Mi-me-con-mi-go

No lo puedo evitar.

Cuando un cliente me dice que ha cambiado mucho, que su pareja o sus amigos le dicen lo bien que le ven y que cómo lo ha hecho… eso es bien que diría mi amiga Leti.

Es curioso el proceso del coaching, necesitamos de otro para que nos conecte con nosotros mismos, con lo que hemos olvidado de nuestra esencia. Necesitamos de un espacio para reflexionar, para preguntarnos cosas y conocernos.  Necesitamos una perspectiva que hemos perdido normalmente en nuestro afán de agradar o de adaptarnos  a los demás.

No se está solo por no tener pareja.

En este mundo en el que el amor se idealiza innecesariamente, tener pareja no hace sino resaltar nuestras carencias, nuestras necesidades. Es aquí cuando el refrán de “dime de qué presumes y te diré de qué careces” se convierte en un “dime qué pareja tienes y te diré cuáles son tus vacíos”.

Diréis que exagero, ¡ojalá!

No nos enseñan a elegir pareja, muchas veces lo hacemos desde la necesidad y esa necesidad es la que hace que necesitemos de esa persona muchas veces. De ahí a las relaciones dependientes, no hay ni un paso.

El amor es libertad, y si no compartes esto es porque te falta seguridad en ti mismo y respeto por los demás. Libertad para ser quien en esencia eres.

Volvéis a pensar que exagero, ¡ojalá!

Tenemos miedo a estar solos, y curiosamente,  la soledad más amarga ocurre estando en pareja, porque cuando tenemos una relación de amor, todo se magnifica, se agranda, se ve más,  porque si permanece sólo en nosotros nos ocupamos de mantenerlo a oscuras, que no salga, que no lo vean, que no lo noten…

Al principio es una punzada muy amarga que no nos deja, pero poco a poco, nos acostumbramos a ese dolor que se va desintegrando, se va convirtiendo en vacío.

Hay un espacio entre nosotros y nuestro yo. A ese espacio le llamo soledad. Y a veces necesitas de alguien (en este caso yo) para volver a encontraros.

Si conseguís encontraros os prometo que nunca más estaréis solos y  ése amor sí que es para toda la vida, eso sí, si no te traicionas claro. 

Estamos muy entrenados para decir enseguida: “eres el amor de mi vida” “sin ti no soy nada” “si me dejas no podré vivir” y las palabras no son banales. Las palabras importan y mucho.

Sólo al final de vuestros días sabréis quién fue el amor de vuestra vida, pero mientras tanto os animo a que queráis conoceros, a que queráis saber de qué estáis hechos y a que este descubrimiento de quiénes sois, lo hagáis lento, para que podáis ser conscientes de las cosas que pasan en vuestro interior.

Todo esto no va en contra ni mucho menos de la maravillosa experiencia que es enamorarse y compartir con esa persona, crecer con ella y evolucionar, es justo al revés. De hecho las personas de las que nos enamoramos nos muestran muchas de nuestras fortalezas pero también nuestras debilidades y sobre todo hasta dónde estamos dispuestos a aguantar para que no dejen de querernos. No siempre es así.

El amor es tan bonito y tenemos emociones y sentimientos tan poderosos que nos cuesta mucho soltarlo, pero hay que saber si lo que tenemos es amor o es todo lo contrario.

El amor te hace mejor persona, pero si tú no sientes amor por ti, ¿qué es lo que puedes dar? No se puede dar a otras personas lo que no tenemos.

Así que daros amor todo lo que podáis. Cuanto más completos seáis, mejores amores encontraréis, pero sí que creo que es necesario no pensar en que te falta algo para ser feliz, para estar completo, porque si partes de la necesidad en vez del amor, necesidad encontrarás.Y si necesitas algo, no hay espacio para desearlo, lo necesitas y punto.

Responsabilizarnos de nosotros mismos, de nuestros actos, de las decisiones que tomamos, no es fácil. No hay nadie más a quién culpar excepto a nosotros mismos, y eso, no nos gusta. Preferimos culpar a los demás.

La persona que se hace responsable de sí mismo ya no necesita ni cuidadores ni caballeros o damas que decidan por ellos en su vida,  así que os empujo a que salgáis ahí fuera y os mostréis y demostréis quiénes sois, quiénes podéis ser, y desde ahí sí que se puede vivir en amor.

 

Feliz búsqueda.

 

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Nostalgia de agosto

 

Llega septiembre y llega la misma sensación.

Durante un mes he sido otra persona. He actuado como otra persona y he pensado como otra persona.

Y ahora tengo que volver a ser la que era en julio… pues no sé si eso va a ser posible.

Y es que no podemos irnos de viajes buscando experiencias y ser capaces de ver el mundo distinto para que cuando llegue septiembre, volvamos a ser los mismos. No es posible. No puedo volver a ser la misma después de este verano. No me apetece.

Nostalgia.

Aprovechad que sentís la nostalgia para poder pensar sobre lo que hacéis durante el invierno. Porque en cuanto llegue octubre costumbre se habrá metido en vuestros huesos y os pareceréis a lo que fuisteis. Los de antes. Nada de lo que consiga ser en invierno tiene comparación con el sol y la libertad de agosto. Nada.

Me resisto.

Últimamente todo lo resuelvo con me apetece o no me apetece. Y la verdad, no encuentro respuesta más sincera. Respuesta que suelen menospreciar algunas personas o suelen pensar que es infantil. Sinceridad infantil. Sincericidio que diría mi querido Leiva. No estaría mal.

He de deciros que mis apetencias es lo más sincero que puedo daros. Es la parte más honesta de mis sentimientos.

¿Os parece poco profesional? ¿Poco disciplinado?

Me encanta esta palabra, disciplina. Es la manera en la que tienen de obligarte a realizar algo que no te apetece lo más mínimo, pero que si consigues ser disciplinada y logras hacerlo, doblegando tus apetencias, conseguirás algo que merezca la pena.

