El buen gusto de cuestionarse

No me gusta cómo soy. Siempre hago todo mal. Todo el mundo dice que se quiere y yo ni siquiera me soporto. Quiero cambiar y ser otra persona. ¿Puedes hacerme cambiar?

Esta es la pregunta que me hizo una persona hace unos días.

Creo que en estos años nadie me ha hecho una pregunta tan directa.

Era una sesión 0.

Las sesiones 0 son a cero coste para el cliente y en ella nos conocemos. Ellos me cuentan qué les gustaría conseguir a través del proceso de coaching y yo les explico el protocolo que sigo.

De esa sesión se pueden sacar mucha información que luego para el proceso es importante.

¿Qué significa no gustarte? Le pregunté a esa persona.

Dijo: Pues no lo sé… no estar bien en tu propia piel. Paso de querer hacer esto o lo otro, para decidir luego hacer todo lo contrario. No me entiendo ni yo. Me encantaría ser otra persona.

Normalmente todos queremos conservarnos de algún modo. Efecto supervivencia. No queremos perdernos nosotros mismos en el proceso de los cambios.

Normalmente las preguntas que me hacen los clientes son más del tipo: ¿Pero no cambiaré mucho, no? ¿No dejaré de ser yo, no? Y a veces piensas: Justo, justo eso es lo que necesitas, aprender, cambiar y ser otra persona. En esencia tú, pero una versión mejorada.

Así que cuando me lo preguntó tan abiertamente, instintivamente y por defecto de profesión le hice otras preguntas: ¿Cuánto quieres cambiar? ¿Qué necesitas cambiar? ¿Cómo quieres cambiar?

Porque si quieres cambiar, cambiarás.

Dicho esto, os diré que es muy importante fijar las expectativas en un proceso de coaching. Hay que ser coherente con lo que la gente desea y con su realidad (que no la tuya ni la mía) y lo que hay en medio (a ese espacio variable le llamo coaching 😊) especialmente porque es importante no defraudar a nadie.

Pero también dicho esto, os contaré que una de las bases del coaching es:

“Todo el mundo está capacitado para resolver los problemas que le depare la vida.”

Sí, ya sé que es una afirmación muy generalista, incluso naif, pero la verdad es que con cada persona con la que hago un proceso de coaching entiendo que este principio se cumple.

Sea cual sea el problema, bloqueo o estancamiento que tiene es justo el que necesita para seguir con su vida pero mejorada.

Si no entiende esta máxima y se enfada, y coge un camino secundario, normalmente para evitar el dolor o el miedo, tardará más, elegirá la evitación e irá por el camino largo que sin duda también le hará aprender muchas cosas, pero más largo y probablemente más doloroso. El coaching hace que se ese camino sea mejor, más amable, más rápido y aprendiendo igual.

Es como viajar en coche, puedes decidir ir por autopista, por carreteras secundarias o por caminos escarpados. Es tu decisión.

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El coaching es cambio.

Todo cambio es para bien SIEMPRE. Es una creencia que tengo. Sé que a lo mejor no lo veo al principio, pero siempre acabo agradeciéndolo.

Eso hace que cuando me siento incómoda o no me “encuentro” sé que hay que cambiar algo. Y siempre algo de mí, no de los demás.

En coaching sistémico hay pocas reglas, pero hay una que me encanta: todo movimiento hay que ganárselo. Esto es, cada cambio tiene que venir precedido de un aumento de conciencia y de posición en el sistema, o sea, en la vida.

Creo que malentendemos lo que significa cambiar, pareciera que cambiar fuera malo.

Las personas que no cambian de opinión creemos que tienen más fuerza, más seguridad, más control, más argumentos o fuesen más sinceros de los que sí lo hacen; y no creo que tenga que ser así, por lo menos no siempre, en realidad puede ser al contrario.

Creo que cuando tienes una opinión durante mucho tiempo, acaba siendo parte de ti, de tu identidad, y justo en ese momento tu opinión ya no es opinión, es una creencia para ti, buena o mala, es tuya y no te la cuestionas.

Y ya llegados a este punto, la defenderás a capa y espada si fuera necesario, de la misma manera que te defiendes a ti mismo de cualquier ataque. Porque no están cuestionando una idea o una opinión, te cuestionan a ti mismo.

Como para tener opinión y seguir teniendo perspectiva, casi imposible de hacer.

Esa opinión viene precedida por lo que te ha pasado en la vida, por las conexiones que haces, por lo que te han enseñado, por lo que les ha pasado a otras personas, por lo que han vivido tus padres, hermanos o amigos, y sin saber cómo se convierten en tuyas.

Repasar si esas inocentes opiniones son tuyas, todavía tuyas o si lo fueron alguna vez, sería genial, sería estupendo. Te daría la posibilidad de abrir otros caminos, de pensar de otra manera y a lo mejor, esa nueva manera encaja mejor con la persona que quieres ser en la actualidad.

Ese sería un buen punto de partida para hacer un proceso de coaching.

Así que si te pillas pensando que ya no te gusta cómo eres, todo te sale mal, caes en los mismos errores una y otra vez, parece que la vida pasara muy despacio, que nunca ocurre nada nuevo y te sientes frustrado… tienes dos opciones:

  1. Hacerte el loco y pensar que la culpa es de los demás, de tu jefe, de tu novio, de la vida o del Universo.
  2. Pararte a pensar qué está pasando. Explora la situación. Cómo te sientes, sin juzgarte, sólo observa qué sientes, qué piensas, qué haces. Cuestiónate y si es necesario, cambia.

Agradece porque todos hacen un trabajo muy importante, todos a su manera te muestran el resultado de tus pensamientos, opiniones y acciones.

Pero cuando uno está mal, no elige qué piensa o que siente, entra en un malestar. Ese malestar te dirá a su manera que ya no puedes crecer más tal y como eres en estos momentos, y que tienes que cambiar algo para seguir adelante, para cambiar siguiendo siendo tú, para seguir siendo auténtico.

Si eres capaz de verlo desde esta perspectiva, no digo que no duela la próxima vez que lo sientas, pero si sabes que hay un propósito detrás para sentirte así, quizás no sea tan duro. Y ya lo dijo Viktor Frankl: “No es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa.”

Así que aprovecha la oportunidad la próxima vez que esto suceda, ten el buen gusto de cuestionarte todos los días, y si no entiendes el mensaje: llama a un coach. 😉

 

 

 

 

 

 

 

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¿y tú que necesitas?

Llevaba tiempo sin escribir un post y no sabía por qué. No siempre es fácil darnos cuenta de lo que nos pasa por dentro.

La pregunta siempre es la misma: ¿qué necesito?

La necesidad es la carencia de algo y el deseo de satisfacerla.

El ser humano necesita cosas constantemente. Unas físicas, otras mentales, pero todas llevan siempre al mismo destino: cómo quiero sentirme.

Para llegar a saber cómo quieres sentirte, sería bueno que supieras que tú no eres sólo una parte de algo. Estás hecho de pequeños trocitos.

Tendemos a ponernos etiquetas: soy seguro, soy fuerte, soy miedoso, soy soy…

Pero, ¿cómo eres de verdad?

La pregunta del millón.

La verdad es que no existe la verdad. 

La verdad está hecha de tu realidad y puede que no coincida con la mía. Entonces… ¿existe la realidad?

Pues depende desde dónde la mires, depende de los juicios que hagas, depende de si opinas que esto es bueno, malo o regular, depende de lo que opines de ti y de los demás, depende de cómo pienses y de cómo te pienses. Depende de cómo te cuentes tu propia historia.

Así que… ¿cómo eres?

Eres muchas cosas, muchas partes unidas en un trocito de carne, una mente y unas emociones.

Unas partes te gustan más y otras, las que te gustan menos, las escondes.
Esconderlas para los demás, significa esconderlas para nosotros y además ponerles juicio, culparnos por tenerlas y culparnos por ocultarlas, culpable por no ser capaz de mirar de frente tu propia culpabilidad, y esta última emoción sí que ahoga.

