Sigue andando…

Hay veces que parece que todo está mal.  No entiendes nada, pareciera que todo estuviera al revés. No sabes qué pasa. No te entiendes ni tú. Sigues andando…

Los malos ganan todo el rato y a los otros (no digo los buenos) sólo parece importarnos lo que parece, las apariencias. Salvarla en las últimas.  Que parezca algo que no se es parece ser la consigna. Sigues andando…

Porque aparentar se ha convertido en el nuevo ser.  Pero no se es. Entre el ser y el estar nace parecer. Si aparentamos y lo hacemos muchas veces puede que de tanto repetirlo sea verdad, ¿no?

Como lo de aquella mentira que te has y has dicho tantas veces que ya ni tú mismo sabes a momentos discernir si fue verdad o no. Por momentos se te olvida que lo inventaste. Y qué tontería, te pillas engañándote.  ¡Qué idiota!

Lo inventaste porque no eras. No podías, no querías, no sabías ser y decidiste parecer.

Como si eso nos acercara al ser. Y ahora no sabes ni qué ni quién. Sigues andando…

Te dices que esto lo haces por ellos: familia, amigos, compañeros… lo haces por ti, por ahorrarte mirar en ti.  Ahorras tiempo.   ¿Cómo puede uno ahorrarse vivir? ¿Cómo puede uno vivir desde lo que no se es?

Aceptar que uno tiene que aparentar nos hace un flaco favor a la autoestima.

Dirás que estoy exagerando, en realidad estoy pasando de puntillas porque si me pongo estricta en el mensaje, lo que nos decimos es que nos somos válidos, y por ese camino ya te adelanto que probablemente no lo seremos nunca.

El talento se compone de varios ingredientes y uno de ellos es el de la integridad.

Uno no es talentoso porque llegue a metas infinitas, uno es talentoso entre otras cosas porque es coherente e íntegro respecto a su naturaleza. Porque es.

Es hora de parar.

A lo más que aspira es a ser lo que es. A lo que puede o no puede hacer. A lo que sabe o no sabe. A lo que decide aprender o no. Ni más ni menos.

Cuando robas el trabajo de tu compañero delante del jefe, cuando somos deshonestos con alguien que nos ha hecho un favor, y justo por eso, porque él sabe una “debilidad” llegamos a odiarle. Cuando robas una idea, cuando no pagas lo que debes, cuando haces lo contrario de lo que dices,  lo que comunicas  al mundo (es decir a ti) es que el esfuerzo no es importante para ti, la autoría tampoco, la autenticidad menos y el desconocimiento que tienes de tu potencial es infinito. Ese sí que es infinito.

Te interesas tan poco por ti como para falsear quién eres. Eso sí que hace daño.

Duele bastante cuando somos conscientes de ello, así que procuramos criticar al de enfrente: En realidad no lo hace tan bien… Si yo me pusiera…buff! No entiendo por qué tiene tantos seguidores…Bah! No es tan bueno, si triunfa es porque ha tenido suerte….

Dicen que las redes sociales se miente mucho… sí, tú el primero, gente como tú y como yo, porque se miente igual, porque no hay vida real y vida ficticia, no. Todo es real.

En realidad es el único sitio en el que somos exactamente cómo somos en la realidad creyendo que somos mentira.  Paradoja, ¿no?

Mostrar lo que somos sin más es lo más arriesgado del mundo. Tenemos una voz interior que no dice que no somos suficiente. No te juzgues. No sirve para ser mejor.

Háblate con cariño. Ahora sí que estás quieto y consciente.

Si quieres  saber de qué estas hecho, puede que un proceso de coaching te conecte con tu talento, con eso que tienes dentro y que nadie más tiene. Es la manera más rápida de quererse uno.  ¿Qué puedo decir yo?

Mientras lo decides chequea cómo está tu vida:

Lista 1: Cosas que realmente te gustan de verdad, de las que te entusiasman.