O no.

A lo mejor no sentís mis palabras.  A lo mejor no sentís la nostalgia de agosto.

Pero que sepáis que si en septiembre no hacéis lo que os apetece, ¿Qué haréis? ¿A quién agradaréis el invierno? ¿Para quién lo haréis? Si no hacéis lo que pensáis… ¿Para qué os sirve pensar?

Si hacéis cosas que no os gustan empezaréis a pensar cosas que os gusten menos y al final pensaréis que vosotros no os gustáis.

Y llegará el invierno y no recordaréis ni quién queríais ser en agosto. Busca el sol.

Las miguitas de pan

A veces culpamos a los demás de las cosas que nos hacen, nos dicen o todo lo contrario, de lo que no dicen o no hacen. 

La verdad es hay personas que si están en nuestro entorno es porque nosotros se lo permitimos. 
Quizás creemos que no, incluso intentamos que no estén, pero  de alguna manera tenemos una fisura abierta en forma de herida, y por ahí se cuelan. Esas fisuras no se ven a simple vista pero se perciben.

¿Qué podemos hacer? 



1. Identificar la herida: No os imaginéis una herida a pecho descubierto, basta con no tener bien colocado alguno de los recuerdos del pasado. Y entonces esa persona entra para zarandear el presente. ¿Me explico?

2. Pasar página: A veces somos nosotros los que queremos avanzar sin soltar rasgos o comportamientos nuestros del pasado. No se puede. No es posible llenar si algo no está vacío. Suelta si quieres avanzar.

3. Simplificar:
Si has discutido con esa persona varias veces sobre cosas parecidas ( o idénticas) y habéis llegado a las mismas conclusiones acompañadas de sensaciones desagradables, cierra el camino, pero hazlo por ti y sólo por ti. Esa persona te muestra una parte de ti. ¿Te gusta lo que ves? Elige.

4. Cuestiona cómo amas:
Nos han machacado tanto con que el amor es para siempre, que en el amor todo vale, que nos cuesta terminar con esos “quereres” y a cualquier relación le llamamos amor,  aunque estén vacíos de todo contenido y en su lugar  vivan amenazas veladas como: “nadie te amará como yo”, “ojalá que no sufras como tú me has hecho sufrir a mi” o un “te quedarás solo”, “me fallaste pero soy tan buena persona que te doy otra oportunidad”. Son pistas para saber que tienes que salir de ahí ¡ya!


5. Cuestiónate quién te suele querer: ¿Tienen algo en común esas personas? ¿Te gustan? ¿Les admiras como personas? ¿Te han pasado situaciones parecidas con personas diferentes? ¿Sólo ha sido una? Reflexiona cuáles son las miguitas de pan que les vas dejando. ¿Cuál es tu rastro? ¿Qué es? Sé sincera contigo. Ellos emiten la señal y tú la contestas. El orden puede ser a la inversa también.

6. Lo que quieres ser: Sé honesta sobre quién fuiste y ten claro que tienes todo el derecho a cambiar, a ser distinto, pero también ten claro que para ser otra persona no basta con repetirlo sino con llevar a cabo acciones que lo demuestren, y dejar que los demás lo valoren… o no! 😊

7. Revisa la pena:
Revisa tus valores, para saber dónde encaja una persona como tú con esos valores y presta atención especialmente a la pena. La pena, la nostalgia, lo que pudo ser… pero la realidad es que no fue, no funcionó. ¿Quieres relaciones que funcionen solas o que tengas que dejarte la vida (literalmente) en ellas? Además, tú sabes igual que yo que si hay pena no hay amor.


8. Concéntrate en la luz: Claro que existe la sombra, necesaria entre otras cosas para apreciar mucho más la luz, pero hasta ahí llega su poder. Fomenta las buenas relaciones que tienes, las fáciles, las que te hacen reír y no tienes que hacer esfuerzo por estar con ellos.
Y por encima de todo, ten personalidad y toma tus propias decisiones aunque eso te aleje de ciertas personas. De eso se trata. 

¡¡Te lo agradecerás!!!

Raquel Calonge

Coaching y Consultoría

@labienpensada

El faro

Bueno, ya han llegado, los días más deseados de nuestra vida: las vacaciones.

Nos pasamos el resto del año suspirando por esos días. Si somos afortunados un mes, si somos afortunados quince días y si somos afortunados una semana.

Todo nos parece bien y todo nos parece poco. ¿Cómo puede ser?

En esos días nos cuestionamos un montón de cosas de nuestra vida, especialmente del trabajo.

Es esa parcela de nuestra vida que nos ocupa más tiempo y más preocupaciones de las que a veces nos gustaría.

¿Te gusta tu trabajo?

¿Te gusta la gente que hay en trabajos como el tuyo o similares? No os podéis hacer a la idea la de pistas que da esta respuesta…

¿Qué tipo de personas son? 

¿Qué es lo importante de tu trabajo?  ¿Te hace feliz?

¿Estás satisfecho con lo que ganas?

Dicen que no es el mejor momento para reflexionar sobre estas cosas, que no tenemos suficiente perspectiva, pero no estoy de acuerdo, tenemos la mejor perspectiva que podamos tener durante el año,  estamos lejos de nuestra vida.

Y para ver bien, uno tiene que alejarse un poco, porque cuando volvamos, volveremos al centro del huracán, y allí, allí sí que no hay perspectiva. Volveremos a la rutina, nos acostumbraremos a lo que tenemos y se nos pasará otro año de vida.

Si has contestado no a alguna de las preguntas anteriores,  aprovecha estos días para pensar qué podrías hacer. Qué opciones tendrías si no trabajas donde trabajas y si no vives como vives.

¿Qué te gustaría hacer?

Si no dependiera de dinero… ¿en qué trabajarías?  ¿Lo harías gratis?

No digo que lo hagas, pero te aseguro que si ese trabajo te gustase tanto para hacerlo por puro placer, imagínate si además te lo pagasen… A eso se llama vocación.