Atrévete a mirarte sin juicio. Obsérvate del mismo modo que observas una obra de arte, un cuadro. No lo miras pensando en cómo debería de ser ese cuadro si no fuera tal y como es, no, lo que haces es dejar que te llegue su realidad que es la tuya. Sin pretender que ese cuadro sea algo distinto para ti de lo que es.

Dicen que si el ser humano dejara sólo por un instante de hablarse de cómo debería de ser o cómo no debería de ser, no necesitaríamos más. Y estoy de acuerdo.

No se trata de no mejorar o de no cambiar las cosas que nos gustan menos de nosotros, pero si no haces el ejercicio de mirarte tal y como eres, sin el modelo ideal de lo que deberías de ser no llegarás muy lejos.

Los debería, los tendría que… nos meten en una dinámica de lo perfecto, de lo que tendría que ser y no soy. Tú eres lo que eres.

Y a partir de ahí te modelas.

Eres la consecuencia de tus experiencias, de tus valores, del tiempo vivido, de lo que dijiste que sí y de lo que dejaste pasar en tu vida, de lo que piensas y de cómo lo piensas, de tus miedos y de tus seguridades y de cómo las sientes y si te permites sentirlas, de lo que te da amor y de lo que te lo quita.

¿Te das amor o te lo quitas?

Si te lo das, aceptarás que estás en el mejor lugar para ver y valorar tu vida, podrás pasar a otro nivel. Ese salto está hecho del aprendizaje que has obtenido en ese camino y en ese proceso hay recompensa: ser mejor de lo que eres ahora.

Si te lo quitas te obligarás a ir por un camino que te cuesta seguir, que te obligas a seguir, que no sientes que sea lo que deseas hacer pero lo haces, caerás en el victimismo y en la justificación, no vaya a ser que seas otra cosa que no quieres parecer ser y se den cuenta.

Si crees que puedes coger un atajo, te engañas. Aunque también es cierto que lo que necesites en ese momento sea eso: mentiras. Acéptalo también. Todo tiene un por qué y un para qué. Así que hagas lo que hagas siempre será lo mejor para tu cuadro.

No tengas miedo a sentir emociones desagradables, ellas se llevan gran parte del mérito de hacerte pasar a la acción y de obligarte a ser más. No eres sólo lo agradable, o lo bonito, o lo bueno, estás hecho de emociones, de todas. No te falta nada. Así que si dudas de lo que eres, yo te digo lo que eres: ERES TODO.

Déjate ser.

¿me tienes miedo?

Lo peor del miedo no es tener miedo. Lo peor del miedo es imaginar tu miedo.

Lo peor del miedo es meterte miedo, como sólo tú sabes hacerlo, con las cosas que más te asustan.

Lo peor del miedo no es miedo a sufrir. Lo peor del miedo es miedo a ser feliz.

¿Y si nos da miedo a ser felices porque serlo es sufrir más?

Esa pregunta me da miedo.

Miedo al miedo, miedo a sentir miedo, miedo a sentir amor y que se vaya, que desaparezca.

Si no tienes miedo, no tienes nada.

En el mejor de los casos tienes esperanza de que tu situación cambie, sin hacer nada, sin mover nada.

No muevas un pensamiento que sea tuyo. No provoques un cambio, porque tú seguirás ahí, esperanzado.

Es una sensación que te llena de energía a cambio de no hacer nada. Me quedo con la esperanza.

No.

Esperanza es tener vacío, que no es lo mismo que nada. Por lo menos yo tengo miedo.

Al tener miedo, siento.

Yo quiero saber que te quiero como para que me asuste perderte.

Quiero que contigo el tiempo pase tan rápido que no quiera dormirlo.

Pondré cuidado de vivir el miedo y aprender la lección y que la rutina no nos alcance. Para que venga otro miedo, uno nuevo, recién inventado por y para mí, míos.

Si fueran tus miedos los que me asustan, te dejaría, tendría que dejarte, por cobarde. Por cobarde tú, no yo.

No me interesan tus miedos, excepto para ver cómo me quieres a pesar de ellos.

Dejad que crezca con mis miedos, que no los desvelo por miedo sino por amor.

Aceptado está.

La bienpensada piensa bien, todo lo piensa bien.

Habla del desapego en el amor, habla de que no te enamoras del otro sino de ti mismo proyectado en el otro, habla de la inseguridad y de la ansiedad. Habla…

¿Será por eso que proyecto menos porque me conozco más y me quiero menos?

Miedo a quererte, miedo a quererme.

La bien pensada piensa tanto que no ha sentido que he robado su post.

Yo soy la bien sentida.

I can’t get no satisfaction

Siempre lo que queremos. Siempre lo que llegará. Siempre lo que buscamos.

Siempre lo que deseamos. Siempre lo que nos falta. Siempre buscando.

¿Y si no nos faltara nada? ¿Y si tenemos todo para ser felices y no nos damos cuenta?

Parece que el ser humano está desentrenado para valorar las cosas para siempre, la mayoría sólo lo podemos hacer por un tiempo y normalmente, corto.

Por mucho que algo nos impresione, después de acostumbrarnos a ese estímulo, nos aburrimos y pensamos que tampoco estaba tan bien, que ya no nos gusta tanto y que por qué no buscamos algo nuevo que nos emocione más. Da igual que sea un amor, que el monumento más impresionante que haya realizado el hombre o la Naturaleza.

Si pasáramos todos los días para ir a trabajar por la pirámide de Guiza o por el puente de Brooklyn un día podríamos decir algo así como: ¡menuda mierda de puente! ¡Qué largo que es! ¡Lo incómodo que es! ¿Por qué no lo hicieron así o así o así?

Y es que las emociones son instintivas, pertenecen a nuestro ADN animal y si no le ponemos cabeza se esfuman; por ello es tan importante diferenciar entre emoción, sentimiento y pensamiento.

Ernest Hemingway pensaba que la inteligencia era una carga:

“La felicidad es la cosa más rara que conozco en la gente inteligente”

Claro, que este señor se suicidó, no? No sé si es buen ejemplo…

A mi parecer, el Sr. Hemingway se equivocaba. Ser feliz es una cuestión de inteligencia. Hay que tener entrenado el cerebro y filtrar qué pensamiento dejamos que deje poso en nosotros y cuál no, y está claro que hay que ser inteligente para ver la botella medio llena cuando tienes exactamente la misma probabilidad para ser feliz o no. Eso es inteligencia.

Habéis estado persiguiendo una meta o un objetivo y cuando lo conseguisteis ¿Enseguida os ponéis otra vez a buscar otro? ¿Cómo si el anterior hubiera perdido valor? ¿Os reconocéis? Buscar y buscar, pero buscar… ¿Para qué?

Pareciera que siempre estuviéramos como adelantándonos a nuestra propia vida, siempre con el estómago un metro por delante, a ver si la alcanzamos. Este comportamiento nos crea un estado de insatisfacción, de estrés, de frustración y claro, lo que hay detrás siempre es el mismo conocido: el miedo.

Si confiásemos en que la vida nos dará cosas buenas, no tendríamos esa necesidad de controlar todo, porque seamos honestos, nos esforzamos tanto y nos presionamos tanto sólo para estar bien, para ser felices, pero escogemos el camino largo y tortuoso entre otras cosas porque creemos que sentarnos a esperar que nos ocurra algo estupendo no puede ser bueno.

¿Creencia religiosa? Puede ser.

Una de las cosas que más me sorprendió en su momento fue asumir que somos dos versiones de persona. Uno el que somos de verdad y otro el que normalmente ven los demás, algo así como nuestra tarjeta de visita. En mi caso la persona que soy es la que ve mi perra y mi gato, lo tengo claro y no soy tan guay, también lo tengo claro. 🙂

La versión “tarjeta de visita” es un diseño propio así que le añadimos cosas que pensamos nos van a venir bien, un poquito de valentía-arrogancia-mecagodemiedo por aquí y otro poco de simulación-seguridad-a ver si cuela por allá.

Y está bien, pero si no te controlas puedes acabar como un árbol de Navidad y cuando tu persona, la real, la que es sin más, sin impostar, encuentra hueco por donde salir, respirar y ver qué haces con SU vida… llega la desilusión y el desinfle.