Lista 2: Personas que más te aportan cosas, de las que te gustan de las de estar por estar, porque disfrutas de su sola presencia.

Lista 3: Cosas que se te da bien hacer porque sí. Porque lo sabes hacer aunque nadie te haya enseñado especialmente. Te sale solo. Es un don natural.

Junta el resultado de las tres columnas y observa si en alguna respuesta se cruzan….¡Bingo!! Es ahí donde está tu felicidad.

Ojalá que sí, porque eso que parece que es, es tu vida y a veces las cosas son lo que parecen.

Sonríe, y sigue andando…

Anuncios

Game over

Termina 2017.

Lo que pudimos hacer ya no es, y nosotros que vamos con la prisa de los escaparates, ya estamos pensando en lo que viviremos  el próximo año. Nuevos objetivos, nuevos trabajos,  nuevos amores…

Tómate antes un tiempo para pensar lo que quieres dejar atrás, lo que si depende de ti, no vas a volver a vivir, por lo menos no con los mismos ingredientes. Colócalo bien en tu cabeza, para que cuando sean recuerdos no los pongas en una estantería más alta de la que merecen.

Los finales nos ponen tristes, y asociar final con nostalgia no es del todo exacto. De hecho muchas veces es lo mejor que nos puede pasar, siempre lo es de hecho,  lo que pasa es que  no lo sabemos hasta después, hasta que no pasa un tiempo.

No conozco un final que no se convierta en un inicio excepto si tú no estás preparado para terminarlo,  y te resistes a que “eso” te haya pasado a ti. Es como detener el ciclo de la vida, como frenar la primavera.

Ahí estás tú diciéndote que jamás olvidarás lo que has sentido, que jamás volverás a querer como lo hiciste, no olvidarás que se fuera, que te dejara, que se terminara, que te engañara, que no fuera como tú habías imaginado… que nunca lo aceptarás.

En realidad lo que estás diciendo entre líneas es que nunca te perdonarás no haberlo visto antes, no haberte dado cuenta, haber dado tanto, sentirte como te sientes ahora.

Cuanto más te resistas a aceptar que ha pasado, más tiempo estarás ahí haciendo contorsiones, doblegándote, haciéndote pequeñito. Porque si pretendes llenar algo que no está vacío se derramará, pensarás que nunca vas a poder llenar eso que quieras llenar. Te equivocas de dirección.

Tienes que vaciar. Vaciar para poder llenar. Terminar para poder empezar.

La vida tiene su propio ritmo y la muerte lo tiene más si cabe. Es exacta, precisa, te dice cuando ya no hay,  y tú que no quieres ver, miras hacia otro lado, agachas la cabeza y piensas: pasará, pasará de largo, pero no… no se va.

Te resistes a olvidar. Te empeñas en revivir escenas que pasaron.  ¿Tonto? No. Es sólo que duele que tu historia no sea como habías pensado.

Quizás el problema es que tenemos poca imaginación. No somos capaces de imaginar más de lo que diseñamos un día. Incapaces de seguir soñando en algo más maravilloso de lo que fue. Esclavos no sólo de nuestra palabra sino de pensamiento. Esclavos. Pequeños.

Termina lo vivido,  ponlo en el sitio que le corresponde ahora,  porque si no lo haces, si sigues viviendo del pasado, del tiempo que fue,  vives tiempo pero no vives vida.

Si consideras que lo vivido no merece un final y te resistes a aceptar,  tendrás que recorrer un camino en el que los aprendizajes duelen más. Y es que cuando a uno le dejan, sea en el trabajo o en el amor, la sensación de no haber sido suficiente siempre viene a nuestra cabeza.

¿Por qué otra razón puede alguien dejarnos? No somos suficientemente buenos, jóvenes, listos, bellos…  Tú razón por la que eres dejado siempre será aquello en lo que te veas menos favorecido. Ése será tu talón de Aquiles, eso es lo que debes trabajar.