Piensa qué se te da bien hacer, piensa qué te dicen los demás que haces bien y no te cuestiones todavía si es una fantasía o no. Simplemente juega a decir con qué sueñas. Ya veremos más adelante cómo bajarlo a la tierra, lo que te puedo asegurar es que ya has encendido el faro para ver mejor, y eso te ayuda a ver mejor, a darte cuenta de las cosas.

Puede que sea un faro pequeñito, pero alumbra. Ya veremos luego si nos gusta lo que vemos o no. Concéntrate en ver qué te enseña ese faro.

El coaching ayuda a crear un plan de acción para hacer de los sueños realidades. Y ya sabéis lo que dicen: la realidad supera mil veces los sueños.

Si en septiembre queréis cambiar algo de vuestra vida, silbadme!

Feliz verano. Felices vacaciones.

¡Nos vemos a la vuelta!

 

El buen gusto de cuestionarse

No me gusta cómo soy. Siempre hago todo mal. Todo el mundo dice que se quiere y yo ni siquiera me soporto. Quiero cambiar y ser otra persona. ¿Puedes hacerme cambiar?

Esta es la pregunta que me hizo una persona hace unos días.

Creo que en estos años nadie me ha hecho una pregunta tan directa.

Era una sesión 0.

Las sesiones 0 son a cero coste para el cliente y en ella nos conocemos. Ellos me cuentan qué les gustaría conseguir a través del proceso de coaching y yo les explico el protocolo que sigo.

De esa sesión se pueden sacar mucha información que luego para el proceso es importante.

¿Qué significa no gustarte? Le pregunté a esa persona.

Dijo: Pues no lo sé… no estar bien en tu propia piel. Paso de querer hacer esto o lo otro, para decidir luego hacer todo lo contrario. No me entiendo ni yo. Me encantaría ser otra persona.

Normalmente todos queremos conservarnos de algún modo. Efecto supervivencia. No queremos perdernos nosotros mismos en el proceso de los cambios.

Normalmente las preguntas que me hacen los clientes son más del tipo: ¿Pero no cambiaré mucho, no? ¿No dejaré de ser yo, no? Y a veces piensas: Justo, justo eso es lo que necesitas, aprender, cambiar y ser otra persona. En esencia tú, pero una versión mejorada.

Así que cuando me lo preguntó tan abiertamente, instintivamente y por defecto de profesión le hice otras preguntas: ¿Cuánto quieres cambiar? ¿Qué necesitas cambiar? ¿Cómo quieres cambiar?

Porque si quieres cambiar, cambiarás.

Dicho esto, os diré que es muy importante fijar las expectativas en un proceso de coaching. Hay que ser coherente con lo que la gente desea y con su realidad (que no la tuya ni la mía) y lo que hay en medio (a ese espacio variable le llamo coaching 😊) especialmente porque es importante no defraudar a nadie.

Pero también dicho esto, os contaré que una de las bases del coaching es:

“Todo el mundo está capacitado para resolver los problemas que le depare la vida.”

Sí, ya sé que es una afirmación muy generalista, incluso naif, pero la verdad es que con cada persona con la que hago un proceso de coaching entiendo que este principio se cumple.

Sea cual sea el problema, bloqueo o estancamiento que tiene es justo el que necesita para seguir con su vida pero mejorada.

Si no entiende esta máxima y se enfada, y coge un camino secundario, normalmente para evitar el dolor o el miedo, tardará más, elegirá la evitación e irá por el camino largo que sin duda también le hará aprender muchas cosas, pero más largo y probablemente más doloroso. El coaching hace que se ese camino sea mejor, más amable, más rápido y aprendiendo igual.

Es como viajar en coche, puedes decidir ir por autopista, por carreteras secundarias o por caminos escarpados. Es tu decisión.

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El coaching es cambio.

Todo cambio es para bien SIEMPRE. Es una creencia que tengo. Sé que a lo mejor no lo veo al principio, pero siempre acabo agradeciéndolo.

Eso hace que cuando me siento incómoda o no me “encuentro” sé que hay que cambiar algo. Y siempre algo de mí, no de los demás.

En coaching sistémico hay pocas reglas, pero hay una que me encanta: todo movimiento hay que ganárselo. Esto es, cada cambio tiene que venir precedido de un aumento de conciencia y de posición en el sistema, o sea, en la vida.

Creo que malentendemos lo que significa cambiar, pareciera que cambiar fuera malo.

Las personas que no cambian de opinión creemos que tienen más fuerza, más seguridad, más control, más argumentos o fuesen más sinceros de los que sí lo hacen; y no creo que tenga que ser así, por lo menos no siempre, en realidad puede ser al contrario.

Creo que cuando tienes una opinión durante mucho tiempo, acaba siendo parte de ti, de tu identidad, y justo en ese momento tu opinión ya no es opinión, es una creencia para ti, buena o mala, es tuya y no te la cuestionas.

Y ya llegados a este punto, la defenderás a capa y espada si fuera necesario, de la misma manera que te defiendes a ti mismo de cualquier ataque. Porque no están cuestionando una idea o una opinión, te cuestionan a ti mismo.

Como para tener opinión y seguir teniendo perspectiva, casi imposible de hacer.

Esa opinión viene precedida por lo que te ha pasado en la vida, por las conexiones que haces, por lo que te han enseñado, por lo que les ha pasado a otras personas, por lo que han vivido tus padres, hermanos o amigos, y sin saber cómo se convierten en tuyas.

Repasar si esas inocentes opiniones son tuyas, todavía tuyas o si lo fueron alguna vez, sería genial, sería estupendo. Te daría la posibilidad de abrir otros caminos, de pensar de otra manera y a lo mejor, esa nueva manera encaja mejor con la persona que quieres ser en la actualidad.

Ese sería un buen punto de partida para hacer un proceso de coaching.

