Te cuento tu vida

Sé lo que me rompe el corazón porque antes vi roto el tuyo. Cuando pasó la primera vez supe que era ese el nombre que debía darle a ese dolor tan profundo. Ardía. Dolía. 

Te lo cuento porque a ti te pasará también. Un día empezará un dolor que te atraviesa el alma. Suena romántico. No lo es. Cuando pase recordarás estas líneas y  darás nombre a tu dolor. Ya está. 

Si no me hubieras enseñado lo que era, me hubiera vuelto loca. No saber.

Ponerle nombre a las cosas ayuda a sentirnos seguros. Saber qué ocurre, saber por qué lo hice, por qué nunca lo hizo. Sé que lo deseaba. Sé que me quería. ¿Por qué nunca lo dijo? 

Un día le dije: tendrías que habérmelo dicho antes. ¿Cuándo? Cuando supiste que no me querías. Yo te quiero. No me amas. No como yo quiero que me ames. No sé amarte así. No quieres. No puedo. No te quiero. Así no. ¿Cómo? Como yo amo.

Texto: raquel calonge @labienpensada🎈

Foto: Joaquín Calle 💕

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¿un poquito de amor?

No quisiera hacer un post sólo para mujeres, pero el caso es que este tema atañe más a mujeres que a hombres, no sé por qué. Quizás por educación, cultura, no lo sé.

Y tampoco quisiera ser feminista (bueno, no demasiado feminista) pero creo que el amor lo vivimos de manera totalmente distinta los hombres y las mujeres.

Tanta manía con el que somos iguales ¿ qué vamos a ser iguales? Ni falta que nos hace. Las diferencias es lo que nos aportan.

Y no quisiera hablar sólo del amor entre un hombre y una mujer porque me imagino que los roles entre hombre y hombre, y mujer y mujer, se desarrollan igual, pero la verdad es que el amor de mujer a hombre es el que más conozco, aunque eso tampoco me acredite para ninguna medalla.

Todos sentimos por igual pero es cierto que esas pequeñas diferencias cerebrales hacen que en el amor, que todo se potencia al 1.000%, cualquier cosita se magnifique y las diferencias pueden ser abismales, pero lo cierto es que hay algo que ocurre en muchas mujeres con más frecuencia que con los hombres, y es la dependencia en la pareja.

Este tipo de amor, por llamarle de alguna manera suele ser amor por necesidad de ser amado.

La cosa empieza así:

Mujer estupenda, independiente (es curiosa esta contradicción pero suele serlo antes de que aparezca “él”), con amigos, con valores, con futuro y vida social. Llega el día que conoce a chico y empieza el lío… Qué ganas de ocuparnos de otro que no seas tú, eh?

“que si voy a animarle porque el pobre tiende a decaer el ánimo”, “que si voy a ayudarle porque el pobre no puede solo” “que si voy levantarle la autoestima diciéndole lo estupendísimo que es” (aunque no lo sea) y en la medida que hacéis toda esta labor social disminuye tú yo, porque éste empieza a preguntarse (porque tonto no es) que a ver si sólo nos quiere por este trabajo de fondo que hacemos con tanta abnegación y esfuerzo, y no por nosotras mismas. Ay!

La verdad es que es mucho más fácil volcar toda nuestra energía y toda nuestra voluntad en ocuparnos de moldear a otro (a nuestra conveniencia, por supuesto) y verle como un proyecto que verle como una persona completa. Esto además de ayudarnos con nuestra propia fantasía, nos entretiene en los defectos ajenos en vez de mejorar los propios.

Vaya por delante, que lamento deciros que a esa persona no le falta ni le sobra nada, a lo mejor no os gusta pero es perfecta. Perfecta para las experiencias que tiene que vivir y que a lo mejor no entráis en esas experiencias. Y que sería muy discutible si con vuestro “cariño” le hacéis mejores o peores personas.

Me parece oíros decir: “no es del todo como yo quería, pero le voy a pulir unas cuantas cosas y así se acercará más a la idea que yo tengo del amor.”

Habría que pararse a pensar cuál es la imagen que tenemos cada uno de nosotros del amor.

Esta idea que tenemos del amor cada uno de nosotros además de muchas creencias, puede venir acompañada de cierto atrezo: un mejor puesto de trabajo, una casa más grande o con unos kilos de menos o más elegante, más atractivo, más… qué?

¿Qué buscas realmente en el amor?
¿Qué te daría el amor que tú no puedas conseguir solo?

¿Puedes responder de manera sincera a estas preguntas?

Sería muy interesante oír vuestras respuestas porque ahí es desde donde hay que partir.

Empleamos el amor como mercancía, como herramienta de cambio y creemos que podremos manejarle. Ingenuos! El amor nos hará estar a su merced si no sabemos qué lugar ocupamos en la vida y qué lugar queremos que ocupe el amor en ella. Qué precio queremos pagar por él. Será como un tsunami.

Sé que diréis que en las parejas hay que ceder cosas en bien del otro o en el bien de la relación, no?