¿Qué hago yo con tantas bolas de Navidad puestas? ¿En que estaba pensando os preguntáis?

Pues yo os lo digo: pensabais en adornaros, en adornaros la vida…pero claro, no sólo de apariencia vive la gente. ¿Sabéis perfectamente cómo es esa sensación, no? Es ese momento de lucidez, en el que tooodooo va mal, tooodooo es una mierda, has fracasado en tooodoooo. TODO.

Quizás estaría bien empezar por aceptar que me gustaría ser eso, o quizás me gustaría que los demás pensaran que yo soy eso y que tengo eso y que represento eso, pero NO SOY eso, sólo lo parezco y eso si me miras de lejos.

Hay que saber diferenciar qué somos, que no somos y que no seremos nunca por mucho que lo deseemos.

¿Cómo podemos ser realistas con lo que tenemos y motivarnos para lo que queremos conseguir?

1. Escribe en un papel las áreas de tu vida más importantes.
2. Tres deseos que siempre quisiste cumplir. Argumenta si alguno de ellos no se ha cumplido y la razón
3. Escribe cinco cosas de tu vida que tienes y no te gustaría perder.
4. Tres cosas de tu vida que te sobran. Explica por qué las conservas.
5. Tres cosas que te gustaría conseguir en un futuro próximo. Detalla que haces para conseguirlas y ahora intenta justificarte por qué no las tienes. Esas justificaciones te dirán por donde andan tus límites.

Todo esto para daros un toque de atención, para que le pongáis un poco de conciencia a la vida que tenéis, porque la vida en el fondo es una cuestión de proponerse ser feliz, independientemente de las cosas externas que nos pasen. Los que protestáis con un: sí, claro! y si te pasa esto también vas a ser feliz, no? Pues también, sí.

No se trata de estar carcajeándose todo el tiempo, ni eso de estar con la sonrisa puesta enseñando dientes, no; la felicidad es otra cosa.

Creo que la felicidad se acerca más a una satisfacción continuada en el tiempo, equilibrada, como de estar a gustito y relajado mientras vas consiguiendo lo que te va hacer más feliz; eso sí, encajando también cosas menos buenas que te van pasando mientras lo haces. Lo curioso es que siempre nos parecen más las buenas que las malas.

Si lo hacemos así, es más fácil que nos fijemos en las cosas que tenemos y no en las que nos faltan, porque está bien tener objetivos pero no quimeras. Son cosas diferentes. La quimera siempre te hará estar en un permanente: seré feliz cuando llegue. Me temo que no es así.

Nuestra mente es plástica y depende de lo que pensemos, lo que aprendamos o de las experiencias que tengamos que cambie sus funciones. Cambia como cambia en nosotros los pensamientos, así que la felicidad es también una cuestión de entrenamiento y el entrenamiento es lo que cambia nuestro cerebro.

Eso es lo que hacemos en coaching, cambiar nuestra manera de pensar y cambiar la estructura física de nuestro cerebro. De este modo, si tiendes a utilizar la parte del cerebro que te hace ser negativo, cuántas más veces la utilices más en forma estará y más dispuesta estará para negativizar tu vida, porque el ser humano va construyendo su propio mapa afectivo y emocional, con las experiencias que tiene y con su actitud hacia ellas. Esto último me gustaría haceros un tatuaje para que lo recordaseis siempre.

Si estás triste o cansado, compórtate como si estuvieras alegre y con energía. Inmediatamente tu cerebro dará la orden a todo el cuerpo y notarás el cambio enseguida.

Cuando no puedas más, cierra los ojos e imagina la vida que te gustaría vivir y trata de sentir cómo te sentirías en esa vida. Pórtate como si muchas de las cosas que quieres conseguir te las merecieras desde siempre, y si no crees que te las mereces escríbete una carta argumentando por qué no te las mereces. Ya verás cómo sobre papel las excusas no suenan tan reales.

Deja que las cosas te lleguen sin hacer contorsiones y verás como empiezas a vivir más el presente y dejas de correr detrás de las cosas para conseguir pequeños premios, porque la realidad es que si vas detrás de algo siempre vas un paso atrás, no?

Pórtate como sabes que te hará bien, y si no sabes qué te hace bien, imita a alguien que te guste la vida que lleve o incluso que sientas envidia. Es una pista.

Mientras try and try and try 🙂

¿ siempre happy ?

Hace unos días compartí en Facebook en el muro de La Bien Pensada un video de Odín Dupeyron, escritor, actor, director y conferenciante estupendo.

En ese video hablaba de su filosofía de vida. La verdad es que cuenta las cosas con mucha gracia y me gusta, pero creo que en ese video se quedó la superficie y hay mucho más que decir.

Él habla de esta corriente de buen rollismo generalizado que se ha instalado especialmente en las redes sociales: frases espirituales, pide y se te dará, todo se puede conseguir, ser feliz todo el rato, etc.

Ese positivismo puede llegar a ser cansino, podemos acabar saturados de tanto buen rollo y además, puede ser inútil para incentivarnos o cambiar nuestra actitud. El ser humano se cansa de todo y a veces creo que más rápidamente de lo bueno.

Comparto con él que hay veces que no se puede y no se puede, hay que asumirlo y punto. De hecho empecé un post así hace un tiempo; pero debajo de esa situación hay más, como por ejemplo que de ese “no se puede” se necesita aprender ciertas cosas.

Que si tú deseas algo y no lo puedes conseguir, es porque en el camino te dejaste una piedra que tienes que recoger y ver qué haces con ella.

Que quizás no estés preparado para ese objetivo que te marcaste y hay que aprender algo antes, o que tienes que cambiar el destino donde te dirigías porque no te espera nada bueno al final de ese camino, lo que sea, pero yo creo que siempre es para bien, aunque sea pesado, lento, doloroso o no podamos verlo en ese momento.

Esto es una creencia que yo tengo.

Diréis que no puedo demostrar esta creencia, y es verdad, pero vosotros tampoco podéis demostrar lo contrario.

exit

A mí me sirve. Me sirve pensar que eso que me está pasando, puede que sea lo mejor que me puede pasar en ese momento, y que en un futuro daré las gracias porque Paco me dejó o porque me despidieran.

Me sirve para pensar que de todas las situaciones, esta es la menos mala para mí.

Eso no quita mi berrinche, además, creo que es muy sano tenerlo, porque eso de estar sí o sí siempre happy no lo veo. De ahí a que las cosas siempre tengan que ser como yo quiero que sean tampoco. ¿Os acordáis de ese post?

Hay mucho niño grande por ahí suelto (yo la primera) de entrar en pataleta porque yo creí que las cosas iban a ser como yo pensé que serían, y además me esforcé para que todo saliera cuando yo quería, y hasta decidí el cómo y el donde yo lo quería. Uff!! ¡Qué estrés de control!

Confiar en que todo va a salir de la mejor manera para nosotros, es de las mejores cosas que os puedo transmitir.

Cuando todo va mal y parece que no damos una, y que todo se estropea…respirad profundo, exhalad, y pensad que esa es la mejor carta que os podía salir en esta mano así que a cambiar pensamientos rápidamente.

Resetearos y adaptaros al nuevo pensamiento que tenéis que tener y ese pensamiento, será el que mejor os sirva para vuestra intención.

La intención viene de unos pensamientos realizados con anterioridad y con unos sentimientos a nivel físico, creando una sincronicidad entre lo que pensamos y lo que sentimos; y nuestra intención de acción se abre camino fácilmente. De ahí a ponernos en marcha, no hay nada.

No me canso de decir que la teoría está muy bien, pero las cosas hay que vivirlas. El coaching es algo vivencial, hasta que no lo vives no sabes qué cartas saldrán.

Está muy bien saber las cosas o pensar cómo creemos que actuaríamos en esta u otra situación, pero lo importante es cambiar cosas, porque lo único que está claro es que si no cambiamos nada, todo sigue igual y entonces nos quejamos otra vez y volvemos a empezar.