Así que si te pillas pensando que ya no te gusta cómo eres, todo te sale mal, caes en los mismos errores una y otra vez, parece que la vida pasara muy despacio, que nunca ocurre nada nuevo y te sientes frustrado… tienes dos opciones:

  1. Hacerte el loco y pensar que la culpa es de los demás, de tu jefe, de tu novio, de la vida o del Universo.
  2. Pararte a pensar qué está pasando. Explora la situación. Cómo te sientes, sin juzgarte, sólo observa qué sientes, qué piensas, qué haces. Cuestiónate y si es necesario, cambia.

Agradece porque todos hacen un trabajo muy importante, todos a su manera te muestran el resultado de tus pensamientos, opiniones y acciones.

Pero cuando uno está mal, no elige qué piensa o que siente, entra en un malestar. Ese malestar te dirá a su manera que ya no puedes crecer más tal y como eres en estos momentos, y que tienes que cambiar algo para seguir adelante, para cambiar siguiendo siendo tú, para seguir siendo auténtico.

Si eres capaz de verlo desde esta perspectiva, no digo que no duela la próxima vez que lo sientas, pero si sabes que hay un propósito detrás para sentirte así, quizás no sea tan duro. Y ya lo dijo Viktor Frankl: “No es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa.”

Así que aprovecha la oportunidad la próxima vez que esto suceda, ten el buen gusto de cuestionarte todos los días, y si no entiendes el mensaje: llama a un coach. 😉

 

 

 

 

 

 

 

¿y tú que necesitas?

Llevaba tiempo sin escribir un post y no sabía por qué. No siempre es fácil darnos cuenta de lo que nos pasa por dentro.

La pregunta siempre es la misma: ¿qué necesito?

La necesidad es la carencia de algo y el deseo de satisfacerla.

El ser humano necesita cosas constantemente. Unas físicas, otras mentales, pero todas llevan siempre al mismo destino: cómo quiero sentirme.

Para llegar a saber cómo quieres sentirte, sería bueno que supieras que tú no eres sólo una parte de algo. Estás hecho de pequeños trocitos.

Tendemos a ponernos etiquetas: soy seguro, soy fuerte, soy miedoso, soy soy…

Pero, ¿cómo eres de verdad?

La pregunta del millón.

La verdad es que no existe la verdad. 

La verdad está hecha de tu realidad y puede que no coincida con la mía. Entonces… ¿existe la realidad?

Pues depende desde dónde la mires, depende de los juicios que hagas, depende de si opinas que esto es bueno, malo o regular, depende de lo que opines de ti y de los demás, depende de cómo pienses y de cómo te pienses. Depende de cómo te cuentes tu propia historia.

Así que… ¿cómo eres?

Eres muchas cosas, muchas partes unidas en un trocito de carne, una mente y unas emociones.

Unas partes te gustan más y otras, las que te gustan menos, las escondes.
Esconderlas para los demás, significa esconderlas para nosotros y además ponerles juicio, culparnos por tenerlas y culparnos por ocultarlas, culpable por no ser capaz de mirar de frente tu propia culpabilidad, y esta última emoción sí que ahoga.

Atrévete a mirarte sin juicio. Obsérvate del mismo modo que observas una obra de arte, un cuadro. No lo miras pensando en cómo debería de ser ese cuadro si no fuera tal y como es, no, lo que haces es dejar que te llegue su realidad que es la tuya. Sin pretender que ese cuadro sea algo distinto para ti de lo que es.

Dicen que si el ser humano dejara sólo por un instante de hablarse de cómo debería de ser o cómo no debería de ser, no necesitaríamos más. Y estoy de acuerdo.

No se trata de no mejorar o de no cambiar las cosas que nos gustan menos de nosotros, pero si no haces el ejercicio de mirarte tal y como eres, sin el modelo ideal de lo que deberías de ser no llegarás muy lejos.

Los debería, los tendría que… nos meten en una dinámica de lo perfecto, de lo que tendría que ser y no soy. Tú eres lo que eres.

Y a partir de ahí te modelas.

Eres la consecuencia de tus experiencias, de tus valores, del tiempo vivido, de lo que dijiste que sí y de lo que dejaste pasar en tu vida, de lo que piensas y de cómo lo piensas, de tus miedos y de tus seguridades y de cómo las sientes y si te permites sentirlas, de lo que te da amor y de lo que te lo quita.

¿Te das amor o te lo quitas?

Si te lo das, aceptarás que estás en el mejor lugar para ver y valorar tu vida, podrás pasar a otro nivel. Ese salto está hecho del aprendizaje que has obtenido en ese camino y en ese proceso hay recompensa: ser mejor de lo que eres ahora.

Si te lo quitas te obligarás a ir por un camino que te cuesta seguir, que te obligas a seguir, que no sientes que sea lo que deseas hacer pero lo haces, caerás en el victimismo y en la justificación, no vaya a ser que seas otra cosa que no quieres parecer ser y se den cuenta.

Si crees que puedes coger un atajo, te engañas. Aunque también es cierto que lo que necesites en ese momento sea eso: mentiras. Acéptalo también. Todo tiene un por qué y un para qué. Así que hagas lo que hagas siempre será lo mejor para tu cuadro.

No tengas miedo a sentir emociones desagradables, ellas se llevan gran parte del mérito de hacerte pasar a la acción y de obligarte a ser más. No eres sólo lo agradable, o lo bonito, o lo bueno, estás hecho de emociones, de todas. No te falta nada. Así que si dudas de lo que eres, yo te digo lo que eres: ERES TODO.

Déjate ser.

¿Dulce hogar?

Las vacaciones nos permiten alejarnos de nuestra vida por unos días o semanas. De repente podemos vivir como si fuéramos otras personas.

Hay fecha de caducidad. Hay que volver. A tu vida. A tu marido. A tu novia. A tu trabajo. A tu ciudad. A tu no novio. A tu todo. A tu amante. A tu nada.

