Game over

Termina 2017.

Lo que pudimos hacer ya no es, y nosotros que vamos con la prisa de los escaparates, ya estamos pensando en lo que viviremos  el próximo año. Nuevos objetivos, nuevos trabajos,  nuevos amores…

Tómate antes un tiempo para pensar lo que quieres dejar atrás, lo que si depende de ti, no vas a volver a vivir, por lo menos no con los mismos ingredientes. Colócalo bien en tu cabeza, para que cuando sean recuerdos no los pongas en una estantería más alta de la que merecen.

Los finales nos ponen tristes, y asociar final con nostalgia no es del todo exacto. De hecho muchas veces es lo mejor que nos puede pasar, siempre lo es de hecho,  lo que pasa es que  no lo sabemos hasta después, hasta que no pasa un tiempo.

No conozco un final que no se convierta en un inicio excepto si tú no estás preparado para terminarlo,  y te resistes a que “eso” te haya pasado a ti. Es como detener el ciclo de la vida, como frenar la primavera.

Ahí estás tú diciéndote que jamás olvidarás lo que has sentido, que jamás volverás a querer como lo hiciste, no olvidarás que se fuera, que te dejara, que se terminara, que te engañara, que no fuera como tú habías imaginado… que nunca lo aceptarás.

En realidad lo que estás diciendo entre líneas es que nunca te perdonarás no haberlo visto antes, no haberte dado cuenta, haber dado tanto, sentirte como te sientes ahora.

Cuanto más te resistas a aceptar que ha pasado, más tiempo estarás ahí haciendo contorsiones, doblegándote, haciéndote pequeñito. Porque si pretendes llenar algo que no está vacío se derramará, pensarás que nunca vas a poder llenar eso que quieras llenar. Te equivocas de dirección.

Tienes que vaciar. Vaciar para poder llenar. Terminar para poder empezar.

La vida tiene su propio ritmo y la muerte lo tiene más si cabe. Es exacta, precisa, te dice cuando ya no hay,  y tú que no quieres ver, miras hacia otro lado, agachas la cabeza y piensas: pasará, pasará de largo, pero no… no se va.

Te resistes a olvidar. Te empeñas en revivir escenas que pasaron.  ¿Tonto? No. Es sólo que duele que tu historia no sea como habías pensado.

Quizás el problema es que tenemos poca imaginación. No somos capaces de imaginar más de lo que diseñamos un día. Incapaces de seguir soñando en algo más maravilloso de lo que fue. Esclavos no sólo de nuestra palabra sino de pensamiento. Esclavos. Pequeños.

Termina lo vivido,  ponlo en el sitio que le corresponde ahora,  porque si no lo haces, si sigues viviendo del pasado, del tiempo que fue,  vives tiempo pero no vives vida.

Si consideras que lo vivido no merece un final y te resistes a aceptar,  tendrás que recorrer un camino en el que los aprendizajes duelen más. Y es que cuando a uno le dejan, sea en el trabajo o en el amor, la sensación de no haber sido suficiente siempre viene a nuestra cabeza.

¿Por qué otra razón puede alguien dejarnos? No somos suficientemente buenos, jóvenes, listos, bellos…  Tú razón por la que eres dejado siempre será aquello en lo que te veas menos favorecido. Ése será tu talón de Aquiles, eso es lo que debes trabajar.

¿Será posible pensar en grande? ¿Pensar en ti como alguien realmente bueno?

Reflexiona sobre lo que piensas de ti. Quién crees que eres y quién quieres ser. Pasa tiempo a solas contigo, porque es la única manera para que te conozcas de verdad, con tus ojos. Criterio propio e intransferible. Nadie va a tener nunca tu posición para juzgarte.

Aprende a diferenciar tu opinión de las de los demás, y luego aprende a saber quién eres tú y que tú gestionas tus pensamientos, no al revés. Elige pensamientos de calidad todo el rato. Grandes. Libres.

Agradece lo aprendido de esta historia, especialmente de ti, y perdónate, pero de verdad, de llorera. De lo que pudiste hacer cuando pudiste, cuanto supiste. Si no lo haces, no podrás seguir jugando.

Insert coin.

 

 

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Septiembre es Enero

Ya está otra vez aquí el momento en el que nos proponemos introducir cambios, en nuestro cuerpo, en nuestra mente… en nuestra vida.  El momento de proponernos nuevas metas, nuevos objetivos.