Lo de pedir al Universo, está muy bien por la parte que tiene de proyectar un futuro que deseamos y comenzamos a mover el engranaje de nuestra maquinaria para pasar del deseo a la realidad.

Al tener un pensamiento generamos unas sustancias químicas (no olvidemos que somos una fábrica de química y energía) y mediante los neurotransmisores enviamos unos mensajes, los neuropéptidos, le van a decir a nuestro cuerpo “cómo queremos que se sienta” usando las hormonas, y a partir de ahí, el cuerpo que quiere estar siempre en consonancia con la mente y viceversa, se adapta a esas órdenes y… ¡ya tenemos sentimientos en nuestro cuerpo acorde a lo que pensamos!

Luego diremos que nos sentimos bien o mal, pero ¿Quién empezó antes?

¿Cómo conseguimos nuestros objetivos? ¿Qué plan seguir?

Hay muchos caminos, y muchas curvas pero un buen principio puede ser este:

Saber lo que queremos

Sí, diréis que esto es obvio, pues no lo es tanto. El 80% de las personas me dan un “no sé” como respuesta a mis preguntas en las sesiones de coaching. Y lo mejor de todo es que esta respuesta está muy bien porque nos permite indagar, averiguar, imaginar…
Muchas veces no sabemos lo que queremos. Sabemos que queremos estar bien y todo eso, pero no sabemos verbalizar que queremos primero esto, luego esto otro y luego lo de más allá. Y todo eso se hace cuando hemos investigado en nuestros deseos, en nuestras posibilidades REALES (es una gran diferencia entre pedir y pedir al Universo) y en por dónde empezamos. Aquí un buen coach ayuda mucho.

Dar un primer paso

Esto os lo he dicho más veces. Atrevernos a dar el primer paso, luego los demás vienen por inercia y además, una vez que ponemos en marcha algo, no sólo contamos nosotros, ahí, en el terreno de juego entran más factores con los que no contábamos pero que también nos aportan cosas.
Déjate sorprender. Deja de controlar.

Saber leer las respuestas

No empeñarnos en cosas que parece que nos cuestan la vida, que siempre parece que se gafan por algún motivo por pequeño que sea, que depende de mil cosas para que salgan bien y estamos realmente estresados haciendo que ocurra. A lo mejor no es para ti.
Me gusta creer que lo fácil siempre es lo que nos conviene. No creo mucho en eso de que hay que pelear por las cosas, más bien creo que si algo es para ti, se sienta y espera a que llegues a tener la consciencia que necesitas para tenerlo, para apreciarlo y para disfrutarlo. Así de fácil.

Esperar al tiempo

Hay veces que tenemos que esperar al tiempo y otras veces es el tiempo el que nos espera a nosotros, pero si tiene que ser, será para ti.
Esto es especialmente importante si al final conseguimos las cosas, porque cuando tengamos aquello que deseamos, podemos disfrutarlo y ser muy felices, o si no hemos hecho bien los deberes, morirnos de miedo a que el Universo, el del quiosco o la primera que pase “nos lo quite”.
Por eso es importante saber qué es para nosotros, y saber a qué o a quién tenemos que renunciar.

Ten imaginación

No te limites. Sí, ya sé que no tienes las piernas que quieres, no mides lo que te gustaría medir, te has quedado calvo y nunca pensaste que ocurriera porque tu padre sigue con melenón, que te despidieron y nunca creíste que pasarías por esa experiencia, sea lo que sea, atrévete a ir un poco más lejos. Ve más allá.
Si sólo ves tu parte menos interesante para ti, valorarte cuesta muchísimo y cualquier error mínimo lo vives como si fuera lo más importante de tu vida. No es así. Los errores forman parte del proceso de aprendizaje.

Actuar como si ESO que queremos ya fuera nuestro

Esto tiene doble propósito: darnos cuenta de que la mente tiene mucho poder y que si crees algo aunque sea mentira, todo tu cuerpo siente que es así.

Hay que tener cuidado en no dejar eso a nivel mental y ser capaz de intentar llevarlo a la realidad sirviéndonos de esas sensaciones como motivación, y dejando espacio para que cuando esa fantasía se haga realidad a lo mejor o a lo peor algunas cosas cambien por el camino.

Y segundo, que es posible cambiar tu destino gracias a la física cuántica, pero esto sí que es otro post.

Ah! y algo que creo que es importante, déjate dudar, déjate tener pensamientos contradictorios, déjate sentir imperfecto, déjate decir una cosa y hacer otra, dejarse ser un rato, llora y recupera la perspectiva, porque eso es el camino, y a veces es todo lo que tenemos.

Disfruten.

¿de qué depende?

El año pasado en estas fechas os animaba a escribir vuestros deseos en un papel y guardarlo hasta el día de hoy. Os animaba a que los escribieseis en positivo, a diferenciar los debería de los verdaderos deseos… y ¿bien? ¿Qué ha pasado? ¿Habéis cumplido alguno de esos deseos? ¿Todos? ¿Ninguno?

Si los habéis cumplido, felicidades! Ahora sólo tenéis que formular nuevos deseos y seguir en ese camino.

Si habéis cumplido alguno, pensad en qué ha pasado con los que no. ¿A lo mejor dejaron a mitad de año de ser importantes?

Si no habéis cumplido ninguno de vuestros deseos haceros un chequeo rápido:

– ¿Estoy dónde quiero estar?
– ¿Trabajo dónde quiero trabajar?
– ¿Estoy satisfecho de la vida que tengo?
– ¿Soy feliz con mi pareja o muy feliz sin ella?

Lo siento, pero después de tantos días de excesos, de comer y beber como si no hubiera un mañana, el mañana ha llegado y vuestra vida también. Puedes meter la cabeza debajo de la almohada y seguir apegado a vuestra vida sólo porque es la vuestra o podéis aspirar a más. Aspirar a ser todo lo feliz que puedas llegar a ser.

Y si crees que soy una soñadora por decir esto, tienes un problema: tus limitaciones.

Ya hemos hablado muchas veces de cuáles suelen ser los mecanismos que tenemos para no avanzar, para quedarnos estancados, pero creo que nunca hemos hablado del apego. (Curioso que esta palabra tenga al ego dentro, no? )

Hay dos tipos de apegos: el que se tiene de una manera instintiva, biológico: padres-hijos (no hay datos verídicos que justifiquen noches enteras sin dormir si no hubiera apego😊) y el apego mental, o sea la dependencia psicológica que tenemos con otra persona o cosas.

Hay gente que se apega a su coche, a su casa o a su ropa. Esta dependencia puede ser por motivos sentimentales, por motivos de imagen (lo que esos objetos dicen de nosotros) o por motivos pesimistas (creemos que no encontraremos nada mejor)

El apego con personas claramente es el peor. A través del amor romántico entramos en un enganche psicológico donde depositamos nuestra “valía” en esa persona. De este modo él o ella se convierten en una especie de termómetro que dice si valemos o no, si somos dignos de ser amados o no, si somos deseables o no, si podemos respirar o no.

No es amor. Es dependencia, es obsesión, pero nada tiene que ver con el amor. Es cierto que también tiene mucho deseo, pero eso no lo convierte en amor. El ser humano es capaz de desear sexualmente sin sentir amor y viceversa, pero NO es amor. Esta confusión también hace que la gente aguante humillaciones en pos de la dichosa palabrita. Porque por amor se aguanta todo, no?? Maldito romanticismo.

john lennon

No es porque lo diga John Lennon, pero…

El apego tiene más de adicción que otra cosa. Es como el enganche con las drogas, el tabaco o el alcohol. Si a pesar de saber que son malos para tu salud no eres capaz de renunciar a ellos o al menos de dosificar su consumo, estás enganchado.

Todos los enganches nos dan algo positivo y además lo hacen de una manera inmediata, porque a la larga todo son cosas negativas.

Ya sé que todos decimos que no, que estaríamos mejor sin tener esa dependencia pero la verdad es que “eso que sea que es” nos proporciona algo que por nosotros mismos no somos capaces de conseguir.

