¿de qué depende?

El año pasado en estas fechas os animaba a escribir vuestros deseos en un papel y guardarlo hasta el día de hoy. Os animaba a que los escribieseis en positivo, a diferenciar los debería de los verdaderos deseos… y ¿bien? ¿Qué ha pasado? ¿Habéis cumplido alguno de esos deseos? ¿Todos? ¿Ninguno?

Si los habéis cumplido, felicidades! Ahora sólo tenéis que formular nuevos deseos y seguir en ese camino.

Si habéis cumplido alguno, pensad en qué ha pasado con los que no. ¿A lo mejor dejaron a mitad de año de ser importantes?

Si no habéis cumplido ninguno de vuestros deseos haceros un chequeo rápido:

– ¿Estoy dónde quiero estar?
– ¿Trabajo dónde quiero trabajar?
– ¿Estoy satisfecho de la vida que tengo?
– ¿Soy feliz con mi pareja o muy feliz sin ella?

Lo siento, pero después de tantos días de excesos, de comer y beber como si no hubiera un mañana, el mañana ha llegado y vuestra vida también. Puedes meter la cabeza debajo de la almohada y seguir apegado a vuestra vida sólo porque es la vuestra o podéis aspirar a más. Aspirar a ser todo lo feliz que puedas llegar a ser.

Y si crees que soy una soñadora por decir esto, tienes un problema: tus limitaciones.

Ya hemos hablado muchas veces de cuáles suelen ser los mecanismos que tenemos para no avanzar, para quedarnos estancados, pero creo que nunca hemos hablado del apego. (Curioso que esta palabra tenga al ego dentro, no? )

Hay dos tipos de apegos: el que se tiene de una manera instintiva, biológico: padres-hijos (no hay datos verídicos que justifiquen noches enteras sin dormir si no hubiera apego😊) y el apego mental, o sea la dependencia psicológica que tenemos con otra persona o cosas.

Hay gente que se apega a su coche, a su casa o a su ropa. Esta dependencia puede ser por motivos sentimentales, por motivos de imagen (lo que esos objetos dicen de nosotros) o por motivos pesimistas (creemos que no encontraremos nada mejor)

El apego con personas claramente es el peor. A través del amor romántico entramos en un enganche psicológico donde depositamos nuestra “valía” en esa persona. De este modo él o ella se convierten en una especie de termómetro que dice si valemos o no, si somos dignos de ser amados o no, si somos deseables o no, si podemos respirar o no.

No es amor. Es dependencia, es obsesión, pero nada tiene que ver con el amor. Es cierto que también tiene mucho deseo, pero eso no lo convierte en amor. El ser humano es capaz de desear sexualmente sin sentir amor y viceversa, pero NO es amor. Esta confusión también hace que la gente aguante humillaciones en pos de la dichosa palabrita. Porque por amor se aguanta todo, no?? Maldito romanticismo.

john lennon

No es porque lo diga John Lennon, pero…

El apego tiene más de adicción que otra cosa. Es como el enganche con las drogas, el tabaco o el alcohol. Si a pesar de saber que son malos para tu salud no eres capaz de renunciar a ellos o al menos de dosificar su consumo, estás enganchado.

Todos los enganches nos dan algo positivo y además lo hacen de una manera inmediata, porque a la larga todo son cosas negativas.

Ya sé que todos decimos que no, que estaríamos mejor sin tener esa dependencia pero la verdad es que “eso que sea que es” nos proporciona algo que por nosotros mismos no somos capaces de conseguir.

En el ámbito de la dependencia amorosa, siempre cubren una carencia que tenemos, las utilizamos de muletas. “Sabemos” que solos no podemos auto abastecernos, auto querernos, auto valernos, auto lo que sea. Entonces buscamos o nos encuentran porque en esto como en todas las relaciones humanas es cuestión de energía. Yo emito la señal adecuada de llamada y tú emites la señal adecuada de recepción.

¿Os acordáis de que siempre os digo lo de en un extremo el amor y en otra el miedo? Pues en este caso el apego no está del lado del amor, sino del miedo. El apego es la antesala del miedo ya que por miedo a estar solos nos apegamos a alguien, dependemos de su compañía, le agobiamos porque no nos da la suficiente atención, etc.

Diréis que esto es amor y es deseo, bueno… en parte. El problema es no poder pasar sin esa persona.

Es genial desear estar con alguien, enamorarnos y echarle de menos si no estamos con esa persona; lo que ya no es tan normal es que nos hundamos si no la tenemos.

Si estamos enamorados de una persona y ésta nos deja, es normal que lo lamentemos, que nos duela durante un tiempo, lo que ya no es tan normal es que consuma toda nuestra energía, que hagamos estrategias para que vuelva, le controlemos e incluso presionemos para que vuelva con nosotros.

Normalmente esto ocurre cuando tenemos una baja tolerancia al fracaso en general. A veces es un “a mí no me deja nadie” (ego) y otras es un “que voy a hacer sin él/ella” (miedo).

Que nos deje esa persona es doblemente doloroso, uno, porque es la persona que queremos, y dos, porque nos deja sin nuestra dosis de droga emocional.

Lo paradójico del tema es que muchas personas aguantan unas situaciones tremendas de maltrato, indiferencia, humillación, desprecios, sólo por no estar solos y enfrentarse a ellos mismos a sus miedos, pero también es porque con esa pareja pueden adoptar de cara a los demás un papel de víctimas. Víctima= inmovilidad.

La realidad es que esta personas tienen una muy baja tolerancia a sentirse mal, a sentirse frustrados… digamos que son unos blandengues. No son capaces de renunciar a nada y menos a un placer inmediato aunque a la larga les prometan que el premio será mucho más satisfactorio.

Antes de hacer frente a la situación enfermiza en la que estamos metidos jugamos al solitario nosotros solos, haciéndonos trampas, claro!

“se va a separar pero es que tiene muchos problemas”
“me quiere pero no es su momento”
“hay muchas parejas como nosotros”
“yo sé que siempre volverá a mí”
“él – ella también me necesita”
“un día verá lo que valgo”
“lo dejaré poco a poco”
“sólo nos acostamos”

Uff!!! Todo lo anterior NO es amor. Busca tu dependencia, busca tu muletilla y podrás empezar a ser por ti sólo.

Sé que cuando alguien no nos corresponde es doloroso, y puede afectar a nuestra autoestima, pero el amor siempre es positivo, nos saca nuestro mejor lado, potencia nuestras virtudes, nos da seguridad, no hablamos de él en futuro, es de ida y de vuelta , tiene risas y aunque no perdura en el tiempo, porque el amor es bastante exquisito y se estresa enseguida; con los pañales, los niños, la falta de sexo, la hipoteca, tu familia y la mía; lo único cierto es que hay amor cuando las dos partes se siente amadas.

Si estás en una relación de dependencia, sólo deseo que puedas ver dónde estás metido aunque sea de soslayo, que tengas la valentía de pasar a la acción cuanto antes, que puedas pedir ayuda, porque sólo es más difícil pero no imposible. Que no te desenamorarás y luego le dejarás, que el juego es al revés. Le dejarás y luego te desenamorarás.

Sólo depende de ti.

Feliz Año!!

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¿miedo yo?

Me sorprende que se crea que coaching es decir frases motivadoras tipo: ¡Yo sí puedo! ¡Todo es posible! ¡No hay miedo!

Pues siento deciros que el coaching no es eso. A veces no se puede, a veces no es posible y sí hay miedo. Muchas veces hay miedo y del grande.

La diferencia es que el coaching te ayuda a situarte en el escenario real y aprender a gestionar cosas. Si es posible que puedas o si no, te ayudará a aceptarlo y buscar otros caminos.

Y si tienes miedo, no quiere decir necesariamente que seas débil, inseguro o cobarde; te ayudará a gestionar ese miedo y a ir a la raíz del mismo, y a que a pesar del miedo sigas adelante, por ese camino o por otros.

Me gustaría dejar claro que sentir miedo es igual que sentir alegría pero del otro lado, del que no nos gusta sentir. Ser fuerte no quiere decir ausencia del miedo, sino que con él a cuestas logres integrarlo, despejarlo y a pesar de ese sentimiento seguir tu camino y aprender a vivir con él. Curiosamente, de este modo el miedo suele si no desaparecer, no interferir en tu vida de manera que no intentes las cosas.

El miedo a pesar de su mala fama es un gran aliado. Nos avisa de cuando estamos en peligro, lo que ocurre es que si no le prestamos atención y hacemos como que no lo vemos y no lo escuchamos, él por su cuenta y riesgo empieza a crecer y se hace más fuerte, impidiendo que podamos ver la realidad; porque el miedo puede ser real o irreal.

La mayor parte del tiempo sufrimos porque nos metemos miedo sobre cosas que han pasado o sobre cosas que creemos que nos pasarán, pero quizás nunca ocurran.

