Sigue andando…

Hay veces que parece que todo está mal.  No entiendes nada, pareciera que todo estuviera al revés. No sabes qué pasa. No te entiendes ni tú. Sigues andando…

Los malos ganan todo el rato y a los otros (no digo los buenos) sólo parece importarnos lo que parece, las apariencias. Salvarla en las últimas.  Que parezca algo que no se es parece ser la consigna. Sigues andando…

Porque aparentar se ha convertido en el nuevo ser.  Pero no se es. Entre el ser y el estar nace parecer. Si aparentamos y lo hacemos muchas veces puede que de tanto repetirlo sea verdad, ¿no?

Como lo de aquella mentira que te has y has dicho tantas veces que ya ni tú mismo sabes a momentos discernir si fue verdad o no. Por momentos se te olvida que lo inventaste. Y qué tontería, te pillas engañándote.  ¡Qué idiota!

Lo inventaste porque no eras. No podías, no querías, no sabías ser y decidiste parecer.

Como si eso nos acercara al ser. Y ahora no sabes ni qué ni quién. Sigues andando…

Te dices que esto lo haces por ellos: familia, amigos, compañeros… lo haces por ti, por ahorrarte mirar en ti.  Ahorras tiempo.   ¿Cómo puede uno ahorrarse vivir? ¿Cómo puede uno vivir desde lo que no se es?

Aceptar que uno tiene que aparentar nos hace un flaco favor a la autoestima.

Dirás que estoy exagerando, en realidad estoy pasando de puntillas porque si me pongo estricta en el mensaje, lo que nos decimos es que nos somos válidos, y por ese camino ya te adelanto que probablemente no lo seremos nunca.

El talento se compone de varios ingredientes y uno de ellos es el de la integridad.

Uno no es talentoso porque llegue a metas infinitas, uno es talentoso entre otras cosas porque es coherente e íntegro respecto a su naturaleza. Porque es.

Es hora de parar.

A lo más que aspira es a ser lo que es. A lo que puede o no puede hacer. A lo que sabe o no sabe. A lo que decide aprender o no. Ni más ni menos.

Cuando robas el trabajo de tu compañero delante del jefe, cuando somos deshonestos con alguien que nos ha hecho un favor, y justo por eso, porque él sabe una “debilidad” llegamos a odiarle. Cuando robas una idea, cuando no pagas lo que debes, cuando haces lo contrario de lo que dices,  lo que comunicas  al mundo (es decir a ti) es que el esfuerzo no es importante para ti, la autoría tampoco, la autenticidad menos y el desconocimiento que tienes de tu potencial es infinito. Ese sí que es infinito.

Te interesas tan poco por ti como para falsear quién eres. Eso sí que hace daño.

Duele bastante cuando somos conscientes de ello, así que procuramos criticar al de enfrente: En realidad no lo hace tan bien… Si yo me pusiera…buff! No entiendo por qué tiene tantos seguidores…Bah! No es tan bueno, si triunfa es porque ha tenido suerte….

Dicen que las redes sociales se miente mucho… sí, tú el primero, gente como tú y como yo, porque se miente igual, porque no hay vida real y vida ficticia, no. Todo es real.

En realidad es el único sitio en el que somos exactamente cómo somos en la realidad creyendo que somos mentira.  Paradoja, ¿no?

Mostrar lo que somos sin más es lo más arriesgado del mundo. Tenemos una voz interior que no dice que no somos suficiente. No te juzgues. No sirve para ser mejor.

Háblate con cariño. Ahora sí que estás quieto y consciente.

Si quieres  saber de qué estas hecho, puede que un proceso de coaching te conecte con tu talento, con eso que tienes dentro y que nadie más tiene. Es la manera más rápida de quererse uno.  ¿Qué puedo decir yo?

Mientras lo decides chequea cómo está tu vida:

Lista 1: Cosas que realmente te gustan de verdad, de las que te entusiasman.

Lista 2: Personas que más te aportan cosas, de las que te gustan de las de estar por estar, porque disfrutas de su sola presencia.

Lista 3: Cosas que se te da bien hacer porque sí. Porque lo sabes hacer aunque nadie te haya enseñado especialmente. Te sale solo. Es un don natural.