En el ámbito de la dependencia amorosa, siempre cubren una carencia que tenemos, las utilizamos de muletas. “Sabemos” que solos no podemos auto abastecernos, auto querernos, auto valernos, auto lo que sea. Entonces buscamos o nos encuentran porque en esto como en todas las relaciones humanas es cuestión de energía. Yo emito la señal adecuada de llamada y tú emites la señal adecuada de recepción.

¿Os acordáis de que siempre os digo lo de en un extremo el amor y en otra el miedo? Pues en este caso el apego no está del lado del amor, sino del miedo. El apego es la antesala del miedo ya que por miedo a estar solos nos apegamos a alguien, dependemos de su compañía, le agobiamos porque no nos da la suficiente atención, etc.

Diréis que esto es amor y es deseo, bueno… en parte. El problema es no poder pasar sin esa persona.

Es genial desear estar con alguien, enamorarnos y echarle de menos si no estamos con esa persona; lo que ya no es tan normal es que nos hundamos si no la tenemos.

Si estamos enamorados de una persona y ésta nos deja, es normal que lo lamentemos, que nos duela durante un tiempo, lo que ya no es tan normal es que consuma toda nuestra energía, que hagamos estrategias para que vuelva, le controlemos e incluso presionemos para que vuelva con nosotros.

Normalmente esto ocurre cuando tenemos una baja tolerancia al fracaso en general. A veces es un “a mí no me deja nadie” (ego) y otras es un “que voy a hacer sin él/ella” (miedo).

Que nos deje esa persona es doblemente doloroso, uno, porque es la persona que queremos, y dos, porque nos deja sin nuestra dosis de droga emocional.

Lo paradójico del tema es que muchas personas aguantan unas situaciones tremendas de maltrato, indiferencia, humillación, desprecios, sólo por no estar solos y enfrentarse a ellos mismos a sus miedos, pero también es porque con esa pareja pueden adoptar de cara a los demás un papel de víctimas. Víctima= inmovilidad.

La realidad es que esta personas tienen una muy baja tolerancia a sentirse mal, a sentirse frustrados… digamos que son unos blandengues. No son capaces de renunciar a nada y menos a un placer inmediato aunque a la larga les prometan que el premio será mucho más satisfactorio.

Antes de hacer frente a la situación enfermiza en la que estamos metidos jugamos al solitario nosotros solos, haciéndonos trampas, claro!

“se va a separar pero es que tiene muchos problemas”
“me quiere pero no es su momento”
“hay muchas parejas como nosotros”
“yo sé que siempre volverá a mí”
“él – ella también me necesita”
“un día verá lo que valgo”
“lo dejaré poco a poco”
“sólo nos acostamos”

Uff!!! Todo lo anterior NO es amor. Busca tu dependencia, busca tu muletilla y podrás empezar a ser por ti sólo.

Sé que cuando alguien no nos corresponde es doloroso, y puede afectar a nuestra autoestima, pero el amor siempre es positivo, nos saca nuestro mejor lado, potencia nuestras virtudes, nos da seguridad, no hablamos de él en futuro, es de ida y de vuelta , tiene risas y aunque no perdura en el tiempo, porque el amor es bastante exquisito y se estresa enseguida; con los pañales, los niños, la falta de sexo, la hipoteca, tu familia y la mía; lo único cierto es que hay amor cuando las dos partes se siente amadas.

Si estás en una relación de dependencia, sólo deseo que puedas ver dónde estás metido aunque sea de soslayo, que tengas la valentía de pasar a la acción cuanto antes, que puedas pedir ayuda, porque sólo es más difícil pero no imposible. Que no te desenamorarás y luego le dejarás, que el juego es al revés. Le dejarás y luego te desenamorarás.

Sólo depende de ti.

Feliz Año!!

pajaritas en la cabeza

¿Qué ocurre cuando quieres vivir otra vida que no es la tuya?

¿Has estado en una isla maravillosa y se te pasa por la cabeza dejarlo todo y quedarte allí?

¿Qué tiene o mejor, qué no tiene esa isla?

Si esto te ocurre en estas fechas pos vacacionales todo el mundo te dice que te tranquilices, que ya se te pasará, que te volverás a acostumbrar y tú no puedes evitar sentirte el ser humano más desgraciado del mundo. Dicen que ya te acostumbrarás de nuevo… y lo malo es que tienen mucha razón.

El hombre es un animal de costumbres. Siempre nos la estamos dando con la libertad y el poder elegir y bla bla bla y a veces lo peor que podemos hacer con un ser humano es darle libertad. No sabríamos hacia dónde tirar. Hasta ahí llega nuestra inconsciencia.

Hay muchas personas que en su día eligieron buscar otra vida, cambiar totalmente el rumbo, dejarlo todo y buscar otros mundos, pero hay otros que sabiendo que no son felices, se ajustan la corbata el lunes y van a trabajar porque eso es lo que tienen y lo otro, pues lo otro son pájaros en la cabeza.

Nuestras creencias nos frenan y nuestras creencias nos empujan.

En el fondo, nos han educado para aceptar que la vida es así, que las vacaciones son sólo en agosto mientras que el resto del año hay que ser responsable, si tienes suerte algún fin de semana de escapada y vuelta a trabajar y ganar dinero, pero exactamente ¿para qué?

Os voy a dar unas pautas para que reflexionéis sobre el rumbo que lleva vuestra vida y dejéis de vivir en pasado y os centréis en lo más poderoso que tenéis para cambiar las cosas, vuestro presente.

Trabajo: ¿Te dedicas a lo que te gustaría dedicarte? ¿Trabajas demasiado tiempo? ¿Ganas el dinero que consideras justo? ¿Si no hicieras este trabajo harías otro?

Amor: ¿Tienes pareja? ¿Estás feliz con esa persona? Si la respuesta es no ¿qué te ata a ella? Si no tienes pareja ¿la buscas? Si la quieres y no la buscas ya tienes respuestas.

Ocio: ¿Te gusta tu tiempo libre? ¿En qué lo dedicas? ¿Tienes hobbies? ¿Hace cuánto que no tienes un hobby nuevo? ¿Ves mucho la televisión?? Ahí tienes más respuestas…

Salud: ¿estás contenta con tu estado de salud? ¿Qué te gustaría mejorar? ¿Hace cuánto que no te haces un chequeo?

Amistad: ¿Tus amigos son amigos a los que aprecias o sólo son relaciones que están aquí por un montón de razones excepto que porque te gustan? ¿La amistad se elige? ¿Es posible tener un amigo al que no aguantas? ¿Eso quiere decir que invalida la amistad por si sola? Haz una lista de la gente que verdaderamente te gusta, te sorprenderás.

Familia: Esta es la más controvertida. Aquí sí que hay tema para no uno sino varios coachings.  Concéntrate en ver los aspectos positivos, sé realista entre las cosas que pueden cambiar (en esencia tú) y cómo puedes empezar a ser más amable con ellos. Si lo consigues ponte un 10.

Forma física: ¿Te gustas? ¿Estás a gusto en tu piel? ¿Te gustaría adelgazar? ¿Engordar? Haz un repaso de las cosas que están en tu mano y te gustaría cambiar y a su lado detalla los motivos por los que quieres mudar de piel.

Estado Mental: Repasa cuáles son tus ambiciones y si son las mismas desde hace años. Piensa en si has incluido valores o acciones nuevas. ¿Sigues pensando lo mismo sobre cosas como el matrimonio, los niños, la manera de vivir que ibas a tener? ¿La tienes?

Dejad que reposen vuestras contestaciones. ¿Os dicen cosas nuevas o son las mismas respuestas que lleváis años sopesando? ¿Es posible la felicidad absoluta? ¿Qué emociones os vienen a la cabeza?

Centraros en las emociones que tenéis, las positivas y las negativas. Sólo pon tu atención en cómo te sientes según transcurre tus días y empieza tu vida “normal” y observa qué sentimientos surgen.

No siempre es fácil saber qué sentimos. A veces es como un batiburrillo y es que las emociones no siempre vienen de una en una sino que a veces pueden venir varias a la vez, lo que ya complica el tema.