¿Será posible pensar en grande? ¿Pensar en ti como alguien realmente bueno?

Reflexiona sobre lo que piensas de ti. Quién crees que eres y quién quieres ser. Pasa tiempo a solas contigo, porque es la única manera para que te conozcas de verdad, con tus ojos. Criterio propio e intransferible. Nadie va a tener nunca tu posición para juzgarte.

Aprende a diferenciar tu opinión de las de los demás, y luego aprende a saber quién eres tú y que tú gestionas tus pensamientos, no al revés. Elige pensamientos de calidad todo el rato. Grandes. Libres.

Agradece lo aprendido de esta historia, especialmente de ti, y perdónate, pero de verdad, de llorera. De lo que pudiste hacer cuando pudiste, cuanto supiste. Si no lo haces, no podrás seguir jugando.

Insert coin.

 

 

Septiembre es Enero

Ya está otra vez aquí el momento en el que nos proponemos introducir cambios, en nuestro cuerpo, en nuestra mente… en nuestra vida.  El momento de proponernos nuevas metas, nuevos objetivos.

Hazte un favor.  Sé sincero, ¿desde hace cuanto tiempo que deseas eso que sea que deseas?  y pregúntate, ¿cuál es la razón por la que no lo tienes?

Si hay obligación o deber… ya sabes que no durará mucho. Quizás empieces con muchas ganas pero poco a poco ese sentimiento motivador se desvanece como por arte de magia. ¿Qué ha pasado? ¿No ha sido suficiente la disciplina? Si en agosto estabas totalmente convencido.

Presta atención dónde almacenabas ese deseo y desde dónde lo quieres poner en práctica.

Si tienes el deseo interior pero “eso” no se materializa es que quizás y digo, sólo quizás, algo de esa persona “nueva” no te guste del todo. Sí, ya sé que ahora estás diciendo: ¡Si me gusta todo!! A lo mejor no. Permítete por un momento fijarte qué persona a tu juicio reúne esas circunstancias que deseas y observa si te gusta. Y si no te gusta, qué cambiarías tú. Ya sabes, creencias o prejuicios que tenemos y que ni siquiera nos damos cuenta.

Algunas  personas que no tienen dinero, no lo saben, pero tienen cierta aversión a la gente con dinero. Desean el dinero, pero es algo así como: están podridos de dinero, son unos prepotentes, malgastan su dinero. Otras que no tienen amor en su vida, minimizan o ridiculizan qué es el amor: la gente se vuelve idiota, están enajenados transitoriamente, sólo te hace sufrir, pierden su voluntad y su personalidad… Y así podría ir punto por punto con casi cualquier deseo que queremos y que no tenemos.

Pues bien, tienes la oportunidad para ser eso que quieres ser, y hacerlo a tu manera, cambiar lo que ves en los otros que no te gusta  Nadie es igual, nadie lo hará como tú.

Además, nadie es tonto, mala persona o lo que quiera que pienses por tener dinero; eso ya venía de pobre. Nadie pierde su personalidad por tener pareja;  antes de soltero ya no la tenía. Nadie se vuelve prepotente por alcanzar un nuevo puesto laboral;  ya lo era con anterioridad, lo que pasa es que no se notaba tanto.

Observa cómo te hablas, qué te dices sobre ese asunto que lleva en el armario un tiempo. Y sobre todo… ¿para qué lo quieres? ¿en qué persona te convertirá ese objetivo? Y lo más importante: ¿estás preparado para ser ese tipo de persona?

Pon tu atención en los valores que tienes ahora. ¿Cuáles son? ¿Son los mismos que hace un año? ¿Qué ha cambiado?  Y chequea si les eres fiel o todo lo contrario. Cuánta sinceridad hay en tu día a día, cuánta lealtad, cuánto humor o cuanta compasión. Cualquiera que creas que sean tus valores, escribelos, te ayudará a verlos más claros.