Mientras tanto nos hacemos pasar una y otra vez por ese estado mental que nos paraliza y nos bloquea.
Los seres humanos tenemos multitud de sentimientos pero los más potentes son el miedo por un lado y por el otro lado el amor, como si fueran los dos colores primarios. Todos los demás sentimientos son una amalgama de colores que se van fundiendo a raíz de los dos colores básicos y nos generan otros, que son como colores secundarios: ira, frustración, impotencia, alegría, bienestar, paz interior…

Como entiendo que ninguno de vosotros tiene problemas para gestionar la alegría, ni el buen humor, ni el amor, vamos a centrarnos en el miedo.

El miedo sólo es una percepción, no es real.

La teoría parece fácil, uno deja de “percibir” y se acabó el miedo, ¿no? Como sabéis no es tan fácil.

Cuando uno tiene miedo, no es agradable. Es una emoción que te coge una parte por dentro (en algunos el corazón, en otros el estómago, las cervicales, etc.) y te estruja tanto y tanto como tú le permitas.

Lo primero es atreverse a mirar ese miedo de frente. Saber qué mensaje te viene a dar. ¿Es real esa situación? ¿Qué posibilidades hay de que ocurran todos esos malos augurios que tú solito visualizas? ¿Es una certeza al 100%? ¿Sabes de alguien más que haya pasado por esa situación?

Hay dos tipos de miedo: el real y el que nosotros nos infligimos (el Juan sin miedo, todo el día probando cuánto miedo podía pasar…)

El real siempre ocurre en tiempo presente.

Imagina que vas andando por la calle y de pronto escuchas un ruido extraño a tu espalda, antes de que ni siquiera te haya dado tiempo a comprender de qué se trata, tu cerebro ya ha enviado la voz de alarma y no necesitas ni haber procesado ese miedo.

Ese botón tiene forma de almendra, se llama amígdala y está situada en nuestro sistema límbico.
amigdala

Así que podéis relajaros, todos tenemos ese botón de emergencia que nos avisa, seamos conscientes o no de ese peligro. Es como un radar, está todo el día buscando información del exterior por si hubiera algo que no encajara y ponerse a gritar como un loco. 

Está demostrado que aunque no seamos conscientes del miedo la amígdala empieza a enviar mensajes al cuerpo, como sudores en la mano o agarrotamiento en el cuerpo.

¿No os ha ocurrido nunca que os sentís raros, molestos y no sabéis por qué? A veces os ocurre en presencia de alguien o en un lugar ¿no os ha pasado ir por la noche andando a casa (a lo mejor esto más a las mujeres) y de pronto sentís un malestar y cambiáis de acera porque “algo” os dice que lo hagáis?

Y es tan efectiva, que si alguien tuviera lesiones en esa zona donde está alojada la amígdala, no procesará si alguien se le acercara con malas intenciones, o si estuviera en un precipicio, en definitiva, no le avisaría del peligro.

El otro miedo es el que aún sin haberse dado esa situación de peligro real, nos recreamos imaginando cosas (siempre en nuestra contra) haciéndonos pasar por esa situación una y otra vez.

¿Os he dicho alguna vez que la mente no distingue lo real de lo irreal? En realidad esto lo sabéis todos ya, lo que pasa que no os habéis parado a pensarlo nunca.

Siempre pongo el mismo ejemplo: tú vas al cine y si la peli es un drama, sales del cine con una congoja alucinante, y pensando qué necesidad tengo yo de pagar 10€ y pasar este mal rato. Pues eso es lo que os hacéis vosotros imaginando toda clase de desastres en vuestras vidas.

A veces esto se produce sobre todo por las noches, al irse a dormir, con la oscuridad y cuando más relajados estáis ¡bum! empieza vuestra película particular.

Esto también ocurre porque el cerebro racional se va a dormir y despierta el inconsciente, ese que es más creativo y se pone a pensar, y claro, lo hace normalmente con cosas irreales, por lo que pueda pasar; repasando una y otra vez situaciones que se podrían llegar a dar pero que en realidad están en la autopista del futuro. Es como imaginarnos cruzar un puente cuando todavía nos faltan dos o tres antes de llegar a ese.

¿Cómo luchar con este miedo?

Para empezar aceptando que es cierto que pudieran pasar todas esas cosas, pero asumiendo el control de la situación y sabiendo que si llegaran a pasar sabríamos hacerle frente, y seguramente, no sería con ninguna de las salidas que hemos previsto mentalmente con anterioridad.

En física cuántica dicen que si pudiéramos ver el futuro, el simple hecho de estar visualizando ese futuro ya cambiaría esa realidad inmediatamente. Tiene sentido, no?

En segundo lugar revisando nuestra percepción de la situación. ¿Cuál es?

Significado de percepción:
“Proceso por el cual una persona tiene conocimiento del mundo exterior a partir de las impresiones que le comunican los sentidos”

“Captación o conocimiento de una cosa por medio de las sensaciones que brindan los sentidos”

Y claro, en esos momentos nuestros sentidos no están muy acertados. Están revueltos o simplemente están bloqueados.

Esto nos lleva al tercer punto: cómo gestionar nuestros sentimientos y como gestionar nuestro ego.

Aunque el ego necesita un post como mínimo para hablar de él, os adelanto que si estáis completamente identificados con lo que os dice la voz de vuestra cabeza (ese conjunto de pensamientos involuntarios y con las emociones que éstos originan) estáis apañados, por no decir otra cosa.

Si no sabéis de la existencia del ego, pensaréis que vosotros “SOIS” lo que pensáis y no es así. Es cierto que en cada pensamiento, en cada sentimiento hay una parte de vosotros, pero vosotros sois mucho más. Creo que un profesor me dio esta definición: “los pensamientos son como una bombilla y vosotros sois la central eléctrica que le suministra energía.” No está mal, no?

Es necesario tomar distancia de esos pensamientos, escucharles, intentar ver la posibilidad de que eso ocurra y aceptarlo. El miedo siempre viene a solucionar algo que tenemos escondido en nuestro interior. Un coach te hará de espejo, te ayudará a ver otras posibilidades y tú mismo tendrás una percepción mucho más real que la que tenías antes. Te conocerás mucho mejor con lo que es mucho más fácil aceptar y asumir las cosas que no puedes o que no quieres, y sobre todo te ayudará a que dejes de jugar a meterte miedo y puedas pasar a mover ficha.

Feliz coaching!!

iniciando ruta

¿Sabes cómo piensa la persona que te gustaría ser? ¿Sabes cómo es? ¿Te preguntas qué cosas tendrías que cambiar para llegar a ser esa persona? ¿Cómo anda? ¿Anda como tú? ¿Mira como tú? ¿Dice no como tú?

Si en el pasado post os hablaba de diferentes puntos en los que debemos fijarnos para chequear cuán felices somos, en este os hablo de cuáles pueden ser los motivos por los que aún deseándolo no somos capaces de modificar algunas áreas de nuestra vida.

La primera y sin pensar mucho es la inercia. Sí, ya sabéis: “yo soy como soy y esto es lo que hay”. Qué cambien los demás. ¡Error!

Ponemos mucho énfasis en que cambie este o el otro; que nuestro jefe sea más justo (en el mejor de los casos, nos conformamos con que sea profesional) que nuestra pareja sea más detallista o que nuestra familia sea más compresiva, pero ¿y tú? Exactamente para gustarte ¿Qué cosas sería bueno que cambiaras?

Ya os adelanto que los demás no cambian por mucho que se lo pidamos de buenos o malos modos. En algún caso, camuflarán las cosas para que nos callemos y disimulen ser como son para que les dejemos ser lo que son, pero cambiar cambiar… difícil. Luego viene esto de: “ él / ella nunca ha sido así”. Yo os digo que: o sí, de hecho siempre fue así.

He tenido una chica que vino a la consulta para que le enseñara cómo se debe aprender a tener una buena autoestima y luego enseñársela a su novio. Ella estaba convencida de que a su novio le hacía falta, pero claro, él no debía ni de enterarse, porque él no era mucho de estos “rollos”.

Aparte de causarme mucha ternura y sorprenderme cómo nos hacemos cargo de la vida de los demás, en vez de la nuestra propia, que por otro lado es la única vida que podemos modificar, me alucinaba lo abnegada que ella iba a ser en “beneficio” de su pareja.

No es que no crea que él o cualquier persona no vaya a ser más feliz y más completa con una buena autoestima, pero… de ahí a facilitársela por obligación, uff!!

Sobra decir que no hubo coaching. 

Uno mismo sabe cuándo ha llegado ese momento en el que sí o sí, se va a dedicar a cambiar cosas que no le agradan de uno mismo. Y cuando llegamos a ese punto, es justo cuando estamos preparados para el cambio. Para dar un salto en nuestra evolución.

Nos cuestionamos lo que pensamos y desde hace cuánto que lo pensamos, y si seguimos pensando lo mismo. Nos preguntamos que si no pienso esto y ahora quiero pensar otra, qué beneficios me traería y sobre todo nos preguntamos por dónde empezar.

Es difícil empezar uno solo cuando no se tienen las herramientas; pero una vez aprendidas es muchísimo más fácil saber gestionarse en presente y en futuro.

Después de haber hecho un coaching, tu nivel de conocimiento sobre ti mismo es tan grande, que sabes qué cosas te hacen fuerte y cuáles te hacen débil. Es justo ese conocimiento el que más fuerza te da: saber cuáles son tus debilidades.