Camuflamos las emociones cuando no las dejamos “ir” por los canales que llevan a su expresión, cuando las tapamos porque creemos (ahí está otra vez nuestras creencias, las que nos limitan y no nos dejan crecer) que nos van a llevar por caminos que no estamos preparados o nos dan miedo.

Por eso mismo, ahora que estamos tan vulnerables por otras vivencias y por otras experiencias, tenemos un punto de perspectiva estupendo para mirar y para ver nuestra vida, nuestra parcela de vida.

Los cambios dan miedo, pero tenéis que saber que cuando tenemos un deseo, tenemos muchas probabilidades de estar más que preparados para iniciar ese nuevo camino; lo que ocurre que seguro que tenemos que desprendernos de otras cosas, es como mudarse de piel y claro esa piel aunque nos sobre, nos da identidad, por lo menos la identidad que nosotros conocemos. La identidad con la que nos identificamos hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Si crees que estás preparado para evolucionar, para crear una nueva porque la anterior se te ha quedado pequeña; ponte las pilas, empieza a mover ficha, una pequeñita, con la que sepas que puedes y no te pongas límites, deja que todo fluya. No tiene que salir todo bien a la primera, y puede que ni a la segunda, déjalo, reposa y empieza de nuevo.

Confía en ti mismo. Deja de compararte con los demás. Si crees que siempre te has basado en opiniones ajenas para ser quien eres, empieza a saber qué opinión tienes de ti mismo.

Dedicaros estos días a comer bien, empezar a reajustar el sueño y practicar deporte. Nos vamos a poner en forma para cambiar todas las cosas que se nos han quedado pequeñas en nuestra vida y dejemos que se nos llene la cabeza de pajaritas.

Bienvenidos a vuestra vida.

las buenas intenciones

Nuestra vida se ve afectada por la percepción que tenemos de las cosas.

Esta percepción que tenemos del mundo se construye a partir de nuestros pensamientos y del significado que les damos a estos, y puede ser real o no.

Son producto de nuestra educación, de nuestra cultura, de nuestra personalidad… todo ello forma nuestro esquema mental y nuestras ideologías.

Las creencias que tenemos determinan nuestra conducta y nuestra conducta refuerza nuestras creencias y entramos en bucle.

Así que cuanto más creemos en algo, más nos comportamos afín a esas creencias y al hacerlo más las reforzamos. A esto se le llama ser coherente.

¿Qué ocurre cuando no sabes por qué haces determinadas cosas y te arrepientes luego?

Te sientes fatal y las vuelves a repetir! ¿Cómo puede ser? ¿Si he pensado mil veces que no lo volvería a hacer?

Esa es una fisura que tienes.

Todos hacemos cosas que a veces no las hemos pensado bien, o nos hemos dejado llevar o influir por alguien o por algo. El punto importante es si te arrepientes y si te sientes mal.

Después, casi sin haberte dado tiempo a olvidar el hecho, milagrosamente se te olvida y lo vuelves a hacer. Y justo cuando te empiezas a sentir mal, recuerdas que ese sentimiento no es nuevo, que ya lo has tenido antes, que sabes de dónde viene y que no te gustó un pelo. Y ahí estás tú pensando si eres idiota.

Pueden ser cosas como fumar, beber de más, drogas, comer en exceso, estar con una persona que no te conviene una y otra vez, no querer sufrir…

Todas ellas son herramientas que utilizamos para hacernos un bien, para sentirnos mejor, está claro que no lo conseguimos por mucho tiempo pero lo intentamos. Nos equivocamos en escoger la herramienta pero la intención es buena. No somos idiotas. De verdad que no.

No lo somos, lo que ocurre es que a veces preferimos anestesiarnos un poquito-mucho. Preferimos hacernos los locos. La intención es sólo por un rato, por una noche, por unas vacaciones, por un verano… depende de lo insatisfecho que estemos con nuestra vida actual.

Ya tenemos la intención, y ahora nos falta nuestra percepción. Percepción que vamos cogiendo al inicio de nuestra necesidad y que irá cambiando y con ella nuestra intención, y con ella la distorsión de la realidad, y así, ya tenemos todo el pack.

Pues bien, aquí la intención siempre es cubrir una necesidad que tenemos, la que sea.

El ejemplo más claro es el tabaco.

Fumar es una estupidez. Ni siquiera te proporciona el placer momentáneo que pueden dar las drogas o el alcohol, no, el fumar desde el minuto uno es un horror. Toses, te ahogas, te dan arcadas, la boca te sabe fatal y los dedos te huelen horrible, todos sabemos que ni es tabaco ni es nada lo que fumas y que además de gastarte un dinero, creándote un cáncer tú solito, ahí estás, aprendiendo a fumar con una disciplina que ya te gustaría aplicar sólo la mitad para ir al gimnasio. Y además sin poder decir esto de: yo no lo sabía! Pero la percepción que tenemos ahora del tabaco es muy distinta a la de hace años. Antes era algo glamuroso… y ahora algo asqueroso.

La percepción de nuestros hábitos cambia no sólo porque nosotros cambiamos, sino porque cambian los demás, nos afectan las decisiones de los demás, es decir, de la sociedad, y ésta nos obliga a cambiarlas.

Dicen que las personas que empezaron a fumar muy jóvenes les cuesta mucho más dejar el hábito que si empezaste a los 30. Bueno, no estoy de acuerdo, lo que ocurre que es mucho más fácil coger una “herramienta equivocada” a los 16, cuando estás sin hacer, con muchísimas inseguridades, buscando referentes continuamente para cogerlos prestados, que con 30 que tienes una personalidad mucho más definida.

Esto lo digo porque peligro de equivocarnos tenemos siempre y a lo mejor a los 16 tenías clarísimo que las drogas no tenían nada que ver contigo afortunadamente, pero como a los 30 o 40 te dé por recuperar cosas que nunca has hecho cuando eras joven, ten mucho cuidado. Tu percepción no es: ¡Qué guay! Voy a fumar porque nunca lo he hecho y voy a vivir la experiencia!!

No, tu percepción es: me siento mal, la vida me va mal, no estoy feliz y voy a empezar a hacer cosas que nunca hice o hice poco a ver si cambio mi vida y de paso me relajo y me desconecto un poco de todo.

Nos encanta que las cosas vayan bien sin prestarle mucha atención. Por eso compramos lotería o rezamos, porque si con unos minutos de nuestra atención se solucionaran las cosas, mejor que mejor. ¿Para qué voy a estar yo pendiente?

El caso es que ya llevo varias personas que me dicen que deberían de hacer un coaching pero que les da pereza!! Que creen que a partir de entonces van a ser super conscientes todo el rato de todo y lo dicen como si eso fuera una cruz y que no les apetece nada.

Ser conscientes es genial, lo que pasa que lo relacionamos (otra vez la percepción) con el agobio, con la toma de decisiones constante, con la responsabilidad.

¿Qué pasaría si ser conscientes fuera la llave de la felicidad?

¿Quién te dijo que hacerte el loco sobre tus problemas los harían desaparecer?

No sé a quién se le ocurrió esta estrategia de bicho bola, pero no funciona. Es justo todo lo contrario.

El coaching no es milagroso, pero para estas personas que miran hacia otro lado, que su lema es:” patada para adelante”, el coaching es imprescindible para elegir bien los apoyos que necesitamos para vivir, para retroceder, cambiar esquemas mentales y volver a ponernos en marcha.

¿Os acordáis que os dije en un post que la intención lo es todo? Pues así es, lo que pasa que tenemos que saber cuáles son nuestras valoraciones de las cosas. Si moralmente estamos de acuerdo con esas actitudes o acciones que tenemos o de lo contrario nos provocan un malestar.

Si te provocan malestar, tendrás que cambiar o bien de valores o bien de conducta. No hay otra.

El coaching te ayudará a conocer qué te hace dudar de las cosas, los motivos por los que “recaes”, a conseguir nuevos objetivos y por encima de todo a quererte más. Eso es lo que más feliz me hace. Todo el mundo se quiere más después del coaching. Al hacerlo te sentirás más feliz en tu piel, elegirás mejor tus herramientas de ayuda y en vez fumarte veinte pitis y meterte varios copazos hasta llegar a tu límite, te pondrás freno de una manera natural.