¿Y si lo que ves a la vuelta no te gusta?

Pocas veces vas a tener la perspectiva que tienes hoy respecto a tu vida. De hecho si no espabilas puede que no te dure siquiera hasta el próximo lunes, y volverás a eso que se llama rutina en el mejor de los casos.

Que algo sea rutinario no quiere decir que sea malo, así que siempre he sospechado que la palabra rutina en este momento de vuelta de vacaciones, no significaba sólo un acto que se repite en el tiempo de manera voluntaria, no, creo que significa algo que no te gusta y tienes que hacerlo sí o sí.

O no.

¿Recuerdas como te sentías el año pasado un día como hoy?

Iban a cambiar muchas cosas… sí, sí. Un montón.

No te iba a pasar como otros años. Ese año las cosas iban a ser muy distintas.
Cambiarías de trabajo. Hablarías con tu pareja y le dirías eso que llevabas meses pensando, y que nunca encontraste el momento. A tu madre le pondrías límites,  y a esos amigos a los que les quieres pero que te dejan sin energía, que no cuenten contigo. Irías a por ese hijo, gato o perro que llevas deseando desde pequeño; o a cambio te operarías el pecho. Feliz de la vida.

 Le dirías a ese amante que lo amas, y viajarías más, mucho más. Casi cada fin de semana.

Ya…

¿Puedes recordar el momento en el que NO se hicieron esas cosas?

¿Recuerdas si lo decidiste por lo menos?

¿Pero recuerdas que tenías ganas y que estabas convencido, no?

¿Por qué no pasaron?

. . .

Debes cambiar tu idea de por qué ocurren las cosas.

Siempre hemos creído que las circunstancias externas son las que influyen en nuestro estado interior. Yo creo que aquí como en otras muchas áreas de la evolución del ser humano, va a ser al revés.

Nuestra mente determinará que pasa en nuestro exterior y cómo.

A mismos pensamientos y sentimientos, misma realidad de siempre.

Tampoco es tan difícil de comprender, no? ¿Por qué nos cuesta tanto?

A mi entender hay dos tipos de personas: las que provocan el cambio mentalmente, como una chispa que arde y eso hace que físicamente empiecen a pasar cosas; o los que para provocar el cambio mental tienen que partir del físico. Y aun cuando ocurren ciertos cambios les costará creer mentalmente que ha sucedido eso que sea que anhelaba.

Son dos ritmos que se entremezclan pero uno siempre conquista al otro y le lleva a su terreno. Lo que sí que es cierto es que uno está en minoría de condiciones respecto al otro.

Sería bueno que supieras dónde te encuentras.

Los clientes vienen a verme porque quieren cambiar algún aspecto de su interior o de su exterior que por ellos mismos no pueden hacerlo. Bien. Pues en cuanto empiezan a cambiar algo, les entra el miedo y las dudas. Y muchas veces es la misma pregunta (yo la hice también) pero si cambio… ¿ya no seré yo?

Somos de fieles (o adictos según se mire) a las cosas que no funcionan bien en nuestra vida… uff!

Ojalá pudiera cambiar tan rápido. Ojalá fuera tan fácil dejar de ser uno mismo.

Según Joe Dispenza, bioquímico y quiropráctico, dice que esto nos pasa porque vivimos en un estado de supervivencia constante y estresante. Y seguro que está en lo cierto.

Hormonalmente recibimos órdenes para cuidar de nuestro YO, que normalmente es definido en el campo del físico, así que somos menos espirituales y más materialistas, miramos más al exterior y nos olvidamos del interior.

Todo cambio se inicia con un simple pensamiento, pero es cierto que mantenerlo a veces no es fácil.

Aprovecha el momento de claridad mental que tienes ahora e indaga.

¿Es cierto que quieres cambiar algo de tu vida? ¿Cambiar de profesión? ¿Quieres sentirte feliz? ¿Conocerte?

Parte de la infelicidad que tenemos es que como miramos tan poco dentro, somos una mente que va dentro del cuerpo de un señor al que ni siquiera conocemos.

El coaching te ayuda a mirar para dentro. A no salir corriendo cuando tus pensamientos se agitan, a dejar que salgan los “malos” pensamientos y a centrarte en los buenos. Me ayuda a inspirar, que a veces se me olvida hacerlo. A saber que cambiar no es “matarse” y que uno es y será muchas cosas en esta vida y experimentará más de un amor si se abre a ello.

Y sobre todo me ayuda a cambiar las cosas que no me gustan de mí y a conseguir otras nuevas que están más en sintonía con esa persona que soy en estos momentos.

Te invito a que hagas este ejercicio. No necesitas a nadie más, es muy simple:

Mírate a un espejo o imagina que estás en un teatro con público, inspira un par de veces y PRESÉNTATE

Preséntate en pasado, presente y futuro.

Ah! Y no vale eso de: Me llamo fulanito y estoy casado con… y trabajo en…. Y mis hijos tal…. No.

YO ERA: __________________________________________________________________
YO SOY:__________________________________________________________________
YO SERÉ:_________________________________________________________________

Podéis dejarme vuestros comentarios en la página de Facebook o como siempre escribirme a labienpensada@outlook.es


Bienvenidos a vuestra futura vida.

¿me tienes miedo?

Lo peor del miedo no es tener miedo. Lo peor del miedo es imaginar tu miedo.

Lo peor del miedo es meterte miedo, como sólo tú sabes hacerlo, con las cosas que más te asustan.

Lo peor del miedo no es miedo a sufrir. Lo peor del miedo es miedo a ser feliz.

¿Y si nos da miedo a ser felices porque serlo es sufrir más?

Esa pregunta me da miedo.

Miedo al miedo, miedo a sentir miedo, miedo a sentir amor y que se vaya, que desaparezca.

Si no tienes miedo, no tienes nada.

En el mejor de los casos tienes esperanza de que tu situación cambie, sin hacer nada, sin mover nada.