Junta el resultado de las tres columnas y observa si en alguna respuesta se cruzan….¡Bingo!! Es ahí donde está tu felicidad.

Ojalá que sí, porque eso que parece que es, es tu vida y a veces las cosas son lo que parecen.

Sonríe, y sigue andando…

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¿miedo yo?

Me sorprende que se crea que coaching es decir frases motivadoras tipo: ¡Yo sí puedo! ¡Todo es posible! ¡No hay miedo!

Pues siento deciros que el coaching no es eso. A veces no se puede, a veces no es posible y sí hay miedo. Muchas veces hay miedo y del grande.

La diferencia es que el coaching te ayuda a situarte en el escenario real y aprender a gestionar cosas. Si es posible que puedas o si no, te ayudará a aceptarlo y buscar otros caminos.

Y si tienes miedo, no quiere decir necesariamente que seas débil, inseguro o cobarde; te ayudará a gestionar ese miedo y a ir a la raíz del mismo, y a que a pesar del miedo sigas adelante, por ese camino o por otros.

Me gustaría dejar claro que sentir miedo es igual que sentir alegría pero del otro lado, del que no nos gusta sentir. Ser fuerte no quiere decir ausencia del miedo, sino que con él a cuestas logres integrarlo, despejarlo y a pesar de ese sentimiento seguir tu camino y aprender a vivir con él. Curiosamente, de este modo el miedo suele si no desaparecer, no interferir en tu vida de manera que no intentes las cosas.

El miedo a pesar de su mala fama es un gran aliado. Nos avisa de cuando estamos en peligro, lo que ocurre es que si no le prestamos atención y hacemos como que no lo vemos y no lo escuchamos, él por su cuenta y riesgo empieza a crecer y se hace más fuerte, impidiendo que podamos ver la realidad; porque el miedo puede ser real o irreal.

La mayor parte del tiempo sufrimos porque nos metemos miedo sobre cosas que han pasado o sobre cosas que creemos que nos pasarán, pero quizás nunca ocurran.

Mientras tanto nos hacemos pasar una y otra vez por ese estado mental que nos paraliza y nos bloquea.
Los seres humanos tenemos multitud de sentimientos pero los más potentes son el miedo por un lado y por el otro lado el amor, como si fueran los dos colores primarios. Todos los demás sentimientos son una amalgama de colores que se van fundiendo a raíz de los dos colores básicos y nos generan otros, que son como colores secundarios: ira, frustración, impotencia, alegría, bienestar, paz interior…

Como entiendo que ninguno de vosotros tiene problemas para gestionar la alegría, ni el buen humor, ni el amor, vamos a centrarnos en el miedo.

El miedo sólo es una percepción, no es real.

La teoría parece fácil, uno deja de “percibir” y se acabó el miedo, ¿no? Como sabéis no es tan fácil.

Cuando uno tiene miedo, no es agradable. Es una emoción que te coge una parte por dentro (en algunos el corazón, en otros el estómago, las cervicales, etc.) y te estruja tanto y tanto como tú le permitas.

Lo primero es atreverse a mirar ese miedo de frente. Saber qué mensaje te viene a dar. ¿Es real esa situación? ¿Qué posibilidades hay de que ocurran todos esos malos augurios que tú solito visualizas? ¿Es una certeza al 100%? ¿Sabes de alguien más que haya pasado por esa situación?

Hay dos tipos de miedo: el real y el que nosotros nos infligimos (el Juan sin miedo, todo el día probando cuánto miedo podía pasar…)

El real siempre ocurre en tiempo presente.

Imagina que vas andando por la calle y de pronto escuchas un ruido extraño a tu espalda, antes de que ni siquiera te haya dado tiempo a comprender de qué se trata, tu cerebro ya ha enviado la voz de alarma y no necesitas ni haber procesado ese miedo.

Ese botón tiene forma de almendra, se llama amígdala y está situada en nuestro sistema límbico.
amigdala

Así que podéis relajaros, todos tenemos ese botón de emergencia que nos avisa, seamos conscientes o no de ese peligro. Es como un radar, está todo el día buscando información del exterior por si hubiera algo que no encajara y ponerse a gritar como un loco. 