Y desde ahí tomarás otro camino, el de pasar por las cosas, el de saber por qué tienes determinados comportamientos y eres el que puede modificarlos; pero claro hay que pasar por el proceso.

Empiezas a pensar en por qué no lo hiciste antes. Empiezas a comer sano, a preocuparte por ti, hacer algo de ejercicio y bueno, no seré yo quien te quite tus vicios-herramientas, serás tú solito un día en el coaching el que me diga: ¿sabes qué? No me apetece nada seguir con esto o con esto otro. No hay que ser perfectos, hay que ser uno mismo y modificar las cosas que se nos quedaron pequeñas y perderás el miedo a sufrir, a querer saltarte tus propios aprendizajes. ¿Quién querría perderse ese capítulo, eh? 

Es muy gracioso, lo digo irónicamente, nadie quiere sufrir, pero es, sin ninguna duda a equivocarme, la manera más adecuada para el aprendizaje que tenemos que hacer en ese momento. Es justo la medicina que necesitamos para curar la enfermedad que tenemos y volver a ser felices, así que no renunciéis a ella. Dadle tiempo a vuestra mente para que se adapte a la nueva situación, para que el ego se sobreponga y puedas seguir adelante con nuevas aventuras y esta vez sí que decidas bien dónde tienes tus mejores apoyos.

Una pista: no tienes que ir muy lejos. 🙂

La mitad del pastel

Yo soy como soy y no voy a cambiar. Je! Ni eres como crees que eres ni siquiera eres tú sólo. La mitad del pastel, por lo menos, es de tus padres y lo del cambiar, ya lo veremos.

“Nada tiene mayor influencia psicológica en los hijos que la vida no vivida de los padres” dijo el psicoanalista Carl Gustav Jung.

Yo le añado que nada tiene mayor influencia en la vida de los hijos que las frustraciones de sus padres.

Parece broma, pero es así.

Tanto si es porque intentas que esas frustraciones no te afecten, como si intentas triunfar justo en esos temas donde tus padres fracasaron, de un modo u otro tu vida girará en torno a eso. Ya sabéis lo que dicen: no hay nada como la indiferencia, no? Pues en estos temas, indiferentes indiferentes parece que no podemos serlo.

Heredamos muchas cosas de nuestros padres, unas vía ADN y otras por el día a día. Heredamos las cosas positivas pero también las negativas y la mayoría lo hacemos sin darnos cuenta.

Un día te levantas y tienes al otro lado de la cama a un señor que se parece sospechosamente a tu padre, padre con el que por cierto nunca te llevaste bien. Ups!

Las carencias de la vida de los padres puede ser una losa muy pesada en nuestra vida. Sin darnos cuenta cargamos con sus decepciones, rechazos o inseguridades, cargamos con los riesgos que se atrevieron a correr y con los que no, cargamos hasta con sus valores y opiniones. Pobres seres imperfectos, eh? Todo sea por nuestra evolución. 😉

Con este panorama de vida entra en juego nuestra personalidad, y especialmente la etapa en la que intentamos desapegarnos de nuestros padres, la adolescencia.

Primero intentamos hacer una “separación amistosa” de manera instintiva, por instinto natural de crecer, pero si no recibimos el entrenamiento adecuado cuando éramos pequeños, no esperéis dar el salto mortal en la adolescencia.

Más tarde, nos encontramos con que somos unos adolescentes rebeldes o unos adultos de 45 años que consultan todo a sus padres. En las dos maneras de reaccionar hay peligros.

(Sé que estoy siendo un poco extrema pero entiendo que cada uno verá sus propios grises entre una postura y otra.)

En la del rebelde porque estás tan pendiente de hacer tu papel que puede que te quedes ahí anclado, siempre con un puntito de rebeldía, Peter Pan total. La idea de pasar de ser cuidado a cuidar y entregarse a formar una familia no es ni por asomo nada apetecible.

Y por el otro lado, la postura de la sumisión y querer agradar a los padres, pues qué deciros, que es un espejismo de vida. Es algo así como castrar tu vida para que tus padres vivan aparentemente más tranquilos y felices pero será sólo en apariencia porque ellos en el fondo no serán felices porque sus miedos les comerán, y como ya sabéis el miedo no tiene límites, siempre quiere más.

En ambas posturas obtenemos beneficios. A priori a lo mejor no se ven pero si rascamos un poco vemos que el rebelde a veces va de víctima y eso le trae intereses, y el sumiso, porque no es responsable ni un poquito de su vida así que si algo le sale mal (normalmente le salen mal muchas cosas) grita: MAMAAAAAA!!!!

Se supone que los padres son los que nos preparan para ser adultos pero claro, ¿qué ocurre cuando ellos tienen sus propias taras de fábrica? ¿Sus propios problemas sin resolver? Pues que nos los transmiten, y entonces hacemos esa transacción con esas suyas y desde entonces también nuestras-suyas-nuestras taras.

¿Cómo evitar que sus problemas sean los nuestros? ¿Cómo evitar que sus problemas sean un lastre para nosotros para toda la vida?

Yo creo que la mejor manera es reconstruirse uno mismo. Con esto me refiero a ser conscientes de quiénes somos, de qué queremos en la vida, qué zancadillas nos ponemos y sobre todo saber si esas cosas las hacemos porque realmente estamos de acuerdo con ello o nos subimos al carro del victimismo y echamos la culpa a nuestros padres de nuestra infelicidad.

¿Qué sufrimos de pequeños a causa de nuestros padres? ¡Claro!

En el mejor de los casos será algún episodio que nos incomode y en muchos casos, experiencias que han condicionado nuestro carácter, nuestra visión de la familia o nuestra visión del amor.

¡La vida es así! Somos seres humanos que vamos experimentando; intentando crecer y aprender de las cosas que nos pasan, pero este es un matiz importante: que nos pasen! Que nos pasen a nosotros, a nuestra vida no a la de nuestros antepasados.

Así que si no quieres seguir cargando con una mochila que no es tuya, plántate y mira qué puedes tirar por la borda, pero te prometo que no es necesario que te tires tú. Sólo hay que reformarte un poco.

Me gusta mucho esta cita:

“La vida es como un barco surcando el mar. Para cambiar hay que construir un nuevo barco con el material del viejo, en el que navegamos. No se puede atracar en un puerto, desguazar el barco donde vamos y construir uno nuevo. Tenemos que reconstruir el que ya tenemos sin dejar de navegar” Otto Neurath, Filósofo y economista austríaco.

Hasta aquellos afortunados que tuvieron una infancia modélica necesitan soltarse de sus padres, pero claro, con tanta teoría como tenemos a veces esta teoría nos sirve para conocernos mucho y apoyarnos en ellas tipo: sí, ya sé que esto lo hago mal pero mi madre lo hacía igual y no puedo hacer nada para evitarlo. Ale! O… No puedo comprometerme con nadie porque mi padre me abandonó cuando era pequeño y no confío en nadie más.

A esto le llamo la doble carambola. Uno de tus progenitores hace algo poco afortunado (por no entrar a juzgarlos) que te influye mucho y además de sufrirlo, que en aquella época era lo único que podías hacer, tú como si fueras parte responsable te castigas sacando una conclusión errónea que puede llevarte a negarte al amor de por vida, por ponerte un ejemplo. Vaya plan, eh?

Saber la teoría es importante, saber el cómo y el por qué también, comprender lo que pasó y cómo nos pasó, pero no sólo basta con ser conscientes y ya está. La verdadera diferencia está en dar un paso más. Aceptar lo que nos ocurrió. Aceptar que ellos (nuestros padres) tendrían sus motivos, sus razones, que quizás no les daba para más, que estaba sobrepasados, lo que sea pero acepta aunque no sepas los por qué y suelta…

Decide soltar, porque si no lo haces la mitad de ti no serás tú, serás una copia de alguno de tus progenitores y estarás atado a ellos como si fuera una maldición que pasa de generación en generación.