No muevas un pensamiento que sea tuyo. No provoques un cambio, porque tú seguirás ahí, esperanzado.

Es una sensación que te llena de energía a cambio de no hacer nada. Me quedo con la esperanza.

No.

Esperanza es tener vacío, que no es lo mismo que nada. Por lo menos yo tengo miedo.

Al tener miedo, siento.

Yo quiero saber que te quiero como para que me asuste perderte.

Quiero que contigo el tiempo pase tan rápido que no quiera dormirlo.

Pondré cuidado de vivir el miedo y aprender la lección y que la rutina no nos alcance. Para que venga otro miedo, uno nuevo, recién inventado por y para mí, míos.

Si fueran tus miedos los que me asustan, te dejaría, tendría que dejarte, por cobarde. Por cobarde tú, no yo.

No me interesan tus miedos, excepto para ver cómo me quieres a pesar de ellos.

Dejad que crezca con mis miedos, que no los desvelo por miedo sino por amor.

Aceptado está.

La bienpensada piensa bien, todo lo piensa bien.

Habla del desapego en el amor, habla de que no te enamoras del otro sino de ti mismo proyectado en el otro, habla de la inseguridad y de la ansiedad. Habla…

¿Será por eso que proyecto menos porque me conozco más y me quiero menos?

Miedo a quererte, miedo a quererme.

La bien pensada piensa tanto que no ha sentido que he robado su post.

Yo soy la bien sentida.

I can’t get no satisfaction

Siempre lo que queremos. Siempre lo que llegará. Siempre lo que buscamos.

Siempre lo que deseamos. Siempre lo que nos falta. Siempre buscando.

¿Y si no nos faltara nada? ¿Y si tenemos todo para ser felices y no nos damos cuenta?

Parece que el ser humano está desentrenado para valorar las cosas para siempre, la mayoría sólo lo podemos hacer por un tiempo y normalmente, corto.

Por mucho que algo nos impresione, después de acostumbrarnos a ese estímulo, nos aburrimos y pensamos que tampoco estaba tan bien, que ya no nos gusta tanto y que por qué no buscamos algo nuevo que nos emocione más. Da igual que sea un amor, que el monumento más impresionante que haya realizado el hombre o la Naturaleza.

Si pasáramos todos los días para ir a trabajar por la pirámide de Guiza o por el puente de Brooklyn un día podríamos decir algo así como: ¡menuda mierda de puente! ¡Qué largo que es! ¡Lo incómodo que es! ¿Por qué no lo hicieron así o así o así?

Y es que las emociones son instintivas, pertenecen a nuestro ADN animal y si no le ponemos cabeza se esfuman; por ello es tan importante diferenciar entre emoción, sentimiento y pensamiento.

Ernest Hemingway pensaba que la inteligencia era una carga:

“La felicidad es la cosa más rara que conozco en la gente inteligente”

Claro, que este señor se suicidó, no? No sé si es buen ejemplo…

A mi parecer, el Sr. Hemingway se equivocaba. Ser feliz es una cuestión de inteligencia. Hay que tener entrenado el cerebro y filtrar qué pensamiento dejamos que deje poso en nosotros y cuál no, y está claro que hay que ser inteligente para ver la botella medio llena cuando tienes exactamente la misma probabilidad para ser feliz o no. Eso es inteligencia.

Habéis estado persiguiendo una meta o un objetivo y cuando lo conseguisteis ¿Enseguida os ponéis otra vez a buscar otro? ¿Cómo si el anterior hubiera perdido valor? ¿Os reconocéis? Buscar y buscar, pero buscar… ¿Para qué?

Pareciera que siempre estuviéramos como adelantándonos a nuestra propia vida, siempre con el estómago un metro por delante, a ver si la alcanzamos. Este comportamiento nos crea un estado de insatisfacción, de estrés, de frustración y claro, lo que hay detrás siempre es el mismo conocido: el miedo.

Si confiásemos en que la vida nos dará cosas buenas, no tendríamos esa necesidad de controlar todo, porque seamos honestos, nos esforzamos tanto y nos presionamos tanto sólo para estar bien, para ser felices, pero escogemos el camino largo y tortuoso entre otras cosas porque creemos que sentarnos a esperar que nos ocurra algo estupendo no puede ser bueno.

¿Creencia religiosa? Puede ser.

Una de las cosas que más me sorprendió en su momento fue asumir que somos dos versiones de persona. Uno el que somos de verdad y otro el que normalmente ven los demás, algo así como nuestra tarjeta de visita. En mi caso la persona que soy es la que ve mi perra y mi gato, lo tengo claro y no soy tan guay, también lo tengo claro. 🙂

La versión “tarjeta de visita” es un diseño propio así que le añadimos cosas que pensamos nos van a venir bien, un poquito de valentía-arrogancia-mecagodemiedo por aquí y otro poco de simulación-seguridad-a ver si cuela por allá.

Y está bien, pero si no te controlas puedes acabar como un árbol de Navidad y cuando tu persona, la real, la que es sin más, sin impostar, encuentra hueco por donde salir, respirar y ver qué haces con SU vida… llega la desilusión y el desinfle.

¿Qué hago yo con tantas bolas de Navidad puestas? ¿En que estaba pensando os preguntáis?

Pues yo os lo digo: pensabais en adornaros, en adornaros la vida…pero claro, no sólo de apariencia vive la gente. ¿Sabéis perfectamente cómo es esa sensación, no? Es ese momento de lucidez, en el que tooodooo va mal, tooodooo es una mierda, has fracasado en tooodoooo. TODO.

Quizás estaría bien empezar por aceptar que me gustaría ser eso, o quizás me gustaría que los demás pensaran que yo soy eso y que tengo eso y que represento eso, pero NO SOY eso, sólo lo parezco y eso si me miras de lejos.

Hay que saber diferenciar qué somos, que no somos y que no seremos nunca por mucho que lo deseemos.