Estoy segura de que tienes una o varias excusas para actuar como actúas, no es cuestión de justificarse, pero lo que sí es cuestión es de verle la cara a las debilidades que todos tenemos. Por donde se nos va la energía. Dónde están nuestras fisuras.

Puedes seguir camuflándolas, o salir del paso haciendo equilibrios, pero os aseguro que es mucho mejor conocer al “enemigo” y aprender de él que seguir haciéndoos los locos.

Puede que hasta ahora, esta teoría la sepáis muchos, pero… ¿cómo se cambia?

Tengo una amiga a la que adoro que siempre siempre me dice que ella nunca va a cambiar. Y tiene razón. Está tan identificada con sus pensamientos, con su ego y con lo que ella se reconoce de sí misma en el pasado, que no admite variación alguna. Se identifica más con lo que fue que con lo que quiere llegar a ser.

Ella lo intenta a su manera pero siempre recae en lo mismo. Lejos de hartarse de su mecánica, esto le da más fuerzas para autoafirmarse en que nadie cambia. Además, si ella no fuera “eso”, ¿Quién sería? Esta pregunta a veces da mucho vértigo.

Siento deciros que ante esto yo no puedo hacer mucho. Lo segundo que se necesita es pensar que quizás se pueda cambiar, que a lo mejor un pequeño cambio se produce y eso te lleva a otra cosa y otra y otra… luego vendrá el creer en ello.

Dentro de las sesiones de coaching los cambios suceden de una manera mucho más fácil que cómo las pensamos en nuestra cabeza. El inconsciente comienza a tomar protagonismo y os sorprendería saber todas las cosas que guardamos en esa parte de nuestra cabecita.

En un post no puedo reflejar cómo sería la evolución de cada uno, porque cada persona crea sus propias circunstancias y su propio coaching, lo que sí os puedo decir es cuáles suelen ser las razones principales por las que no hacemos los cambios aunque los deseemos:

– Por nuestro pasado. Nos sentimos identificados con lo que fuimos no con lo que seremos.

– Por la gente que nos rodea. Thomas J. Leonard (gran coach) decía que nos volvemos con el tiempo como las cinco personas con las que más tiempo pasas. (da un poco de miedo, no?)

– Por lo que nos motiva el cambio y sus beneficios.

– Por lo que nos inspira.
¿Te has preguntado alguna vez si te alimentas de pasión o de rutina?

– Por nuestra educación. Normalmente nuestro entorno hace el 50% de lo que seremos.

– Por las ideas que dominan nuestros pensamientos. (ahí entro yo!)

– Por tus valores, tus fortalezas y tus debilidades.

– Por lo grande de tu imaginación. Si te permites o no soñar.

– Por nuestras habilidades innatas.

– Por tu autoestima ¡cómo no!

– Porque estamos intentando compensar algo. Conoce el qué y podrás cambiarlo.

En coaching no se trata de dar saltos mortales. Lo tercero que se necesita es pasar a la acción. En coaching nos vamos poniendo casi siempre colchones para que no resbalemos y nos rompamos un hueso.

Hay que verificar bien si ese es tu objetivo y saber que ese es el camino y el momento porque podemos poner toda nuestra energía en lo que “debo” y no en lo que “soy”. Lo sabréis muy bien aquellos que hayáis conseguido algo que supuestamente os iba a hacer muy feliz y cuando lo conseguisteis os estaba esperando una insatisfacción grande en vez de la felicidad.

Quería poneros en papel todas esas cosas que nos da pereza plasmar a cada uno de nosotros para que si después de leer este post algo os pita por dentro, pues… ¡Felicidades! Hora del cambio.

Para que no os quedéis enganchados en los porque no puedo, os voy a dar también algunas razones poderosas para atraer lo que puedo y quiero.

– Muéstrate orgulloso de tus talentos naturales.
– Da el doble de lo que prometes.
– Rodéate de gente que te guste.
– Elimina el postergar las cosas para mañana
– No toleres nada, cuando lo haces tragas algo que no has digerido bien y claro, te atragantas.
– Sé sincero contigo y con los demás.
– Sé sensible con tu entorno. (Esto me da para un futuro post sobre los veganos y su evolución mental.)
– Mejora la decoración de tu casa. No es cuestión de dinero, sino de detalles pequeñitos.
– Sé más asertivo de lo que normalmente eres.
– Acepta y aprueba tus mayores debilidades pero nunca te resignes.
– Admira lo que has conseguido hasta ahora. Ni la mitad de lo que conseguirás.

El deseo es una energía muy potente. Ella hará que paséis a la acción.

Buen camino y buen coaching.

pajaritas en la cabeza

¿Qué ocurre cuando quieres vivir otra vida que no es la tuya?

¿Has estado en una isla maravillosa y se te pasa por la cabeza dejarlo todo y quedarte allí?

¿Qué tiene o mejor, qué no tiene esa isla?

Si esto te ocurre en estas fechas pos vacacionales todo el mundo te dice que te tranquilices, que ya se te pasará, que te volverás a acostumbrar y tú no puedes evitar sentirte el ser humano más desgraciado del mundo. Dicen que ya te acostumbrarás de nuevo… y lo malo es que tienen mucha razón.

El hombre es un animal de costumbres. Siempre nos la estamos dando con la libertad y el poder elegir y bla bla bla y a veces lo peor que podemos hacer con un ser humano es darle libertad. No sabríamos hacia dónde tirar. Hasta ahí llega nuestra inconsciencia.

Hay muchas personas que en su día eligieron buscar otra vida, cambiar totalmente el rumbo, dejarlo todo y buscar otros mundos, pero hay otros que sabiendo que no son felices, se ajustan la corbata el lunes y van a trabajar porque eso es lo que tienen y lo otro, pues lo otro son pájaros en la cabeza.

Nuestras creencias nos frenan y nuestras creencias nos empujan.

En el fondo, nos han educado para aceptar que la vida es así, que las vacaciones son sólo en agosto mientras que el resto del año hay que ser responsable, si tienes suerte algún fin de semana de escapada y vuelta a trabajar y ganar dinero, pero exactamente ¿para qué?

Os voy a dar unas pautas para que reflexionéis sobre el rumbo que lleva vuestra vida y dejéis de vivir en pasado y os centréis en lo más poderoso que tenéis para cambiar las cosas, vuestro presente.

Trabajo: ¿Te dedicas a lo que te gustaría dedicarte? ¿Trabajas demasiado tiempo? ¿Ganas el dinero que consideras justo? ¿Si no hicieras este trabajo harías otro?

Amor: ¿Tienes pareja? ¿Estás feliz con esa persona? Si la respuesta es no ¿qué te ata a ella? Si no tienes pareja ¿la buscas? Si la quieres y no la buscas ya tienes respuestas.

Ocio: ¿Te gusta tu tiempo libre? ¿En qué lo dedicas? ¿Tienes hobbies? ¿Hace cuánto que no tienes un hobby nuevo? ¿Ves mucho la televisión?? Ahí tienes más respuestas…

Salud: ¿estás contenta con tu estado de salud? ¿Qué te gustaría mejorar? ¿Hace cuánto que no te haces un chequeo?

Amistad: ¿Tus amigos son amigos a los que aprecias o sólo son relaciones que están aquí por un montón de razones excepto que porque te gustan? ¿La amistad se elige? ¿Es posible tener un amigo al que no aguantas? ¿Eso quiere decir que invalida la amistad por si sola? Haz una lista de la gente que verdaderamente te gusta, te sorprenderás.

Familia: Esta es la más controvertida. Aquí sí que hay tema para no uno sino varios coachings.  Concéntrate en ver los aspectos positivos, sé realista entre las cosas que pueden cambiar (en esencia tú) y cómo puedes empezar a ser más amable con ellos. Si lo consigues ponte un 10.

Forma física: ¿Te gustas? ¿Estás a gusto en tu piel? ¿Te gustaría adelgazar? ¿Engordar? Haz un repaso de las cosas que están en tu mano y te gustaría cambiar y a su lado detalla los motivos por los que quieres mudar de piel.

Estado Mental: Repasa cuáles son tus ambiciones y si son las mismas desde hace años. Piensa en si has incluido valores o acciones nuevas. ¿Sigues pensando lo mismo sobre cosas como el matrimonio, los niños, la manera de vivir que ibas a tener? ¿La tienes?

Dejad que reposen vuestras contestaciones. ¿Os dicen cosas nuevas o son las mismas respuestas que lleváis años sopesando? ¿Es posible la felicidad absoluta? ¿Qué emociones os vienen a la cabeza?

Centraros en las emociones que tenéis, las positivas y las negativas. Sólo pon tu atención en cómo te sientes según transcurre tus días y empieza tu vida “normal” y observa qué sentimientos surgen.

No siempre es fácil saber qué sentimos. A veces es como un batiburrillo y es que las emociones no siempre vienen de una en una sino que a veces pueden venir varias a la vez, lo que ya complica el tema.