Cierra los ojos e imagínate teniendo ese objetivo conseguido. ¿Qué ves? ¿Cómo te ves? ¿Qué dices? ¿Qué haces? ¿Con qué tipo de personas te relacionas? Y percibe qué sientes.

Pregúntate: ¿Qué tengo que aprender para ser esa persona? ¿Qué no sé que sería bueno que supiera? Quizás no obtengas respuesta inmediata, pero probablemente en algún momento la recibirás como un fogonazo. Ese será el punto de partida.

Ya está aquí otra vez septiembre que es más enero que cualquier otro mes. El periodo de tiempo que el calendario nos permite empezar de nuevo, y no de cero como dice la canción de Dani Martín; nunca empezamos de cero. Vamos sumando consciencia a todas esas veces que hemos intentado cambiar o conseguir algo, y es que hoy más que nunca las segundas oportunidades siempre son buenas.

Si estoy en lo cierto, mañana es 1 de enero y el atardecer no ha sido igual.

Bienvenidos a tu nueva oportunidad de SER.

 

 

El faro

Bueno, ya han llegado, los días más deseados de nuestra vida: las vacaciones.

Nos pasamos el resto del año suspirando por esos días. Si somos afortunados un mes, si somos afortunados quince días y si somos afortunados una semana.

Todo nos parece bien y todo nos parece poco. ¿Cómo puede ser?

En esos días nos cuestionamos un montón de cosas de nuestra vida, especialmente del trabajo.

Es esa parcela de nuestra vida que nos ocupa más tiempo y más preocupaciones de las que a veces nos gustaría.

¿Te gusta tu trabajo?

¿Te gusta la gente que hay en trabajos como el tuyo o similares? No os podéis hacer a la idea la de pistas que da esta respuesta…

¿Qué tipo de personas son? 

¿Qué es lo importante de tu trabajo?  ¿Te hace feliz?

¿Estás satisfecho con lo que ganas?

Dicen que no es el mejor momento para reflexionar sobre estas cosas, que no tenemos suficiente perspectiva, pero no estoy de acuerdo, tenemos la mejor perspectiva que podamos tener durante el año,  estamos lejos de nuestra vida.

Y para ver bien, uno tiene que alejarse un poco, porque cuando volvamos, volveremos al centro del huracán, y allí, allí sí que no hay perspectiva. Volveremos a la rutina, nos acostumbraremos a lo que tenemos y se nos pasará otro año de vida.

Si has contestado no a alguna de las preguntas anteriores,  aprovecha estos días para pensar qué podrías hacer. Qué opciones tendrías si no trabajas donde trabajas y si no vives como vives.

¿Qué te gustaría hacer?

Si no dependiera de dinero… ¿en qué trabajarías?  ¿Lo harías gratis?

No digo que lo hagas, pero te aseguro que si ese trabajo te gustase tanto para hacerlo por puro placer, imagínate si además te lo pagasen… A eso se llama vocación.

Piensa qué se te da bien hacer, piensa qué te dicen los demás que haces bien y no te cuestiones todavía si es una fantasía o no. Simplemente juega a decir con qué sueñas. Ya veremos más adelante cómo bajarlo a la tierra, lo que te puedo asegurar es que ya has encendido el faro para ver mejor, y eso te ayuda a ver mejor, a darte cuenta de las cosas.

Puede que sea un faro pequeñito, pero alumbra. Ya veremos luego si nos gusta lo que vemos o no. Concéntrate en ver qué te enseña ese faro.

El coaching ayuda a crear un plan de acción para hacer de los sueños realidades. Y ya sabéis lo que dicen: la realidad supera mil veces los sueños.

Si en septiembre queréis cambiar algo de vuestra vida, silbadme!

Feliz verano. Felices vacaciones.

¡Nos vemos a la vuelta!