¿Cómo podemos ser realistas con lo que tenemos y motivarnos para lo que queremos conseguir?

1. Escribe en un papel las áreas de tu vida más importantes.
2. Tres deseos que siempre quisiste cumplir. Argumenta si alguno de ellos no se ha cumplido y la razón
3. Escribe cinco cosas de tu vida que tienes y no te gustaría perder.
4. Tres cosas de tu vida que te sobran. Explica por qué las conservas.
5. Tres cosas que te gustaría conseguir en un futuro próximo. Detalla que haces para conseguirlas y ahora intenta justificarte por qué no las tienes. Esas justificaciones te dirán por donde andan tus límites.

Todo esto para daros un toque de atención, para que le pongáis un poco de conciencia a la vida que tenéis, porque la vida en el fondo es una cuestión de proponerse ser feliz, independientemente de las cosas externas que nos pasen. Los que protestáis con un: sí, claro! y si te pasa esto también vas a ser feliz, no? Pues también, sí.

No se trata de estar carcajeándose todo el tiempo, ni eso de estar con la sonrisa puesta enseñando dientes, no; la felicidad es otra cosa.

Creo que la felicidad se acerca más a una satisfacción continuada en el tiempo, equilibrada, como de estar a gustito y relajado mientras vas consiguiendo lo que te va hacer más feliz; eso sí, encajando también cosas menos buenas que te van pasando mientras lo haces. Lo curioso es que siempre nos parecen más las buenas que las malas.

Si lo hacemos así, es más fácil que nos fijemos en las cosas que tenemos y no en las que nos faltan, porque está bien tener objetivos pero no quimeras. Son cosas diferentes. La quimera siempre te hará estar en un permanente: seré feliz cuando llegue. Me temo que no es así.

Nuestra mente es plástica y depende de lo que pensemos, lo que aprendamos o de las experiencias que tengamos que cambie sus funciones. Cambia como cambia en nosotros los pensamientos, así que la felicidad es también una cuestión de entrenamiento y el entrenamiento es lo que cambia nuestro cerebro.

Eso es lo que hacemos en coaching, cambiar nuestra manera de pensar y cambiar la estructura física de nuestro cerebro. De este modo, si tiendes a utilizar la parte del cerebro que te hace ser negativo, cuántas más veces la utilices más en forma estará y más dispuesta estará para negativizar tu vida, porque el ser humano va construyendo su propio mapa afectivo y emocional, con las experiencias que tiene y con su actitud hacia ellas. Esto último me gustaría haceros un tatuaje para que lo recordaseis siempre.

Si estás triste o cansado, compórtate como si estuvieras alegre y con energía. Inmediatamente tu cerebro dará la orden a todo el cuerpo y notarás el cambio enseguida.

Cuando no puedas más, cierra los ojos e imagina la vida que te gustaría vivir y trata de sentir cómo te sentirías en esa vida. Pórtate como si muchas de las cosas que quieres conseguir te las merecieras desde siempre, y si no crees que te las mereces escríbete una carta argumentando por qué no te las mereces. Ya verás cómo sobre papel las excusas no suenan tan reales.

Deja que las cosas te lleguen sin hacer contorsiones y verás como empiezas a vivir más el presente y dejas de correr detrás de las cosas para conseguir pequeños premios, porque la realidad es que si vas detrás de algo siempre vas un paso atrás, no?

Pórtate como sabes que te hará bien, y si no sabes qué te hace bien, imita a alguien que te guste la vida que lleve o incluso que sientas envidia. Es una pista.

Mientras try and try and try 🙂

¿ siempre happy ?

Hace unos días compartí en Facebook en el muro de La Bien Pensada un video de Odín Dupeyron, escritor, actor, director y conferenciante estupendo.

En ese video hablaba de su filosofía de vida. La verdad es que cuenta las cosas con mucha gracia y me gusta, pero creo que en ese video se quedó la superficie y hay mucho más que decir.

Él habla de esta corriente de buen rollismo generalizado que se ha instalado especialmente en las redes sociales: frases espirituales, pide y se te dará, todo se puede conseguir, ser feliz todo el rato, etc.

Ese positivismo puede llegar a ser cansino, podemos acabar saturados de tanto buen rollo y además, puede ser inútil para incentivarnos o cambiar nuestra actitud. El ser humano se cansa de todo y a veces creo que más rápidamente de lo bueno.

Comparto con él que hay veces que no se puede y no se puede, hay que asumirlo y punto. De hecho empecé un post así hace un tiempo; pero debajo de esa situación hay más, como por ejemplo que de ese “no se puede” se necesita aprender ciertas cosas.

Que si tú deseas algo y no lo puedes conseguir, es porque en el camino te dejaste una piedra que tienes que recoger y ver qué haces con ella.

Que quizás no estés preparado para ese objetivo que te marcaste y hay que aprender algo antes, o que tienes que cambiar el destino donde te dirigías porque no te espera nada bueno al final de ese camino, lo que sea, pero yo creo que siempre es para bien, aunque sea pesado, lento, doloroso o no podamos verlo en ese momento.

Esto es una creencia que yo tengo.

Diréis que no puedo demostrar esta creencia, y es verdad, pero vosotros tampoco podéis demostrar lo contrario.

exit

A mí me sirve. Me sirve pensar que eso que me está pasando, puede que sea lo mejor que me puede pasar en ese momento, y que en un futuro daré las gracias porque Paco me dejó o porque me despidieran.

Me sirve para pensar que de todas las situaciones, esta es la menos mala para mí.

Eso no quita mi berrinche, además, creo que es muy sano tenerlo, porque eso de estar sí o sí siempre happy no lo veo. De ahí a que las cosas siempre tengan que ser como yo quiero que sean tampoco. ¿Os acordáis de ese post?

Hay mucho niño grande por ahí suelto (yo la primera) de entrar en pataleta porque yo creí que las cosas iban a ser como yo pensé que serían, y además me esforcé para que todo saliera cuando yo quería, y hasta decidí el cómo y el donde yo lo quería. Uff!! ¡Qué estrés de control!