Camuflamos las emociones cuando no las dejamos “ir” por los canales que llevan a su expresión, cuando las tapamos porque creemos (ahí está otra vez nuestras creencias, las que nos limitan y no nos dejan crecer) que nos van a llevar por caminos que no estamos preparados o nos dan miedo.

Por eso mismo, ahora que estamos tan vulnerables por otras vivencias y por otras experiencias, tenemos un punto de perspectiva estupendo para mirar y para ver nuestra vida, nuestra parcela de vida.

Los cambios dan miedo, pero tenéis que saber que cuando tenemos un deseo, tenemos muchas probabilidades de estar más que preparados para iniciar ese nuevo camino; lo que ocurre que seguro que tenemos que desprendernos de otras cosas, es como mudarse de piel y claro esa piel aunque nos sobre, nos da identidad, por lo menos la identidad que nosotros conocemos. La identidad con la que nos identificamos hacia los demás y hacia nosotros mismos.

Si crees que estás preparado para evolucionar, para crear una nueva porque la anterior se te ha quedado pequeña; ponte las pilas, empieza a mover ficha, una pequeñita, con la que sepas que puedes y no te pongas límites, deja que todo fluya. No tiene que salir todo bien a la primera, y puede que ni a la segunda, déjalo, reposa y empieza de nuevo.

Confía en ti mismo. Deja de compararte con los demás. Si crees que siempre te has basado en opiniones ajenas para ser quien eres, empieza a saber qué opinión tienes de ti mismo.

Dedicaros estos días a comer bien, empezar a reajustar el sueño y practicar deporte. Nos vamos a poner en forma para cambiar todas las cosas que se nos han quedado pequeñas en nuestra vida y dejemos que se nos llene la cabeza de pajaritas.

Bienvenidos a vuestra vida.

las buenas intenciones

Nuestra vida se ve afectada por la percepción que tenemos de las cosas.

Esta percepción que tenemos del mundo se construye a partir de nuestros pensamientos y del significado que les damos a estos, y puede ser real o no.

Son producto de nuestra educación, de nuestra cultura, de nuestra personalidad… todo ello forma nuestro esquema mental y nuestras ideologías.

Las creencias que tenemos determinan nuestra conducta y nuestra conducta refuerza nuestras creencias y entramos en bucle.

Así que cuanto más creemos en algo, más nos comportamos afín a esas creencias y al hacerlo más las reforzamos. A esto se le llama ser coherente.

¿Qué ocurre cuando no sabes por qué haces determinadas cosas y te arrepientes luego?

Te sientes fatal y las vuelves a repetir! ¿Cómo puede ser? ¿Si he pensado mil veces que no lo volvería a hacer?

Esa es una fisura que tienes.

Todos hacemos cosas que a veces no las hemos pensado bien, o nos hemos dejado llevar o influir por alguien o por algo. El punto importante es si te arrepientes y si te sientes mal.

Después, casi sin haberte dado tiempo a olvidar el hecho, milagrosamente se te olvida y lo vuelves a hacer. Y justo cuando te empiezas a sentir mal, recuerdas que ese sentimiento no es nuevo, que ya lo has tenido antes, que sabes de dónde viene y que no te gustó un pelo. Y ahí estás tú pensando si eres idiota.

Pueden ser cosas como fumar, beber de más, drogas, comer en exceso, estar con una persona que no te conviene una y otra vez, no querer sufrir…

Todas ellas son herramientas que utilizamos para hacernos un bien, para sentirnos mejor, está claro que no lo conseguimos por mucho tiempo pero lo intentamos. Nos equivocamos en escoger la herramienta pero la intención es buena. No somos idiotas. De verdad que no.

No lo somos, lo que ocurre es que a veces preferimos anestesiarnos un poquito-mucho. Preferimos hacernos los locos. La intención es sólo por un rato, por una noche, por unas vacaciones, por un verano… depende de lo insatisfecho que estemos con nuestra vida actual.

Ya tenemos la intención, y ahora nos falta nuestra percepción. Percepción que vamos cogiendo al inicio de nuestra necesidad y que irá cambiando y con ella nuestra intención, y con ella la distorsión de la realidad, y así, ya tenemos todo el pack.

Pues bien, aquí la intención siempre es cubrir una necesidad que tenemos, la que sea.

El ejemplo más claro es el tabaco.

Fumar es una estupidez. Ni siquiera te proporciona el placer momentáneo que pueden dar las drogas o el alcohol, no, el fumar desde el minuto uno es un horror. Toses, te ahogas, te dan arcadas, la boca te sabe fatal y los dedos te huelen horrible, todos sabemos que ni es tabaco ni es nada lo que fumas y que además de gastarte un dinero, creándote un cáncer tú solito, ahí estás, aprendiendo a fumar con una disciplina que ya te gustaría aplicar sólo la mitad para ir al gimnasio. Y además sin poder decir esto de: yo no lo sabía! Pero la percepción que tenemos ahora del tabaco es muy distinta a la de hace años. Antes era algo glamuroso… y ahora algo asqueroso.

La percepción de nuestros hábitos cambia no sólo porque nosotros cambiamos, sino porque cambian los demás, nos afectan las decisiones de los demás, es decir, de la sociedad, y ésta nos obliga a cambiarlas.

Dicen que las personas que empezaron a fumar muy jóvenes les cuesta mucho más dejar el hábito que si empezaste a los 30. Bueno, no estoy de acuerdo, lo que ocurre que es mucho más fácil coger una “herramienta equivocada” a los 16, cuando estás sin hacer, con muchísimas inseguridades, buscando referentes continuamente para cogerlos prestados, que con 30 que tienes una personalidad mucho más definida.

Esto lo digo porque peligro de equivocarnos tenemos siempre y a lo mejor a los 16 tenías clarísimo que las drogas no tenían nada que ver contigo afortunadamente, pero como a los 30 o 40 te dé por recuperar cosas que nunca has hecho cuando eras joven, ten mucho cuidado. Tu percepción no es: ¡Qué guay! Voy a fumar porque nunca lo he hecho y voy a vivir la experiencia!!

No, tu percepción es: me siento mal, la vida me va mal, no estoy feliz y voy a empezar a hacer cosas que nunca hice o hice poco a ver si cambio mi vida y de paso me relajo y me desconecto un poco de todo.

Nos encanta que las cosas vayan bien sin prestarle mucha atención. Por eso compramos lotería o rezamos, porque si con unos minutos de nuestra atención se solucionaran las cosas, mejor que mejor. ¿Para qué voy a estar yo pendiente?

El caso es que ya llevo varias personas que me dicen que deberían de hacer un coaching pero que les da pereza!! Que creen que a partir de entonces van a ser super conscientes todo el rato de todo y lo dicen como si eso fuera una cruz y que no les apetece nada.

Ser conscientes es genial, lo que pasa que lo relacionamos (otra vez la percepción) con el agobio, con la toma de decisiones constante, con la responsabilidad.

¿Qué pasaría si ser conscientes fuera la llave de la felicidad?

¿Quién te dijo que hacerte el loco sobre tus problemas los harían desaparecer?

No sé a quién se le ocurrió esta estrategia de bicho bola, pero no funciona. Es justo todo lo contrario.

El coaching no es milagroso, pero para estas personas que miran hacia otro lado, que su lema es:” patada para adelante”, el coaching es imprescindible para elegir bien los apoyos que necesitamos para vivir, para retroceder, cambiar esquemas mentales y volver a ponernos en marcha.

¿Os acordáis que os dije en un post que la intención lo es todo? Pues así es, lo que pasa que tenemos que saber cuáles son nuestras valoraciones de las cosas. Si moralmente estamos de acuerdo con esas actitudes o acciones que tenemos o de lo contrario nos provocan un malestar.

Si te provocan malestar, tendrás que cambiar o bien de valores o bien de conducta. No hay otra.

El coaching te ayudará a conocer qué te hace dudar de las cosas, los motivos por los que “recaes”, a conseguir nuevos objetivos y por encima de todo a quererte más. Eso es lo que más feliz me hace. Todo el mundo se quiere más después del coaching. Al hacerlo te sentirás más feliz en tu piel, elegirás mejor tus herramientas de ayuda y en vez fumarte veinte pitis y meterte varios copazos hasta llegar a tu límite, te pondrás freno de una manera natural.

Y desde ahí tomarás otro camino, el de pasar por las cosas, el de saber por qué tienes determinados comportamientos y eres el que puede modificarlos; pero claro hay que pasar por el proceso.

Empiezas a pensar en por qué no lo hiciste antes. Empiezas a comer sano, a preocuparte por ti, hacer algo de ejercicio y bueno, no seré yo quien te quite tus vicios-herramientas, serás tú solito un día en el coaching el que me diga: ¿sabes qué? No me apetece nada seguir con esto o con esto otro. No hay que ser perfectos, hay que ser uno mismo y modificar las cosas que se nos quedaron pequeñas y perderás el miedo a sufrir, a querer saltarte tus propios aprendizajes. ¿Quién querría perderse ese capítulo, eh? 

