Nostalgia de agosto

 

Llega septiembre y llega la misma sensación.

Durante un mes he sido otra persona. He actuado como otra persona y he pensado como otra persona.

Y ahora tengo que volver a ser la que era en julio… pues no sé si eso va a ser posible.

Y es que no podemos irnos de viajes buscando experiencias y ser capaces de ver el mundo distinto para que cuando llegue septiembre, volvamos a ser los mismos. No es posible. No puedo volver a ser la misma después de este verano. No me apetece.

Nostalgia.

Aprovechad que sentís la nostalgia para poder pensar sobre lo que hacéis durante el invierno. Porque en cuanto llegue octubre costumbre se habrá metido en vuestros huesos y os pareceréis a lo que fuisteis. Los de antes. Nada de lo que consiga ser en invierno tiene comparación con el sol y la libertad de agosto. Nada.

Me resisto.

Últimamente todo lo resuelvo con me apetece o no me apetece. Y la verdad, no encuentro respuesta más sincera. Respuesta que suelen menospreciar algunas personas o suelen pensar que es infantil. Sinceridad infantil. Sincericidio que diría mi querido Leiva. No estaría mal.

He de deciros que mis apetencias es lo más sincero que puedo daros. Es la parte más honesta de mis sentimientos.

¿Os parece poco profesional? ¿Poco disciplinado?

Me encanta esta palabra, disciplina. Es la manera en la que tienen de obligarte a realizar algo que no te apetece lo más mínimo, pero que si consigues ser disciplinada y logras hacerlo, doblegando tus apetencias, conseguirás algo que merezca la pena.

O no.

A lo mejor no sentís mis palabras.  A lo mejor no sentís la nostalgia de agosto.

Pero que sepáis que si en septiembre no hacéis lo que os apetece, ¿Qué haréis? ¿A quién agradaréis el invierno? ¿Para quién lo haréis? Si no hacéis lo que pensáis… ¿Para qué os sirve pensar?

Si hacéis cosas que no os gustan empezaréis a pensar cosas que os gusten menos y al final pensaréis que vosotros no os gustáis.

Y llegará el invierno y no recordaréis ni quién queríais ser en agosto. Busca el sol.

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2 comentarios en “Nostalgia de agosto

  1. Los deseos son el motor del Homo Sapiens. Son el único sentido de la vida. Y son inacabables. El Homo Sapiens es, fundamentalmente, una máquina deseante.

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