Confiar en que todo va a salir de la mejor manera para nosotros, es de las mejores cosas que os puedo transmitir.

Cuando todo va mal y parece que no damos una, y que todo se estropea…respirad profundo, exhalad, y pensad que esa es la mejor carta que os podía salir en esta mano así que a cambiar pensamientos rápidamente.

Resetearos y adaptaros al nuevo pensamiento que tenéis que tener y ese pensamiento, será el que mejor os sirva para vuestra intención.

La intención viene de unos pensamientos realizados con anterioridad y con unos sentimientos a nivel físico, creando una sincronicidad entre lo que pensamos y lo que sentimos; y nuestra intención de acción se abre camino fácilmente. De ahí a ponernos en marcha, no hay nada.

No me canso de decir que la teoría está muy bien, pero las cosas hay que vivirlas. El coaching es algo vivencial, hasta que no lo vives no sabes qué cartas saldrán.

Está muy bien saber las cosas o pensar cómo creemos que actuaríamos en esta u otra situación, pero lo importante es cambiar cosas, porque lo único que está claro es que si no cambiamos nada, todo sigue igual y entonces nos quejamos otra vez y volvemos a empezar.

Lo de pedir al Universo, está muy bien por la parte que tiene de proyectar un futuro que deseamos y comenzamos a mover el engranaje de nuestra maquinaria para pasar del deseo a la realidad.

Al tener un pensamiento generamos unas sustancias químicas (no olvidemos que somos una fábrica de química y energía) y mediante los neurotransmisores enviamos unos mensajes, los neuropéptidos, le van a decir a nuestro cuerpo “cómo queremos que se sienta” usando las hormonas, y a partir de ahí, el cuerpo que quiere estar siempre en consonancia con la mente y viceversa, se adapta a esas órdenes y… ¡ya tenemos sentimientos en nuestro cuerpo acorde a lo que pensamos!

Luego diremos que nos sentimos bien o mal, pero ¿Quién empezó antes?

¿Cómo conseguimos nuestros objetivos? ¿Qué plan seguir?

Hay muchos caminos, y muchas curvas pero un buen principio puede ser este:

Saber lo que queremos

Sí, diréis que esto es obvio, pues no lo es tanto. El 80% de las personas me dan un “no sé” como respuesta a mis preguntas en las sesiones de coaching. Y lo mejor de todo es que esta respuesta está muy bien porque nos permite indagar, averiguar, imaginar…
Muchas veces no sabemos lo que queremos. Sabemos que queremos estar bien y todo eso, pero no sabemos verbalizar que queremos primero esto, luego esto otro y luego lo de más allá. Y todo eso se hace cuando hemos investigado en nuestros deseos, en nuestras posibilidades REALES (es una gran diferencia entre pedir y pedir al Universo) y en por dónde empezamos. Aquí un buen coach ayuda mucho.

Dar un primer paso

Esto os lo he dicho más veces. Atrevernos a dar el primer paso, luego los demás vienen por inercia y además, una vez que ponemos en marcha algo, no sólo contamos nosotros, ahí, en el terreno de juego entran más factores con los que no contábamos pero que también nos aportan cosas.
Déjate sorprender. Deja de controlar.

Saber leer las respuestas

No empeñarnos en cosas que parece que nos cuestan la vida, que siempre parece que se gafan por algún motivo por pequeño que sea, que depende de mil cosas para que salgan bien y estamos realmente estresados haciendo que ocurra. A lo mejor no es para ti.
Me gusta creer que lo fácil siempre es lo que nos conviene. No creo mucho en eso de que hay que pelear por las cosas, más bien creo que si algo es para ti, se sienta y espera a que llegues a tener la consciencia que necesitas para tenerlo, para apreciarlo y para disfrutarlo. Así de fácil.

Esperar al tiempo

Hay veces que tenemos que esperar al tiempo y otras veces es el tiempo el que nos espera a nosotros, pero si tiene que ser, será para ti.
Esto es especialmente importante si al final conseguimos las cosas, porque cuando tengamos aquello que deseamos, podemos disfrutarlo y ser muy felices, o si no hemos hecho bien los deberes, morirnos de miedo a que el Universo, el del quiosco o la primera que pase “nos lo quite”.
Por eso es importante saber qué es para nosotros, y saber a qué o a quién tenemos que renunciar.

Ten imaginación

No te limites. Sí, ya sé que no tienes las piernas que quieres, no mides lo que te gustaría medir, te has quedado calvo y nunca pensaste que ocurriera porque tu padre sigue con melenón, que te despidieron y nunca creíste que pasarías por esa experiencia, sea lo que sea, atrévete a ir un poco más lejos. Ve más allá.
Si sólo ves tu parte menos interesante para ti, valorarte cuesta muchísimo y cualquier error mínimo lo vives como si fuera lo más importante de tu vida. No es así. Los errores forman parte del proceso de aprendizaje.

Actuar como si ESO que queremos ya fuera nuestro

Esto tiene doble propósito: darnos cuenta de que la mente tiene mucho poder y que si crees algo aunque sea mentira, todo tu cuerpo siente que es así.

Hay que tener cuidado en no dejar eso a nivel mental y ser capaz de intentar llevarlo a la realidad sirviéndonos de esas sensaciones como motivación, y dejando espacio para que cuando esa fantasía se haga realidad a lo mejor o a lo peor algunas cosas cambien por el camino.

Y segundo, que es posible cambiar tu destino gracias a la física cuántica, pero esto sí que es otro post.

Ah! y algo que creo que es importante, déjate dudar, déjate tener pensamientos contradictorios, déjate sentir imperfecto, déjate decir una cosa y hacer otra, dejarse ser un rato, llora y recupera la perspectiva, porque eso es el camino, y a veces es todo lo que tenemos.

Disfruten.