Está demostrado que aunque no seamos conscientes del miedo la amígdala empieza a enviar mensajes al cuerpo, como sudores en la mano o agarrotamiento en el cuerpo.

¿No os ha ocurrido nunca que os sentís raros, molestos y no sabéis por qué? A veces os ocurre en presencia de alguien o en un lugar ¿no os ha pasado ir por la noche andando a casa (a lo mejor esto más a las mujeres) y de pronto sentís un malestar y cambiáis de acera porque “algo” os dice que lo hagáis?

Y es tan efectiva, que si alguien tuviera lesiones en esa zona donde está alojada la amígdala, no procesará si alguien se le acercara con malas intenciones, o si estuviera en un precipicio, en definitiva, no le avisaría del peligro.

El otro miedo es el que aún sin haberse dado esa situación de peligro real, nos recreamos imaginando cosas (siempre en nuestra contra) haciéndonos pasar por esa situación una y otra vez.

¿Os he dicho alguna vez que la mente no distingue lo real de lo irreal? En realidad esto lo sabéis todos ya, lo que pasa que no os habéis parado a pensarlo nunca.

Siempre pongo el mismo ejemplo: tú vas al cine y si la peli es un drama, sales del cine con una congoja alucinante, y pensando qué necesidad tengo yo de pagar 10€ y pasar este mal rato. Pues eso es lo que os hacéis vosotros imaginando toda clase de desastres en vuestras vidas.

A veces esto se produce sobre todo por las noches, al irse a dormir, con la oscuridad y cuando más relajados estáis ¡bum! empieza vuestra película particular.

Esto también ocurre porque el cerebro racional se va a dormir y despierta el inconsciente, ese que es más creativo y se pone a pensar, y claro, lo hace normalmente con cosas irreales, por lo que pueda pasar; repasando una y otra vez situaciones que se podrían llegar a dar pero que en realidad están en la autopista del futuro. Es como imaginarnos cruzar un puente cuando todavía nos faltan dos o tres antes de llegar a ese.

¿Cómo luchar con este miedo?

Para empezar aceptando que es cierto que pudieran pasar todas esas cosas, pero asumiendo el control de la situación y sabiendo que si llegaran a pasar sabríamos hacerle frente, y seguramente, no sería con ninguna de las salidas que hemos previsto mentalmente con anterioridad.

En física cuántica dicen que si pudiéramos ver el futuro, el simple hecho de estar visualizando ese futuro ya cambiaría esa realidad inmediatamente. Tiene sentido, no?

En segundo lugar revisando nuestra percepción de la situación. ¿Cuál es?

Significado de percepción:
“Proceso por el cual una persona tiene conocimiento del mundo exterior a partir de las impresiones que le comunican los sentidos”

“Captación o conocimiento de una cosa por medio de las sensaciones que brindan los sentidos”

Y claro, en esos momentos nuestros sentidos no están muy acertados. Están revueltos o simplemente están bloqueados.

Esto nos lleva al tercer punto: cómo gestionar nuestros sentimientos y como gestionar nuestro ego.

Aunque el ego necesita un post como mínimo para hablar de él, os adelanto que si estáis completamente identificados con lo que os dice la voz de vuestra cabeza (ese conjunto de pensamientos involuntarios y con las emociones que éstos originan) estáis apañados, por no decir otra cosa.

Si no sabéis de la existencia del ego, pensaréis que vosotros “SOIS” lo que pensáis y no es así. Es cierto que en cada pensamiento, en cada sentimiento hay una parte de vosotros, pero vosotros sois mucho más. Creo que un profesor me dio esta definición: “los pensamientos son como una bombilla y vosotros sois la central eléctrica que le suministra energía.” No está mal, no?

Es necesario tomar distancia de esos pensamientos, escucharles, intentar ver la posibilidad de que eso ocurra y aceptarlo. El miedo siempre viene a solucionar algo que tenemos escondido en nuestro interior. Un coach te hará de espejo, te ayudará a ver otras posibilidades y tú mismo tendrás una percepción mucho más real que la que tenías antes. Te conocerás mucho mejor con lo que es mucho más fácil aceptar y asumir las cosas que no puedes o que no quieres, y sobre todo te ayudará a que dejes de jugar a meterte miedo y puedas pasar a mover ficha.

Feliz coaching!!