Hazte un favor.  Sé sincero, ¿desde hace cuanto tiempo que deseas eso que sea que deseas?  y pregúntate, ¿cuál es la razón por la que no lo tienes?

Si hay obligación o deber… ya sabes que no durará mucho. Quizás empieces con muchas ganas pero poco a poco ese sentimiento motivador se desvanece como por arte de magia. ¿Qué ha pasado? ¿No ha sido suficiente la disciplina? Si en agosto estabas totalmente convencido.

Presta atención dónde almacenabas ese deseo y desde dónde lo quieres poner en práctica.

Si tienes el deseo interior pero “eso” no se materializa es que quizás y digo, sólo quizás, algo de esa persona “nueva” no te guste del todo. Sí, ya sé que ahora estás diciendo: ¡Si me gusta todo!! A lo mejor no. Permítete por un momento fijarte qué persona a tu juicio reúne esas circunstancias que deseas y observa si te gusta. Y si no te gusta, qué cambiarías tú. Ya sabes, creencias o prejuicios que tenemos y que ni siquiera nos damos cuenta.

Algunas  personas que no tienen dinero, no lo saben, pero tienen cierta aversión a la gente con dinero. Desean el dinero, pero es algo así como: están podridos de dinero, son unos prepotentes, malgastan su dinero. Otras que no tienen amor en su vida, minimizan o ridiculizan qué es el amor: la gente se vuelve idiota, están enajenados transitoriamente, sólo te hace sufrir, pierden su voluntad y su personalidad… Y así podría ir punto por punto con casi cualquier deseo que queremos y que no tenemos.

Pues bien, tienes la oportunidad para ser eso que quieres ser, y hacerlo a tu manera, cambiar lo que ves en los otros que no te gusta  Nadie es igual, nadie lo hará como tú.

Además, nadie es tonto, mala persona o lo que quiera que pienses por tener dinero; eso ya venía de pobre. Nadie pierde su personalidad por tener pareja;  antes de soltero ya no la tenía. Nadie se vuelve prepotente por alcanzar un nuevo puesto laboral;  ya lo era con anterioridad, lo que pasa es que no se notaba tanto.

Observa cómo te hablas, qué te dices sobre ese asunto que lleva en el armario un tiempo. Y sobre todo… ¿para qué lo quieres? ¿en qué persona te convertirá ese objetivo? Y lo más importante: ¿estás preparado para ser ese tipo de persona?

Pon tu atención en los valores que tienes ahora. ¿Cuáles son? ¿Son los mismos que hace un año? ¿Qué ha cambiado?  Y chequea si les eres fiel o todo lo contrario. Cuánta sinceridad hay en tu día a día, cuánta lealtad, cuánto humor o cuanta compasión. Cualquiera que creas que sean tus valores, escribelos, te ayudará a verlos más claros.

Cierra los ojos e imagínate teniendo ese objetivo conseguido. ¿Qué ves? ¿Cómo te ves? ¿Qué dices? ¿Qué haces? ¿Con qué tipo de personas te relacionas? Y percibe qué sientes.

Pregúntate: ¿Qué tengo que aprender para ser esa persona? ¿Qué no sé que sería bueno que supiera? Quizás no obtengas respuesta inmediata, pero probablemente en algún momento la recibirás como un fogonazo. Ese será el punto de partida.

Ya está aquí otra vez septiembre que es más enero que cualquier otro mes. El periodo de tiempo que el calendario nos permite empezar de nuevo, y no de cero como dice la canción de Dani Martín; nunca empezamos de cero. Vamos sumando consciencia a todas esas veces que hemos intentado cambiar o conseguir algo, y es que hoy más que nunca las segundas oportunidades siempre son buenas.

Si estoy en lo cierto, mañana es 1 de enero y el atardecer no ha sido igual.

Bienvenidos a tu nueva oportunidad de SER.

 

 

Motivos personales

Casi todos hemos estado alguna vez en empresas en las que el sueldo no estaba mal y teníamos asegurado el puesto, y aun así lo dejamos.

¿Por qué te vas?

Esa es la pregunta que desde la más absoluta perplejidad te hacen.

Y la respuesta es que si no es desde la más absoluta necesidad económica, nadie trabaja sólo por dinero.