Cierto que hay problemas que no son fáciles de superar uno sólo, vale, pues pide ayuda, porque si no lo haces ahí se quedarán los “males” escondidos sin superarlos, perdurando más de lo necesario, creciendo atados a las cosas de las que más nos quejamos y muchas veces de las que más queremos alejarnos.

No temas, tu personalidad no va a desaparecer. No te vas a diluir…serás como una versión nueva de ti mismo, mucho mejor, más feliz, más en su sitio.

El coaching te ayuda a pasar por esta experiencia de la mejor manera posible, pero pasando por ella y pasando a la acción.

Hazte responsable de tu vida y de tus decisiones, de tus objetivos y vive tu vida.

Vive y perdona, porque utilizando a mí aire una frase de Juan Diego Botto en su obra de teatro, Un trozo invisible de este mundo (sigo muy impresionada por esta obra) quizás no puedas perdonar un 10 pero entonces agarras un 3 y te lo llevas al corazón, porque no es cierto que el 2 esté igual de lejos que el 10 de infinito.

Vive para cambiar

El otro día me decía un cliente que según iba avanzando en las sesiones de coaching le estaba dando un poco de tristeza por el pasado.

Ahora que era consciente de muchas cosas se daba cuenta que había perdido mucho tiempo y que había pasado por su vida como de puntillas, sin querer saber mucho de sí mismo. No se conocía demasiado y cuando tenía dudas cogía “prestadas” las opiniones de otras personas.

La verdad es que esto pasa casi en cada uno de los coachings que hago.

Una vez que abres los ojos y te das cuenta de las cosas, solemos flagelarnos: ¿Pero cómo no lo vi antes? ¿Cómo pude aguantar esto o aquello?

Y yo siempre les digo lo mismo: que a posteriori todos somos muy listos, pero hay que estar allí y vivirlo con lo que sabíamos en ese momento.

Está claro que cuando no sabemos es cuando estamos en medio de esas experiencias que hacen que nos superemos o que vayamos hacia atrás, porque una cosa tengo clara, quedarnos en el mismo sitio, no nos quedamos.

O bien solucionamos, aprendemos y evolucionamos con lo que damos un salto hacia otro nivel en nuestra vida, o damos unos cuantos pasitos para atrás, pero esto de virgencita virgencita que me quede como estoy es temporal.

Tarde o temprano la vida nos vuelve a poner la misma prueba con otro escenario, y a lo mejor con otros personajes, pero la misma, eso sí multiplicado por dos a ver si lo vemos más fácil, pero nada… somos un poco “cerrojillos” que decía un amigo mío.

A lo mejor esto lo notamos más cuando las decisiones que tenemos que tomar creemos que son decisivas en nuestra vida; ¿Vivo en Londres o Madrid? ¿Tengo hijos o no los tengo? ¿Dejo este trabajo que no me gusta por uno que sí?

Sí, ya sé que esta última pregunta parece fácil de resolver pero os sorprendería lo poco preparados que estamos para la facilidad y la felicidad.

Las cosas demasiado fáciles hacen que las miremos con suspicacia… ¿A ver si esto va a ser así de fácil, no? Sí, claro, es una chica ideal, monísima ¿Cómo va a querer salir conmigo? Le digo que no y se acabó la incertidumbre. 😦

De todos modos olvidamos que la vida va haciendo sus propias aportaciones por libre, y eso a veces nos descoloca un poco bastante. La verdad que las decisiones “importantes” no lo serían tanto si a diario hiciéramos los “deberes”.

Os pongo este ejemplo:

Piensa que eres un coche. Cuanto mejor sepas conducir, más posibilidades tendrás de llegar sano y salvo a destino, no? Pues eso es lo que se hace en las sesiones de coaching, aprender a conducirte. Es fundamental saber cuándo te conviene acelerar, frenar, reducir… o aparcarte!

¿Eso va a evitar que tengas todos los accidentes?

Pues no, pero sí que va a reducir el número de ellos e incluso algunos los verás venir y los podrás evitar; por no hablar de cómo vas a salir a carretera, de tu sensación de bienestar y de seguridad, algo que se retroalimenta continuamente hasta que esa conducción la integras en tu vida casi sin darte cuenta.

Todo esto en coaching se hace manteniendo una conversación, de hecho muchas. Se escucha, se sacan conclusiones, se hace de espejo.

La verdad es que parecen pequeñas las pretensiones del coaching, verdad? Ignoramos el potencial que tenemos los seres humanos para cambiar las cosas.

En coaching nos vamos quitando las capas una a una, hasta que nos quedamos con lo esencial, hasta que nos quedamos en pelotas. Desde ahí vamos construyendo:

¿Qué quiero? ¿Cuándo lo quiero? ¿Cuál es la razón por la que lo quiero? ¿Qué me aportará? ¿Y si no lo consigo? o mejor ¿Y si lo consigo?

Cuestionarse las cosas es fundamental, como también lo es conocernos, y conocernos también es saber que vamos cambiando a cada rato.

Saber que no somos los mismos ahora que hace un año o hace cinco, y como os decía antes, si lo somos…cuidado, no vaya a ser que estemos congelados y ni nos hayamos dado cuenta.

Especial cuidado con aferrarnos a una imagen de nosotros mismos y no querer moverse de ella. Es como llevar los mismos vaqueros con 18 años que con 38… no nos van a quedar igual por mucho que nos empeñemos. Es mejor saber qué culo tenemos ahora y comprarnos unos nuevos que nos queden perfectos. 😉

Conocer qué es importante para nosotros ahora y qué cosas han dejado de ser prioritarias, por mucho que nos sorprenda.

Saber cuáles son nuestros valores y si nos conviene cambiarlos por otros más afines o coherentes con la vida que queremos llevar en estos momentos.

Saber cuáles son nuestras creencias.

¿Sabéis que son las creencias? Son la opinión que tenemos de las cosas y desde esa opinión vamos construyendo nuestra manera de posicionarnos en la vida y de nuestra manera de vivirla.

¿Son las mismas de siempre? ¿Hemos añadido algunas nuevas? ¿Contradicen alguno de nuestros valores? ¿Hay creencias que te frenan? ¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué opinión tienes de ti mismo? ¿Es buena? ¿Cómo estás de autoestima?

Sí, ya sé, la he vuelto a nombrar, pero es que la opinión que tenemos de nosotros mismos es fundamental para ser felices. Veamos qué es de una vez.

Definición:
Autoestima es confiar en nuestra capacidad de pensar correctamente, es sentir que nos merecemos ser felices, es saber que somos dignos de ser amados y respetados, es atrevernos a pedir lo que necesitamos y es vivir siendo coherente con nuestros valores y principios.

No está mal, no?

Pues sí, es todo eso y más, así que podemos quitarle importancia y hacer como que no nos interesa, pero la realidad es que la autoestima no necesita nuestro permiso para funcionar a su aire.

Si te empeñas en no conocerla bien, más pronto que tarde te pasará factura en forma de infelicidad y tristeza porque dependiendo del nivel que tengas de autoestima así será tu forma de pensar y como ya sabemos , dependiendo de lo que pensemos así actuamos y estas actuaciones son las que influyen directamente en el nivel de nuestra autoestima.

Como veis son cuatro cosas las que tenemos que tener claras, pero qué cuatro cosas, eh?

No es fácil tener perspectiva con uno mismo, de ahí que muchos necesitemos de un coach para que nos alise el camino y nos haga el recorrido más fácil hasta conseguir el objetivo. Pero no es sólo conseguir el objetivo; lo más interesante es el camino, el proceso de cambio.

Al final cuando este proceso funciona conseguir el objetivo es la consecuencia lógica de nuestro cambio, pero dónde realmente aprendemos cosas es en el durante, así que no intentes saltártelo, disfrútalo porque ahí está la magia.

Y no te juzgues por no haber cambiado antes o después, cada uno tenemos nuestro ritmo y evolucionamos cuando estamos preparados para ello, es lo que construye la vida que vamos viviendo.

Da gusto saber que sólo de nosotros dependen las cosas, no? ¡Bienvenido a los cambios!