Es muy gracioso, lo digo irónicamente, nadie quiere sufrir, pero es, sin ninguna duda a equivocarme, la manera más adecuada para el aprendizaje que tenemos que hacer en ese momento. Es justo la medicina que necesitamos para curar la enfermedad que tenemos y volver a ser felices, así que no renunciéis a ella. Dadle tiempo a vuestra mente para que se adapte a la nueva situación, para que el ego se sobreponga y puedas seguir adelante con nuevas aventuras y esta vez sí que decidas bien dónde tienes tus mejores apoyos.

Una pista: no tienes que ir muy lejos. 🙂

¿un poquito de amor?

No quisiera hacer un post sólo para mujeres, pero el caso es que este tema atañe más a mujeres que a hombres, no sé por qué. Quizás por educación, cultura, no lo sé.

Y tampoco quisiera ser feminista (bueno, no demasiado feminista) pero creo que el amor lo vivimos de manera totalmente distinta los hombres y las mujeres.

Tanta manía con el que somos iguales ¿ qué vamos a ser iguales? Ni falta que nos hace. Las diferencias es lo que nos aportan.

Y no quisiera hablar sólo del amor entre un hombre y una mujer porque me imagino que los roles entre hombre y hombre, y mujer y mujer, se desarrollan igual, pero la verdad es que el amor de mujer a hombre es el que más conozco, aunque eso tampoco me acredite para ninguna medalla.

Todos sentimos por igual pero es cierto que esas pequeñas diferencias cerebrales hacen que en el amor, que todo se potencia al 1.000%, cualquier cosita se magnifique y las diferencias pueden ser abismales, pero lo cierto es que hay algo que ocurre en muchas mujeres con más frecuencia que con los hombres, y es la dependencia en la pareja.

Este tipo de amor, por llamarle de alguna manera suele ser amor por necesidad de ser amado.

La cosa empieza así:

Mujer estupenda, independiente (es curiosa esta contradicción pero suele serlo antes de que aparezca “él”), con amigos, con valores, con futuro y vida social. Llega el día que conoce a chico y empieza el lío… Qué ganas de ocuparnos de otro que no seas tú, eh?

“que si voy a animarle porque el pobre tiende a decaer el ánimo”, “que si voy a ayudarle porque el pobre no puede solo” “que si voy levantarle la autoestima diciéndole lo estupendísimo que es” (aunque no lo sea) y en la medida que hacéis toda esta labor social disminuye tú yo, porque éste empieza a preguntarse (porque tonto no es) que a ver si sólo nos quiere por este trabajo de fondo que hacemos con tanta abnegación y esfuerzo, y no por nosotras mismas. Ay!

La verdad es que es mucho más fácil volcar toda nuestra energía y toda nuestra voluntad en ocuparnos de moldear a otro (a nuestra conveniencia, por supuesto) y verle como un proyecto que verle como una persona completa. Esto además de ayudarnos con nuestra propia fantasía, nos entretiene en los defectos ajenos en vez de mejorar los propios.

Vaya por delante, que lamento deciros que a esa persona no le falta ni le sobra nada, a lo mejor no os gusta pero es perfecta. Perfecta para las experiencias que tiene que vivir y que a lo mejor no entráis en esas experiencias. Y que sería muy discutible si con vuestro “cariño” le hacéis mejores o peores personas.

Me parece oíros decir: “no es del todo como yo quería, pero le voy a pulir unas cuantas cosas y así se acercará más a la idea que yo tengo del amor.”

Habría que pararse a pensar cuál es la imagen que tenemos cada uno de nosotros del amor.

Esta idea que tenemos del amor cada uno de nosotros además de muchas creencias, puede venir acompañada de cierto atrezo: un mejor puesto de trabajo, una casa más grande o con unos kilos de menos o más elegante, más atractivo, más… qué?

¿Qué buscas realmente en el amor?
¿Qué te daría el amor que tú no puedas conseguir solo?

¿Puedes responder de manera sincera a estas preguntas?

Sería muy interesante oír vuestras respuestas porque ahí es desde donde hay que partir.

Empleamos el amor como mercancía, como herramienta de cambio y creemos que podremos manejarle. Ingenuos! El amor nos hará estar a su merced si no sabemos qué lugar ocupamos en la vida y qué lugar queremos que ocupe el amor en ella. Qué precio queremos pagar por él. Será como un tsunami.

Sé que diréis que en las parejas hay que ceder cosas en bien del otro o en el bien de la relación, no?

Puede que sí, pero esas cosas parten de uno mismo, de la evolución de uno mismo como persona o dentro de la misma pareja, pero sin que caigamos en ese servilismo que nos garantizará que por “nuestras buenas acciones” tengan recompensa.

A eso lo que llamo el Síndrome de Tecla. ¿Os acordáis de Tecla la araña de la abeja Maya? Siempre tejiendo esperando a que cayera su presa en la red, pues ese servilismo es manipulación. Manipulación camuflada en amor, eso sí.

Y aunque pareciera que sois el fuerte de la pareja, lamento deciros que sois la víctima.

Siempre esperando que el otro agradezca nuestro servicio, que lo aplauda, que nos ponga en nuestro sitio (privilegiado por supuesto) y pasan los meses y la pareja es casi como un segundo trabajo a juzgar por el esfuerzo que nos cuesta mantenerla. Y si tenemos que ser sinceros, con muy pocas satisfacciones. Pero ahí seguimos… porque por insistir no será. Duro y dale.

¿Qué pasaría si toda esa energía que estáis esperando a dar a otra persona, empezarais a ponerla a vuestro servicio?

Si empezaseis a pensar que el amor no es sólo ocuparse de otro. Que en una relación no es que uno haga el 50% y el otro el otro 50%, sino que todos diésemos el 100%.

100% una parte entera y completa y la otra persona diera otro 100%. Completo. Sin fisuras, excepto las que traemos de tara, claro 

Ya os adelanto que este cambio de creencia no es fácil porque uno mismo no tiene perspectiva de sí mismo. Porque es mucho más fácil ver la viga en el ojo ajeno que el camión en el nuestro (la paja me parece poca cosa) pero que no hay amor más importante que el quererse uno al 100% y si aprendes a hacerlo es mucho más sencillo querer a los demás con el mismo rasero.

Para ello hay que empezar a ser conscientes de la vida que tenemos y aceptarla. Vida que por otra parte es fruto de tus pensamientos y tus actos, que son los que te han traído hasta aquí.

Un coach os ayudará en esa perspectiva individual, os ayudará a gestionar vuestras emociones, a saberlas entender, a saber que todo lo hacemos por algo, y que sólo buscamos ser felices aunque a veces pisemos o nos dejemos pisar por ello.

Sigue el proceso aceptando los temas que te hacen sentir mal o en desventaja.

Acepta que no tienes pareja, o que eres un desastre con las que atraes o que en estos momentos sufres porque alguien te ha dejado…sea lo que sea acéptalo. Este es el momento que te has estado creando para pasar a otro nivel de consciencia.

Ese otro nivel de aprendizaje es como pasar de curso. Haz un repaso de las materias más difíciles y pregúntate: ¿ qué quiero que otra persona aporte en mi vida?

Esta respuesta te dará una pista de lo que te hace falta. Y si eres capaz de ir proporcionándotelo tú solito, el amor ya no será sólo necesidad, será una experiencia de vida en la que tú aportarás lo mejor de ti pero con unos límites sanos.

Aceptarás con mejor talante que querer a alguien no significa que te quiera como tú quieres, o que alguien te quiera no justifica su compañía por muy buena persona que sea. Acabarás odiándola si no aceptas que no le correspondes y eso tampoco te hace a ti mala persona, te lo aseguro.

Comprenderás que el amor terrenal tiene unas reglas escritas para formar un vínculo sano y que podemos ejercer cierto sentido común, pero que el amor espiritual es algo tan grande que no podemos controlar a nuestro antojo. Aunque sea por una necesidad y aunque nos correspondan tampoco nos da derecho a nada. A nada!

Es muy común escuchar decir: con todo lo que hice por él/ella!

Con todo lo que cambié y me convertí en lo que él quería y fíjate, se ha ido con otro/otra.

Vosotros pensando que hacéis todo por esa persona, y él o ella no lo quieren, lo rechaza. Dolor inmenso…para el ego que no para vosotros. (Es otro post.)

¡Pues no haber cambiado por otro! Os habéis vendido y ahora tendréis que recompraros.

¿Os habéis preguntado para qué existe el amor? ¿Qué aporta el amor en la vida de una persona? Además de la parte animal, instintiva de procrear, del sexo… ¿ qué más hay detrás del amor?

Yo tengo la creencia (acertada o no) que el amor viene a nuestras vidas para hacernos crecer a poquitos, para aportarnos conocimiento que no teníamos y que esa otra persona con su amor en forma de energía nos da en ese momento con aportaciones extras. Algo así como los bonus-track de los videojuegos, pero sólo lo hace cuando estamos preparados para entenderlo.

Ya sabéis la frase: “El Maestro aparece cuando el alumno está preparado.”

Aunque también puede que creáis estar preparados y el amor no llegue, pues señal de que habrá que seguir creciendo solo porque en este mundo de control, el amor es libre, libre en el más amplio significado de la palabra, libre de venir y libre de irse, casi siempre sin darnos cuenta ni de lo uno ni de lo otro.

