya lo dijo Viktor Frankl: “No es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa.”

Así que aprovecha la oportunidad la próxima vez que esto suceda, ten el buen gusto de cuestionarte todos los días, y si no entiendes el mensaje: llama a un coach. 😉

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “El buen gusto de cuestionarse

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