 

iniciando ruta

¿Sabes cómo piensa la persona que te gustaría ser? ¿Sabes cómo es? ¿Te preguntas qué cosas tendrías que cambiar para llegar a ser esa persona? ¿Cómo anda? ¿Anda como tú? ¿Mira como tú? ¿Dice no como tú?

Si en el pasado post os hablaba de diferentes puntos en los que debemos fijarnos para chequear cuán felices somos, en este os hablo de cuáles pueden ser los motivos por los que aún deseándolo no somos capaces de modificar algunas áreas de nuestra vida.

La primera y sin pensar mucho es la inercia. Sí, ya sabéis: “yo soy como soy y esto es lo que hay”. Qué cambien los demás. ¡Error!

Ponemos mucho énfasis en que cambie este o el otro; que nuestro jefe sea más justo (en el mejor de los casos, nos conformamos con que sea profesional) que nuestra pareja sea más detallista o que nuestra familia sea más compresiva, pero ¿y tú? Exactamente para gustarte ¿Qué cosas sería bueno que cambiaras?

Ya os adelanto que los demás no cambian por mucho que se lo pidamos de buenos o malos modos. En algún caso, camuflarán las cosas para que nos callemos y disimulen ser como son para que les dejemos ser lo que son, pero cambiar cambiar… difícil. Luego viene esto de: “ él / ella nunca ha sido así”. Yo os digo que: o sí, de hecho siempre fue así.

He tenido una chica que vino a la consulta para que le enseñara cómo se debe aprender a tener una buena autoestima y luego enseñársela a su novio. Ella estaba convencida de que a su novio le hacía falta, pero claro, él no debía ni de enterarse, porque él no era mucho de estos “rollos”.

Aparte de causarme mucha ternura y sorprenderme cómo nos hacemos cargo de la vida de los demás, en vez de la nuestra propia, que por otro lado es la única vida que podemos modificar, me alucinaba lo abnegada que ella iba a ser en “beneficio” de su pareja.

No es que no crea que él o cualquier persona no vaya a ser más feliz y más completa con una buena autoestima, pero… de ahí a facilitársela por obligación, uff!!

Sobra decir que no hubo coaching. 

Uno mismo sabe cuándo ha llegado ese momento en el que sí o sí, se va a dedicar a cambiar cosas que no le agradan de uno mismo. Y cuando llegamos a ese punto, es justo cuando estamos preparados para el cambio. Para dar un salto en nuestra evolución.

Nos cuestionamos lo que pensamos y desde hace cuánto que lo pensamos, y si seguimos pensando lo mismo. Nos preguntamos que si no pienso esto y ahora quiero pensar otra, qué beneficios me traería y sobre todo nos preguntamos por dónde empezar.

Es difícil empezar uno solo cuando no se tienen las herramientas; pero una vez aprendidas es muchísimo más fácil saber gestionarse en presente y en futuro.

Después de haber hecho un coaching, tu nivel de conocimiento sobre ti mismo es tan grande, que sabes qué cosas te hacen fuerte y cuáles te hacen débil. Es justo ese conocimiento el que más fuerza te da: saber cuáles son tus debilidades.

Estoy segura de que tienes una o varias excusas para actuar como actúas, no es cuestión de justificarse, pero lo que sí es cuestión es de verle la cara a las debilidades que todos tenemos. Por donde se nos va la energía. Dónde están nuestras fisuras.

Puedes seguir camuflándolas, o salir del paso haciendo equilibrios, pero os aseguro que es mucho mejor conocer al “enemigo” y aprender de él que seguir haciéndoos los locos.

Puede que hasta ahora, esta teoría la sepáis muchos, pero… ¿cómo se cambia?

Tengo una amiga a la que adoro que siempre siempre me dice que ella nunca va a cambiar. Y tiene razón. Está tan identificada con sus pensamientos, con su ego y con lo que ella se reconoce de sí misma en el pasado, que no admite variación alguna. Se identifica más con lo que fue que con lo que quiere llegar a ser.