Puede que sí, pero esas cosas parten de uno mismo, de la evolución de uno mismo como persona o dentro de la misma pareja, pero sin que caigamos en ese servilismo que nos garantizará que por “nuestras buenas acciones” tengan recompensa.

A eso lo que llamo el Síndrome de Tecla. ¿Os acordáis de Tecla la araña de la abeja Maya? Siempre tejiendo esperando a que cayera su presa en la red, pues ese servilismo es manipulación. Manipulación camuflada en amor, eso sí.

Y aunque pareciera que sois el fuerte de la pareja, lamento deciros que sois la víctima.

Siempre esperando que el otro agradezca nuestro servicio, que lo aplauda, que nos ponga en nuestro sitio (privilegiado por supuesto) y pasan los meses y la pareja es casi como un segundo trabajo a juzgar por el esfuerzo que nos cuesta mantenerla. Y si tenemos que ser sinceros, con muy pocas satisfacciones. Pero ahí seguimos… porque por insistir no será. Duro y dale.

¿Qué pasaría si toda esa energía que estáis esperando a dar a otra persona, empezarais a ponerla a vuestro servicio?

Si empezaseis a pensar que el amor no es sólo ocuparse de otro. Que en una relación no es que uno haga el 50% y el otro el otro 50%, sino que todos diésemos el 100%.

100% una parte entera y completa y la otra persona diera otro 100%. Completo. Sin fisuras, excepto las que traemos de tara, claro 

Ya os adelanto que este cambio de creencia no es fácil porque uno mismo no tiene perspectiva de sí mismo. Porque es mucho más fácil ver la viga en el ojo ajeno que el camión en el nuestro (la paja me parece poca cosa) pero que no hay amor más importante que el quererse uno al 100% y si aprendes a hacerlo es mucho más sencillo querer a los demás con el mismo rasero.

Para ello hay que empezar a ser conscientes de la vida que tenemos y aceptarla. Vida que por otra parte es fruto de tus pensamientos y tus actos, que son los que te han traído hasta aquí.

Un coach os ayudará en esa perspectiva individual, os ayudará a gestionar vuestras emociones, a saberlas entender, a saber que todo lo hacemos por algo, y que sólo buscamos ser felices aunque a veces pisemos o nos dejemos pisar por ello.

Sigue el proceso aceptando los temas que te hacen sentir mal o en desventaja.

Acepta que no tienes pareja, o que eres un desastre con las que atraes o que en estos momentos sufres porque alguien te ha dejado…sea lo que sea acéptalo. Este es el momento que te has estado creando para pasar a otro nivel de consciencia.

Ese otro nivel de aprendizaje es como pasar de curso. Haz un repaso de las materias más difíciles y pregúntate: ¿ qué quiero que otra persona aporte en mi vida?

Esta respuesta te dará una pista de lo que te hace falta. Y si eres capaz de ir proporcionándotelo tú solito, el amor ya no será sólo necesidad, será una experiencia de vida en la que tú aportarás lo mejor de ti pero con unos límites sanos.

Aceptarás con mejor talante que querer a alguien no significa que te quiera como tú quieres, o que alguien te quiera no justifica su compañía por muy buena persona que sea. Acabarás odiándola si no aceptas que no le correspondes y eso tampoco te hace a ti mala persona, te lo aseguro.

Comprenderás que el amor terrenal tiene unas reglas escritas para formar un vínculo sano y que podemos ejercer cierto sentido común, pero que el amor espiritual es algo tan grande que no podemos controlar a nuestro antojo. Aunque sea por una necesidad y aunque nos correspondan tampoco nos da derecho a nada. A nada!

Es muy común escuchar decir: con todo lo que hice por él/ella!

Con todo lo que cambié y me convertí en lo que él quería y fíjate, se ha ido con otro/otra.

Vosotros pensando que hacéis todo por esa persona, y él o ella no lo quieren, lo rechaza. Dolor inmenso…para el ego que no para vosotros. (Es otro post.)

¡Pues no haber cambiado por otro! Os habéis vendido y ahora tendréis que recompraros.

¿Os habéis preguntado para qué existe el amor? ¿Qué aporta el amor en la vida de una persona? Además de la parte animal, instintiva de procrear, del sexo… ¿ qué más hay detrás del amor?

Yo tengo la creencia (acertada o no) que el amor viene a nuestras vidas para hacernos crecer a poquitos, para aportarnos conocimiento que no teníamos y que esa otra persona con su amor en forma de energía nos da en ese momento con aportaciones extras. Algo así como los bonus-track de los videojuegos, pero sólo lo hace cuando estamos preparados para entenderlo.

Ya sabéis la frase: “El Maestro aparece cuando el alumno está preparado.”

Aunque también puede que creáis estar preparados y el amor no llegue, pues señal de que habrá que seguir creciendo solo porque en este mundo de control, el amor es libre, libre en el más amplio significado de la palabra, libre de venir y libre de irse, casi siempre sin darnos cuenta ni de lo uno ni de lo otro.

Así que dejemos las telarañas para tejer unos bonitos jerséis y centraros en vuestra evolución, en vuestro agujeros, en vuestra experiencia de vida; eso sí, podéis estar con los ojos abierto por si os cae algún bonus-track del cielo.