Así que dejemos las telarañas para tejer unos bonitos jerséis y centraros en vuestra evolución, en vuestro agujeros, en vuestra experiencia de vida; eso sí, podéis estar con los ojos abierto por si os cae algún bonus-track del cielo.

tic-tac tic-tac

Me vais a perdonar el protagonismo pero… es 18 de junio, mi cumple!!

Tengo la sensación de que los días pasan rapidísimo, sin darme cuenta pero al mismo tiempo ha sido un año lento, denso… de muchas cosas, algunas esperadas y otras de sorpresa total. ¿Cómo puedo tener esa percepción tan distorsionada? ¿Rápido y lento a la vez?

Pues parece que esto no sólo es una impresión mía.

Un científico alemán ha llegado a la conclusión de que la Tierra rota más deprisa que antes y ahora los días tienen 16 horas en vez de 24 horas. Este estudio es conocido como “Resonancia Schumann” y explica por qué la tierra gira más rápido basándose en una explicación de metafísica cuántica y astrofísica. Vaya!!

Parece que el tiempo lo medimos cada uno como queremos o como quiere él, no lo tengo claro.

¿Qué la época es mala y parece que un día es una eternidad? Pues ahí está el tiempo haciéndose el remolón, agónico. ¿Qué estás en época activa? Pues ahí está el tiempo colaborando a que las cosas se te escapen de las manos, sin darte tiempo a pensar.

Hace seis meses que hicisteis vuestros deseos de Reyes, ¿os acordáis? Han pasado seis meses y unos cuantos posts desde entonces.

Propongo que le deis un vistazo para ver si seguís de acuerdo con vuestra lista de deseos. A lo mejor os han cambiado las prioridades o han cambiado las circunstancias, sea como sea, dadle un vistazo.

Si siguen siendo las mismas, preguntaros: ¿Cómo voy en este objetivo? Es una manera de refrescar metas y ver si queréis seguir en esa línea de pensamiento. Si no son las mismas o algún deseo ha cambiado, borradlo y pensar qué es importante para vosotros a día de hoy o en un futuro.

Si hay que redirigir la ruta se hace. Intenta no apegarte a las cosas y menos a la imagen que tienes de ti mismo. Ya te adelanto que ese tú no eres tú, pero bueno, esto es otro post.

Es normal que las cosas cambien, señal de que estás vivo. Ya sabéis eso de: nada permanece, todo se transforma.

En coaching se cambia y se cambia mucho. Se cambia de pensamientos, se cambian los deseos y por supuesto se cambian algunos hábitos. Esto último es lo que hace que seamos un nuevo yo, el mismo pero transformado.

“La vida es una creación, no un descubrimiento. No vivimos cada día para descubrir lo que nos tiene reservado, sino para crearlo” Neale Donald Walsch, Conversaciones con Dios

Normalmente llegáis pidiendo unos objetivos pero en la medida que se desarrollan las primeras sesiones, en la medida que el tiempo pasa… las cosas van cambiando. Especialmente cuando aprendéis un par de cosas: gestionar vuestras emociones y autoestima.

Muchas veces hacemos un coaching para solucionar problemas con los demás, o problemas nuestros que afectan a terceros, es normal, yo parto de la base que estamos todos conectados, pero de ahí a que tus problemas sean los míos hay una gran diferencia, y cuando descubrís esto, vuestros objetivos suelen cambiar.

El coaching es mágico, llega a cada una de las partes de nuestra vida, incluso aunque no fuera nuestra intención, todo se mueve.

En el entrenamiento utilizo diferentes herramientas para ayudar a conseguir los objetivos de los clientes y una que a veces uso es un ejercicio de PNL (Programación Neurolingüística) es un ejercicio para visualizaros dentro de veinte años. ¿Lo habéis hecho alguna vez?

Cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. (Esto parece de manual pero la gente cierra los ojos y sus pupilas parecen pelotas de ping-pong, hay que intentar dejar descansar a nuestra ocupada mente un poco)

Yo le suelo poner colores a mi respiración, me es más fácil seguirle la pista.

Imagínate dentro de veinte años, ¿Cómo te ves físicamente? ¿Muy distinto? ¿Te ves sólo o acompañado? No lo pienses mucho, no quiero que te pongas racional y puntilloso, deja volar tu cabeza.
¿Dónde vives? ¿Ciudad? ¿Campo? ¿Hay niños? ¿Perros? ¿Sois felices?

Si tienes problemas para visualizarte dentro de veinte años, baja el tiempo a diez años.

¿Qué tal? ¿Mejor? ¿Y si digo que penséis en cinco años? La cosa asusta un poco, no? Cinco años está a la vuelta de la esquina.

Es un ejercicio buenísimo para ver si estamos en el camino adecuado, para ver si estamos estancados o para conseguir esas cosas que se suponen que nos van a hacer muy feliz, como esas cosas que escribimos en nuestra lista de Reyes.

Mantener una imagen de nosotros en futuro no es fácil. A lo mejor nos sorprendemos visualizando algo que hemos estado renegando toda la vida. ¿Yo?? ¿Con niños?? ¿En el campo?? Pero si me da alergia hasta la primavera en Madrid!

No te juzgues, déjate ser. Si ves que pones resistencia, hazte esta pregunta:

¿Estás donde quieres estar?

Fijaros bien que hablo en presente y no en futuro, porque la verdad, no me interesa la idea que teníais de vosotros mismos en el pasado, sino la del fantasma de la navidad del futuro. 

Otra pregunta:

¿A qué tendrías que renunciar para que tus deseos se cumplan?

Estamos acostumbrados a definirnos según las experiencias que hemos tenido en pasado y del presente pero no sabemos cómo seremos en el futuro, por lo menos no del todo. Otra vez la importancia del tiempo…. Por eso es tan importante tener objetivos, porque si no somos como un barquito en el mar.

El mar nos arrastra y no nos damos ni cuenta.

Por no decir, que además, ceder el poder de dirigir nuestra vida a otro significa de todas todas que no confiamos en que nosotros lo hagamos bien, y por eso nos hacemos los locos y le cedemos el poder a otra persona, y eso… son malas noticias.

No es fácil, uno se apega a los demás y también a sí mismo; pero si a mí me da pena que me corten más de dos centímetros las puntas del pelo!!! Ufff!

Empieza a relacionarte contigo como si fueras tu mejor amigo. Empieza a pensar en ti como lo que te gustaría ser. Cuando empieces a verte cómo quieres ser y no como fuiste, todo tu universo cambiará. Dejarás de definirte en pasado y empezarás a hacer cosas que nunca pensaste que pudieras. Es como abrir las puertas.

Considera sólo por un momento que si te preguntara ¿Quién eres? Me respondieras sólo con la persona que quieres ser en un futuro próximo. ¿Qué cosas tienes que cambiar para ser esa persona?

Tres pistas para que tus cambios se concreten:

1. Crear, pensar, imaginar.
Todo pensamiento precede a la creación. Aunque sea por milésimas de segundos.

2. Verbalizarlo.
Las palabras son muy importantes para nosotros. Cuantas veces los actos de una persona nos demuestran lo contrario de sus palabras pero seguimos insistiendo en: me dijo que haría esto o me dijo que haría lo otro, me dijo, me dijo…

3. Acción.
El coaching sin acción no es coaching. Cuando uno crea, piensa y verbaliza, no hay quien le frene en el cambio a realizar.

Me gusta pensar que vivimos con vidas paralelas, como si fuera Matrix. Tenemos la autopista del pasado, del presente y del futuro y podemos ir de un tiempo a otro según vamos resolviendo nuestros sudokus particulares, que una vez resueltos nos hacen pegar un salto cuántico y evolucionamos.

Sea como fuere, el tiempo es de las pocas cosas que el hombre no puede manipular así que disfrutemos el tiempo dure lo que dure.

Alicia: ¿Cuánto tiempo es para siempre?
Conejo: A veces, sólo un segundo.

“Alicia en el País de las Maravillas”

La mitad del pastel

Yo soy como soy y no voy a cambiar. Je! Ni eres como crees que eres ni siquiera eres tú sólo. La mitad del pastel, por lo menos, es de tus padres y lo del cambiar, ya lo veremos.

“Nada tiene mayor influencia psicológica en los hijos que la vida no vivida de los padres” dijo el psicoanalista Carl Gustav Jung.

Yo le añado que nada tiene mayor influencia en la vida de los hijos que las frustraciones de sus padres.

Parece broma, pero es así.

Tanto si es porque intentas que esas frustraciones no te afecten, como si intentas triunfar justo en esos temas donde tus padres fracasaron, de un modo u otro tu vida girará en torno a eso. Ya sabéis lo que dicen: no hay nada como la indiferencia, no? Pues en estos temas, indiferentes indiferentes parece que no podemos serlo.

Heredamos muchas cosas de nuestros padres, unas vía ADN y otras por el día a día. Heredamos las cosas positivas pero también las negativas y la mayoría lo hacemos sin darnos cuenta.

Un día te levantas y tienes al otro lado de la cama a un señor que se parece sospechosamente a tu padre, padre con el que por cierto nunca te llevaste bien. Ups!

