Las miguitas de pan

A veces culpamos a los demás de las cosas que nos hacen, nos dicen o todo lo contrario, de lo que no dicen o no hacen. 

La verdad es hay personas que si están en nuestro entorno es porque nosotros se lo permitimos. 
Quizás creemos que no, incluso intentamos que no estén, pero  de alguna manera tenemos una fisura abierta en forma de herida, y por ahí se cuelan. Esas fisuras no se ven a simple vista pero se perciben.

¿Qué podemos hacer? 



1. Identificar la herida: No os imaginéis una herida a pecho descubierto, basta con no tener bien colocado alguno de los recuerdos del pasado. Y entonces esa persona entra para zarandear el presente. ¿Me explico?

2. Pasar página: A veces somos nosotros los que queremos avanzar sin soltar rasgos o comportamientos nuestros del pasado. No se puede. No es posible llenar si algo no está vacío. Suelta si quieres avanzar.

3. Simplificar:
Si has discutido con esa persona varias veces sobre cosas parecidas ( o idénticas) y habéis llegado a las mismas conclusiones acompañadas de sensaciones desagradables, cierra el camino, pero hazlo por ti y sólo por ti. Esa persona te muestra una parte de ti. ¿Te gusta lo que ves? Elige.

4. Cuestiona cómo amas:
Nos han machacado tanto con que el amor es para siempre, que en el amor todo vale, que nos cuesta terminar con esos “quereres” y a cualquier relación le llamamos amor,  aunque estén vacíos de todo contenido y en su lugar  vivan amenazas veladas como: “nadie te amará como yo”, “ojalá que no sufras como tú me has hecho sufrir a mi” o un “te quedarás solo”, “me fallaste pero soy tan buena persona que te doy otra oportunidad”. Son pistas para saber que tienes que salir de ahí ¡ya!


5. Cuestiónate quién te suele querer: ¿Tienen algo en común esas personas? ¿Te gustan? ¿Les admiras como personas? ¿Te han pasado situaciones parecidas con personas diferentes? ¿Sólo ha sido una? Reflexiona cuáles son las miguitas de pan que les vas dejando. ¿Cuál es tu rastro? ¿Qué es? Sé sincera contigo. Ellos emiten la señal y tú la contestas. El orden puede ser a la inversa también.

6. Lo que quieres ser: Sé honesta sobre quién fuiste y ten claro que tienes todo el derecho a cambiar, a ser distinto, pero también ten claro que para ser otra persona no basta con repetirlo sino con llevar a cabo acciones que lo demuestren, y dejar que los demás lo valoren… o no! 😊

7. Revisa la pena:
Revisa tus valores, para saber dónde encaja una persona como tú con esos valores y presta atención especialmente a la pena. La pena, la nostalgia, lo que pudo ser… pero la realidad es que no fue, no funcionó. ¿Quieres relaciones que funcionen solas o que tengas que dejarte la vida (literalmente) en ellas? Además, tú sabes igual que yo que si hay pena no hay amor.


8. Concéntrate en la luz: Claro que existe la sombra, necesaria entre otras cosas para apreciar mucho más la luz, pero hasta ahí llega su poder. Fomenta las buenas relaciones que tienes, las fáciles, las que te hacen reír y no tienes que hacer esfuerzo por estar con ellos.
Y por encima de todo, ten personalidad y toma tus propias decisiones aunque eso te aleje de ciertas personas. De eso se trata. 

¡¡Te lo agradecerás!!!

Raquel Calonge

Coaching y Consultoría

@labienpensada

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