Ella lo intenta a su manera pero siempre recae en lo mismo. Lejos de hartarse de su mecánica, esto le da más fuerzas para autoafirmarse en que nadie cambia. Además, si ella no fuera “eso”, ¿Quién sería? Esta pregunta a veces da mucho vértigo.

Siento deciros que ante esto yo no puedo hacer mucho. Lo segundo que se necesita es pensar que quizás se pueda cambiar, que a lo mejor un pequeño cambio se produce y eso te lleva a otra cosa y otra y otra… luego vendrá el creer en ello.

Dentro de las sesiones de coaching los cambios suceden de una manera mucho más fácil que cómo las pensamos en nuestra cabeza. El inconsciente comienza a tomar protagonismo y os sorprendería saber todas las cosas que guardamos en esa parte de nuestra cabecita.

En un post no puedo reflejar cómo sería la evolución de cada uno, porque cada persona crea sus propias circunstancias y su propio coaching, lo que sí os puedo decir es cuáles suelen ser las razones principales por las que no hacemos los cambios aunque los deseemos:

– Por nuestro pasado. Nos sentimos identificados con lo que fuimos no con lo que seremos.

– Por la gente que nos rodea. Thomas J. Leonard (gran coach) decía que nos volvemos con el tiempo como las cinco personas con las que más tiempo pasas. (da un poco de miedo, no?)

– Por lo que nos motiva el cambio y sus beneficios.

– Por lo que nos inspira.
¿Te has preguntado alguna vez si te alimentas de pasión o de rutina?

– Por nuestra educación. Normalmente nuestro entorno hace el 50% de lo que seremos.

– Por las ideas que dominan nuestros pensamientos. (ahí entro yo!)

– Por tus valores, tus fortalezas y tus debilidades.

– Por lo grande de tu imaginación. Si te permites o no soñar.

– Por nuestras habilidades innatas.

– Por tu autoestima ¡cómo no!

– Porque estamos intentando compensar algo. Conoce el qué y podrás cambiarlo.

En coaching no se trata de dar saltos mortales. Lo tercero que se necesita es pasar a la acción. En coaching nos vamos poniendo casi siempre colchones para que no resbalemos y nos rompamos un hueso.

Hay que verificar bien si ese es tu objetivo y saber que ese es el camino y el momento porque podemos poner toda nuestra energía en lo que “debo” y no en lo que “soy”. Lo sabréis muy bien aquellos que hayáis conseguido algo que supuestamente os iba a hacer muy feliz y cuando lo conseguisteis os estaba esperando una insatisfacción grande en vez de la felicidad.

Quería poneros en papel todas esas cosas que nos da pereza plasmar a cada uno de nosotros para que si después de leer este post algo os pita por dentro, pues… ¡Felicidades! Hora del cambio.

Para que no os quedéis enganchados en los porque no puedo, os voy a dar también algunas razones poderosas para atraer lo que puedo y quiero.

– Muéstrate orgulloso de tus talentos naturales.
– Da el doble de lo que prometes.
– Rodéate de gente que te guste.
– Elimina el postergar las cosas para mañana
– No toleres nada, cuando lo haces tragas algo que no has digerido bien y claro, te atragantas.
– Sé sincero contigo y con los demás.
– Sé sensible con tu entorno. (Esto me da para un futuro post sobre los veganos y su evolución mental.)
– Mejora la decoración de tu casa. No es cuestión de dinero, sino de detalles pequeñitos.
– Sé más asertivo de lo que normalmente eres.
– Acepta y aprueba tus mayores debilidades pero nunca te resignes.
– Admira lo que has conseguido hasta ahora. Ni la mitad de lo que conseguirás.

El deseo es una energía muy potente. Ella hará que paséis a la acción.