En cuanto esa necesidad básica de dinero está cubierta, como en una pirámide de Maslow florecemos cual margaritas, ya no estamos dispuestos a todo por casi nada.

Y es que desde el super-vivir las vistas son bien distintas.

Empiezas a preguntarte si te gusta el trabajo que desempeñas. Te preguntas si te gustan tus compañeros. Te preguntas si el horario es el adecuado. Si la distancia que caminas todos los días al salir de tu casa hacia ese trabajo te parece bien, mal o regular.

Lo cuestionas todo.

Y es que, queridas empresas, las personas hemos emprendido un camino de no retorno.

He movido ficha en el tablero y el juego ya no será el mismo.

Claro que quiero y necesito el dinero, pero lo buscaré tarde o temprano en otra empresa.

Y sin embargo, ahí están los jefes,  consultando con su equipo de recursos sin recursos para preguntarse: ¿Por qué se va?

Las verdaderas causas de fondo se encuentran normalmente tan en la superficie que pasan totalmente desapercibidas.

Si dejaran de vernos como recursos, quizás vieran a las personas. (La frase no es mía)

  • Falta de reconocimiento.
  • Un pobre liderazgo.
  • Falta de confianza.
  • Una promoción limitada o inexistente.
  • Poca flexibilidad horaria.
  • Tareas repetitivas.
  • Cultura de la empresa

Curiosamente, todas estas razones a los jefes no les parecen demasiado importantes y a los jefes de los jefes tampoco, y si alguien osa irse del redil, se dicen entre ellos que te vas porque tienes una oferta económica mejor. Y obviamente, esto es importante pero no lo es todo, demasiado simplista.

Además, si un empleado se fuera sólo por dinero es que como directivo que eres, estás haciendo fatal tu trabajo para que un empleado no se sienta comprometido con la empresa, ni con su puesto,  y claro, tampoco vas a reconocer que tienes cero liderazgo, ¿no?

Así nos vemos metidos en un bucle del que si nadie se quiere poner rojo una vez, toda la empresa se pone amarilla varias veces al año.

¿Cómo solucionarlo?  (Mira que si doy la solución en un post…)

1º  Claro que es personal, siempre lo es.

Las empresas y sus empleados tienen una relación personal dentro de un entorno profesional. Cuanto antes lo aceptemos mejor para todos.

2º No dar faltas expectativas.

Si el empleado nunca va a poder aspirar a rotación interna, subida salarial, tele-trabajo, etc.,  porque la empresa no lo contempla, no le digas que sí en una primera entrevista para captarle. Se encontrará engañado y antes de irse creará un ambiente muy tenso en el mejor de los casos.

3º Concretar y especificar.

Sed concretos con lo que se espera del empleado y lo que la empresa puede dar a cambio. Puede que le asustes y ese candidato rechace la oferta, pero esto como en las relaciones, cuanto antes ocurra menos daño hará, además, te dará la oportunidad para encontrar al candidato compatible.

4º Saber su verdadera pasión.

Si dejas hablar a la gente de sus pasiones, aquellas cosas que harían gratis, te darán pistan de dónde querrán estar en unos años y tú, como director tendrás que saber si esa pasión potencia el puesto que le quieres ofrecer o por el contrario lo obstaculiza y en un par de años te dirá adiós.

5º Equilibrio.

Si un trabajador sufre problemas para poder compatibilizar ese puesto de trabajo con su vida personal, tienes un problema. Nadie, nadie, puede vivir sin vida personal durante mucho tiempo. Así que pregúntale qué se puede hacer para reestructurar su puesto de trabajo. Él mejor que tú sabrá lo que sería bueno hacer.

6º Confianza en el superior.

Si dices que vas a hacer algo, cumple tu promesa. Si la confianza se pierde no hay nada. Esto lo escuchamos tanto que ya ni lo oímos pero sigue siendo lo más válido para cualquier tipo de relación.

Para concluir, todos estamos conectados como en una red invisible, nos afectamos irremediablemente, cuando queremos y cuando no queremos, pero recuerda que nadie excepto tú puede sacar lo mejor de ti, así que en la próxima entrevista de trabajo piensa si esa nueva relación que vas a comenzar buscas amistad, amantes o compañeros de vida.

Puede que te dé una pista.

 

Raquel Calonge

 

 

Pic by: Amador Toril