Las carencias de la vida de los padres puede ser una losa muy pesada en nuestra vida. Sin darnos cuenta cargamos con sus decepciones, rechazos o inseguridades, cargamos con los riesgos que se atrevieron a correr y con los que no, cargamos hasta con sus valores y opiniones. Pobres seres imperfectos, eh? Todo sea por nuestra evolución. 😉

Con este panorama de vida entra en juego nuestra personalidad, y especialmente la etapa en la que intentamos desapegarnos de nuestros padres, la adolescencia.

Primero intentamos hacer una “separación amistosa” de manera instintiva, por instinto natural de crecer, pero si no recibimos el entrenamiento adecuado cuando éramos pequeños, no esperéis dar el salto mortal en la adolescencia.

Más tarde, nos encontramos con que somos unos adolescentes rebeldes o unos adultos de 45 años que consultan todo a sus padres. En las dos maneras de reaccionar hay peligros.

(Sé que estoy siendo un poco extrema pero entiendo que cada uno verá sus propios grises entre una postura y otra.)

En la del rebelde porque estás tan pendiente de hacer tu papel que puede que te quedes ahí anclado, siempre con un puntito de rebeldía, Peter Pan total. La idea de pasar de ser cuidado a cuidar y entregarse a formar una familia no es ni por asomo nada apetecible.

Y por el otro lado, la postura de la sumisión y querer agradar a los padres, pues qué deciros, que es un espejismo de vida. Es algo así como castrar tu vida para que tus padres vivan aparentemente más tranquilos y felices pero será sólo en apariencia porque ellos en el fondo no serán felices porque sus miedos les comerán, y como ya sabéis el miedo no tiene límites, siempre quiere más.

En ambas posturas obtenemos beneficios. A priori a lo mejor no se ven pero si rascamos un poco vemos que el rebelde a veces va de víctima y eso le trae intereses, y el sumiso, porque no es responsable ni un poquito de su vida así que si algo le sale mal (normalmente le salen mal muchas cosas) grita: MAMAAAAAA!!!!

Se supone que los padres son los que nos preparan para ser adultos pero claro, ¿qué ocurre cuando ellos tienen sus propias taras de fábrica? ¿Sus propios problemas sin resolver? Pues que nos los transmiten, y entonces hacemos esa transacción con esas suyas y desde entonces también nuestras-suyas-nuestras taras.

¿Cómo evitar que sus problemas sean los nuestros? ¿Cómo evitar que sus problemas sean un lastre para nosotros para toda la vida?

Yo creo que la mejor manera es reconstruirse uno mismo. Con esto me refiero a ser conscientes de quiénes somos, de qué queremos en la vida, qué zancadillas nos ponemos y sobre todo saber si esas cosas las hacemos porque realmente estamos de acuerdo con ello o nos subimos al carro del victimismo y echamos la culpa a nuestros padres de nuestra infelicidad.

¿Qué sufrimos de pequeños a causa de nuestros padres? ¡Claro!

En el mejor de los casos será algún episodio que nos incomode y en muchos casos, experiencias que han condicionado nuestro carácter, nuestra visión de la familia o nuestra visión del amor.

¡La vida es así! Somos seres humanos que vamos experimentando; intentando crecer y aprender de las cosas que nos pasan, pero este es un matiz importante: que nos pasen! Que nos pasen a nosotros, a nuestra vida no a la de nuestros antepasados.

Así que si no quieres seguir cargando con una mochila que no es tuya, plántate y mira qué puedes tirar por la borda, pero te prometo que no es necesario que te tires tú. Sólo hay que reformarte un poco.

Me gusta mucho esta cita:

“La vida es como un barco surcando el mar. Para cambiar hay que construir un nuevo barco con el material del viejo, en el que navegamos. No se puede atracar en un puerto, desguazar el barco donde vamos y construir uno nuevo. Tenemos que reconstruir el que ya tenemos sin dejar de navegar” Otto Neurath, Filósofo y economista austríaco.

Hasta aquellos afortunados que tuvieron una infancia modélica necesitan soltarse de sus padres, pero claro, con tanta teoría como tenemos a veces esta teoría nos sirve para conocernos mucho y apoyarnos en ellas tipo: sí, ya sé que esto lo hago mal pero mi madre lo hacía igual y no puedo hacer nada para evitarlo. Ale! O… No puedo comprometerme con nadie porque mi padre me abandonó cuando era pequeño y no confío en nadie más.

A esto le llamo la doble carambola. Uno de tus progenitores hace algo poco afortunado (por no entrar a juzgarlos) que te influye mucho y además de sufrirlo, que en aquella época era lo único que podías hacer, tú como si fueras parte responsable te castigas sacando una conclusión errónea que puede llevarte a negarte al amor de por vida, por ponerte un ejemplo. Vaya plan, eh?

Saber la teoría es importante, saber el cómo y el por qué también, comprender lo que pasó y cómo nos pasó, pero no sólo basta con ser conscientes y ya está. La verdadera diferencia está en dar un paso más. Aceptar lo que nos ocurrió. Aceptar que ellos (nuestros padres) tendrían sus motivos, sus razones, que quizás no les daba para más, que estaba sobrepasados, lo que sea pero acepta aunque no sepas los por qué y suelta…

Decide soltar, porque si no lo haces la mitad de ti no serás tú, serás una copia de alguno de tus progenitores y estarás atado a ellos como si fuera una maldición que pasa de generación en generación.

Cierto que hay problemas que no son fáciles de superar uno sólo, vale, pues pide ayuda, porque si no lo haces ahí se quedarán los “males” escondidos sin superarlos, perdurando más de lo necesario, creciendo atados a las cosas de las que más nos quejamos y muchas veces de las que más queremos alejarnos.

No temas, tu personalidad no va a desaparecer. No te vas a diluir…serás como una versión nueva de ti mismo, mucho mejor, más feliz, más en su sitio.

El coaching te ayuda a pasar por esta experiencia de la mejor manera posible, pero pasando por ella y pasando a la acción.

Hazte responsable de tu vida y de tus decisiones, de tus objetivos y vive tu vida.

Vive y perdona, porque utilizando a mí aire una frase de Juan Diego Botto en su obra de teatro, Un trozo invisible de este mundo (sigo muy impresionada por esta obra) quizás no puedas perdonar un 10 pero entonces agarras un 3 y te lo llevas al corazón, porque no es cierto que el 2 esté igual de lejos que el 10 de infinito.

Vive para cambiar

El otro día me decía un cliente que según iba avanzando en las sesiones de coaching le estaba dando un poco de tristeza por el pasado.

Ahora que era consciente de muchas cosas se daba cuenta que había perdido mucho tiempo y que había pasado por su vida como de puntillas, sin querer saber mucho de sí mismo. No se conocía demasiado y cuando tenía dudas cogía “prestadas” las opiniones de otras personas.

La verdad es que esto pasa casi en cada uno de los coachings que hago.

Una vez que abres los ojos y te das cuenta de las cosas, solemos flagelarnos: ¿Pero cómo no lo vi antes? ¿Cómo pude aguantar esto o aquello?

Y yo siempre les digo lo mismo: que a posteriori todos somos muy listos, pero hay que estar allí y vivirlo con lo que sabíamos en ese momento.

Está claro que cuando no sabemos es cuando estamos en medio de esas experiencias que hacen que nos superemos o que vayamos hacia atrás, porque una cosa tengo clara, quedarnos en el mismo sitio, no nos quedamos.

O bien solucionamos, aprendemos y evolucionamos con lo que damos un salto hacia otro nivel en nuestra vida, o damos unos cuantos pasitos para atrás, pero esto de virgencita virgencita que me quede como estoy es temporal.

Tarde o temprano la vida nos vuelve a poner la misma prueba con otro escenario, y a lo mejor con otros personajes, pero la misma, eso sí multiplicado por dos a ver si lo vemos más fácil, pero nada… somos un poco “cerrojillos” que decía un amigo mío.

A lo mejor esto lo notamos más cuando las decisiones que tenemos que tomar creemos que son decisivas en nuestra vida; ¿Vivo en Londres o Madrid? ¿Tengo hijos o no los tengo? ¿Dejo este trabajo que no me gusta por uno que sí?

Sí, ya sé que esta última pregunta parece fácil de resolver pero os sorprendería lo poco preparados que estamos para la facilidad y la felicidad.

Las cosas demasiado fáciles hacen que las miremos con suspicacia… ¿A ver si esto va a ser así de fácil, no? Sí, claro, es una chica ideal, monísima ¿Cómo va a querer salir conmigo? Le digo que no y se acabó la incertidumbre. 😦

De todos modos olvidamos que la vida va haciendo sus propias aportaciones por libre, y eso a veces nos descoloca un poco bastante. La verdad que las decisiones “importantes” no lo serían tanto si a diario hiciéramos los “deberes”.

Os pongo este ejemplo:

Piensa que eres un coche. Cuanto mejor sepas conducir, más posibilidades tendrás de llegar sano y salvo a destino, no? Pues eso es lo que se hace en las sesiones de coaching, aprender a conducirte. Es fundamental saber cuándo te conviene acelerar, frenar, reducir… o aparcarte!