Buen camino y buen coaching.

tic-tac tic-tac

Me vais a perdonar el protagonismo pero… es 18 de junio, mi cumple!!

Tengo la sensación de que los días pasan rapidísimo, sin darme cuenta pero al mismo tiempo ha sido un año lento, denso… de muchas cosas, algunas esperadas y otras de sorpresa total. ¿Cómo puedo tener esa percepción tan distorsionada? ¿Rápido y lento a la vez?

Pues parece que esto no sólo es una impresión mía.

Un científico alemán ha llegado a la conclusión de que la Tierra rota más deprisa que antes y ahora los días tienen 16 horas en vez de 24 horas. Este estudio es conocido como “Resonancia Schumann” y explica por qué la tierra gira más rápido basándose en una explicación de metafísica cuántica y astrofísica. Vaya!!

Parece que el tiempo lo medimos cada uno como queremos o como quiere él, no lo tengo claro.

¿Qué la época es mala y parece que un día es una eternidad? Pues ahí está el tiempo haciéndose el remolón, agónico. ¿Qué estás en época activa? Pues ahí está el tiempo colaborando a que las cosas se te escapen de las manos, sin darte tiempo a pensar.

Hace seis meses que hicisteis vuestros deseos de Reyes, ¿os acordáis? Han pasado seis meses y unos cuantos posts desde entonces.

Propongo que le deis un vistazo para ver si seguís de acuerdo con vuestra lista de deseos. A lo mejor os han cambiado las prioridades o han cambiado las circunstancias, sea como sea, dadle un vistazo.

Si siguen siendo las mismas, preguntaros: ¿Cómo voy en este objetivo? Es una manera de refrescar metas y ver si queréis seguir en esa línea de pensamiento. Si no son las mismas o algún deseo ha cambiado, borradlo y pensar qué es importante para vosotros a día de hoy o en un futuro.

Si hay que redirigir la ruta se hace. Intenta no apegarte a las cosas y menos a la imagen que tienes de ti mismo. Ya te adelanto que ese tú no eres tú, pero bueno, esto es otro post.

Es normal que las cosas cambien, señal de que estás vivo. Ya sabéis eso de: nada permanece, todo se transforma.

En coaching se cambia y se cambia mucho. Se cambia de pensamientos, se cambian los deseos y por supuesto se cambian algunos hábitos. Esto último es lo que hace que seamos un nuevo yo, el mismo pero transformado.

“La vida es una creación, no un descubrimiento. No vivimos cada día para descubrir lo que nos tiene reservado, sino para crearlo” Neale Donald Walsch, Conversaciones con Dios

Normalmente llegáis pidiendo unos objetivos pero en la medida que se desarrollan las primeras sesiones, en la medida que el tiempo pasa… las cosas van cambiando. Especialmente cuando aprendéis un par de cosas: gestionar vuestras emociones y autoestima.

Muchas veces hacemos un coaching para solucionar problemas con los demás, o problemas nuestros que afectan a terceros, es normal, yo parto de la base que estamos todos conectados, pero de ahí a que tus problemas sean los míos hay una gran diferencia, y cuando descubrís esto, vuestros objetivos suelen cambiar.

El coaching es mágico, llega a cada una de las partes de nuestra vida, incluso aunque no fuera nuestra intención, todo se mueve.

En el entrenamiento utilizo diferentes herramientas para ayudar a conseguir los objetivos de los clientes y una que a veces uso es un ejercicio de PNL (Programación Neurolingüística) es un ejercicio para visualizaros dentro de veinte años. ¿Lo habéis hecho alguna vez?

Cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. (Esto parece de manual pero la gente cierra los ojos y sus pupilas parecen pelotas de ping-pong, hay que intentar dejar descansar a nuestra ocupada mente un poco)

Yo le suelo poner colores a mi respiración, me es más fácil seguirle la pista.

Imagínate dentro de veinte años, ¿Cómo te ves físicamente? ¿Muy distinto? ¿Te ves sólo o acompañado? No lo pienses mucho, no quiero que te pongas racional y puntilloso, deja volar tu cabeza.
¿Dónde vives? ¿Ciudad? ¿Campo? ¿Hay niños? ¿Perros? ¿Sois felices?

Si tienes problemas para visualizarte dentro de veinte años, baja el tiempo a diez años.

¿Qué tal? ¿Mejor? ¿Y si digo que penséis en cinco años? La cosa asusta un poco, no? Cinco años está a la vuelta de la esquina.

Es un ejercicio buenísimo para ver si estamos en el camino adecuado, para ver si estamos estancados o para conseguir esas cosas que se suponen que nos van a hacer muy feliz, como esas cosas que escribimos en nuestra lista de Reyes.

Mantener una imagen de nosotros en futuro no es fácil. A lo mejor nos sorprendemos visualizando algo que hemos estado renegando toda la vida. ¿Yo?? ¿Con niños?? ¿En el campo?? Pero si me da alergia hasta la primavera en Madrid!

No te juzgues, déjate ser. Si ves que pones resistencia, hazte esta pregunta:

¿Estás donde quieres estar?

Fijaros bien que hablo en presente y no en futuro, porque la verdad, no me interesa la idea que teníais de vosotros mismos en el pasado, sino la del fantasma de la navidad del futuro. 

Otra pregunta:

¿A qué tendrías que renunciar para que tus deseos se cumplan?

Estamos acostumbrados a definirnos según las experiencias que hemos tenido en pasado y del presente pero no sabemos cómo seremos en el futuro, por lo menos no del todo. Otra vez la importancia del tiempo…. Por eso es tan importante tener objetivos, porque si no somos como un barquito en el mar.

El mar nos arrastra y no nos damos ni cuenta.

Por no decir, que además, ceder el poder de dirigir nuestra vida a otro significa de todas todas que no confiamos en que nosotros lo hagamos bien, y por eso nos hacemos los locos y le cedemos el poder a otra persona, y eso… son malas noticias.

No es fácil, uno se apega a los demás y también a sí mismo; pero si a mí me da pena que me corten más de dos centímetros las puntas del pelo!!! Ufff!

Empieza a relacionarte contigo como si fueras tu mejor amigo. Empieza a pensar en ti como lo que te gustaría ser. Cuando empieces a verte cómo quieres ser y no como fuiste, todo tu universo cambiará. Dejarás de definirte en pasado y empezarás a hacer cosas que nunca pensaste que pudieras. Es como abrir las puertas.

Considera sólo por un momento que si te preguntara ¿Quién eres? Me respondieras sólo con la persona que quieres ser en un futuro próximo. ¿Qué cosas tienes que cambiar para ser esa persona?

Tres pistas para que tus cambios se concreten:

1. Crear, pensar, imaginar.
Todo pensamiento precede a la creación. Aunque sea por milésimas de segundos.

2. Verbalizarlo.
Las palabras son muy importantes para nosotros. Cuantas veces los actos de una persona nos demuestran lo contrario de sus palabras pero seguimos insistiendo en: me dijo que haría esto o me dijo que haría lo otro, me dijo, me dijo…

3. Acción.
El coaching sin acción no es coaching. Cuando uno crea, piensa y verbaliza, no hay quien le frene en el cambio a realizar.

Me gusta pensar que vivimos con vidas paralelas, como si fuera Matrix. Tenemos la autopista del pasado, del presente y del futuro y podemos ir de un tiempo a otro según vamos resolviendo nuestros sudokus particulares, que una vez resueltos nos hacen pegar un salto cuántico y evolucionamos.

Sea como fuere, el tiempo es de las pocas cosas que el hombre no puede manipular así que disfrutemos el tiempo dure lo que dure.

Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre?
Conejo: A veces, sólo un segundo.

“Alicia en el País de las Maravillas”