¿Eso va a evitar que tengas todos los accidentes?

Pues no, pero sí que va a reducir el número de ellos e incluso algunos los verás venir y los podrás evitar; por no hablar de cómo vas a salir a carretera, de tu sensación de bienestar y de seguridad, algo que se retroalimenta continuamente hasta que esa conducción la integras en tu vida casi sin darte cuenta.

Todo esto en coaching se hace manteniendo una conversación, de hecho muchas. Se escucha, se sacan conclusiones, se hace de espejo.

La verdad es que parecen pequeñas las pretensiones del coaching, verdad? Ignoramos el potencial que tenemos los seres humanos para cambiar las cosas.

En coaching nos vamos quitando las capas una a una, hasta que nos quedamos con lo esencial, hasta que nos quedamos en pelotas. Desde ahí vamos construyendo:

¿Qué quiero? ¿Cuándo lo quiero? ¿Cuál es la razón por la que lo quiero? ¿Qué me aportará? ¿Y si no lo consigo? o mejor ¿Y si lo consigo?

Cuestionarse las cosas es fundamental, como también lo es conocernos, y conocernos también es saber que vamos cambiando a cada rato.

Saber que no somos los mismos ahora que hace un año o hace cinco, y como os decía antes, si lo somos…cuidado, no vaya a ser que estemos congelados y ni nos hayamos dado cuenta.

Especial cuidado con aferrarnos a una imagen de nosotros mismos y no querer moverse de ella. Es como llevar los mismos vaqueros con 18 años que con 38… no nos van a quedar igual por mucho que nos empeñemos. Es mejor saber qué culo tenemos ahora y comprarnos unos nuevos que nos queden perfectos. 😉

Conocer qué es importante para nosotros ahora y qué cosas han dejado de ser prioritarias, por mucho que nos sorprenda.

Saber cuáles son nuestros valores y si nos conviene cambiarlos por otros más afines o coherentes con la vida que queremos llevar en estos momentos.

Saber cuáles son nuestras creencias.

¿Sabéis que son las creencias? Son la opinión que tenemos de las cosas y desde esa opinión vamos construyendo nuestra manera de posicionarnos en la vida y de nuestra manera de vivirla.

¿Son las mismas de siempre? ¿Hemos añadido algunas nuevas? ¿Contradicen alguno de nuestros valores? ¿Hay creencias que te frenan? ¿Cuáles son tus miedos? ¿Qué opinión tienes de ti mismo? ¿Es buena? ¿Cómo estás de autoestima?

Sí, ya sé, la he vuelto a nombrar, pero es que la opinión que tenemos de nosotros mismos es fundamental para ser felices. Veamos qué es de una vez.

Definición:
Autoestima es confiar en nuestra capacidad de pensar correctamente, es sentir que nos merecemos ser felices, es saber que somos dignos de ser amados y respetados, es atrevernos a pedir lo que necesitamos y es vivir siendo coherente con nuestros valores y principios.

No está mal, no?

Pues sí, es todo eso y más, así que podemos quitarle importancia y hacer como que no nos interesa, pero la realidad es que la autoestima no necesita nuestro permiso para funcionar a su aire.

Si te empeñas en no conocerla bien, más pronto que tarde te pasará factura en forma de infelicidad y tristeza porque dependiendo del nivel que tengas de autoestima así será tu forma de pensar y como ya sabemos , dependiendo de lo que pensemos así actuamos y estas actuaciones son las que influyen directamente en el nivel de nuestra autoestima.

Como veis son cuatro cosas las que tenemos que tener claras, pero qué cuatro cosas, eh?

No es fácil tener perspectiva con uno mismo, de ahí que muchos necesitemos de un coach para que nos alise el camino y nos haga el recorrido más fácil hasta conseguir el objetivo. Pero no es sólo conseguir el objetivo; lo más interesante es el camino, el proceso de cambio.

Al final cuando este proceso funciona conseguir el objetivo es la consecuencia lógica de nuestro cambio, pero dónde realmente aprendemos cosas es en el durante, así que no intentes saltártelo, disfrútalo porque ahí está la magia.

Y no te juzgues por no haber cambiado antes o después, cada uno tenemos nuestro ritmo y evolucionamos cuando estamos preparados para ello, es lo que construye la vida que vamos viviendo.

Da gusto saber que sólo de nosotros dependen las cosas, no? ¡Bienvenido a los cambios!

¿serás lo que eres?

¿Eres lo que pensabas que serías? ¿Vives cómo habías pensado que lo harías?

¿Tienes entre 30 y 45 años y tu vida no tiene mucho que ver con lo que pensabas a los 20?

Aquí nos encontramos con dos perfiles, los que la vida les ha llevado por un camino que nunca pensaron pero están muy felices, o con aquellos que se sienten defraudados con su presente.

Dedicado a estos últimos va este post.

¿Cuándo empezaste a desviar el camino de tu objetivo? ¿Fue por motivos familiares? ¿Económicos? ¿Adolescencia fatal? ¿Fue por un novio o novia?

Quizás pensaréis qué tiene que ver los amores, pues tiene que ver y mucho! Porque cuando nos enamoramos tendemos a querer adaptarnos a la vida del otro (eso lo hacemos especialmente las mujeres) y en pos de la felicidad conjunta, a lo mejor cogemos un trabajo que no nos gusta pero que en ese momento nos da estabilidad económica o dejamos uno que sí por pasar tiempo juntos o peor, aceptamos un trabajo que no nos gusta y que no nos lleva a ninguno de nuestros sueños para que nuestra pareja sí que pueda cumplir con los suyos.

Hay muchos factores que puede que nos aparten de nuestro objetivo, a lo peor sólo nosotros somos los culpables y en este caso sólo hay una respuesta: en algún momento creíste que no eras lo suficientemente bueno. Pusiste varias excusas para tu entorno pero esa es la única verdad para ti.
Ahora tienes unos 10 o 15 años más y sabes que el amor de verdad es el que no te deja hacer ningún sacrificio, es el que te apoya hasta para que te marches lejos de él / ella con tal de que seas feliz y es el que te dice lo bueno que eres y que tú sí que puedes. Todo lo demás si no se ajusta a estas tres reglas…dejadle. Estáis perdiendo el tiempo.

¿No os habéis encontrado nunca con algún amor/romance al que le dices lo genial que es y no le volvéis a ver?

¡Claro! No se lo cree ni él, cómo para aguantar que se lo diga una pareja.

Son ese tipo de personas que te dicen que les va un poco más que le den “caña”. Es verdad, necesita que le trates un poco-bastante mal, del mismo modo que se trata él o ella en la intimidad.
No es tu jardín, es el suyo.

Cerrad los ojos, respirar lentamente, ser conscientes de cómo entra el aire y cómo se distribuye por vuestro cuerpo…y preguntaros: ¿Cuándo acepté que no iba a ser feliz del todo? ¿Cuándo me conformé con la frase del: bueno…esto es lo que hay! ¿Cuántos años lleváis viviendo en el futuro? Ya sabéis, cuando mi chica encuentre un trabajo seguro, cuando el niño ya vaya al cole. ¿Cuántas veces os habéis engañado con un: bueno, nunca se sabe! Exacto! Nunca! Porque la verdad es que si nada cambia, nada cambia.

Haceros una pregunta:

Si no existiera ni el tiempo ni el dinero… ¿qué haríais con vuestra vida?

¿A qué dedicaríais vuestros días? ¿A quiénes? Sin pensar en qué esa actividad te va a situar en una escala económica y sin pensar en que ya tiene treinta y tantos o los que sean que tengas.
¿Qué harías?

Es cierto que a veces la vida te lleva por otros lugares que ni pensabas, si alguien me dice hace veinte años que me iba a dedicar al coaching me hubiera muerto de la risa, entre otras cosas porque entonces no hubiera sabido ni lo que era, pero el caso es que me gusta mucho y tengo cero nostalgia de mi profesión anterior de estilista/decoradora a no ser que me junte con un amigo y me pida que le haga o vea algo de deco y entonces sí que es cierto que me da cierto rum rum interior pero no para mal, es como una certificación de que sí, que me gustaba mucho lo que hacía. Antes mi vida era por producciones y ahora es por sesiones. Y la verdad es que si no existiera el tiempo ni el dinero tendría espacio para varias profesiones más. Estoy convencida de que a los 30 nos tendrían que dar la oportunidad de estudiar otra cosa, lo que queramos porque… ¿hay alguien que sea igual a cuando decidió que quería ser a los 17? Pues eso!

A mí nunca me faltan cosas que hacer. Últimamente me ha dado por las clases de teatro. Qué descubrimiento! Y bueno…siempre están ahí los perros, los que me conocéis sabéis que esa es la constante mayor en mi vida. ¿Por qué no estudié para ser veterinaria? Creo que en aquellos tiempos tenía otras prioridades y ahora creo que no podría. Quizás etología…veremos…

Otras veces nos hemos desviado tanto del camino y tanto nos hemos obligado a realizar una tarea que no nos gusta, que se nos olvida qué es lo que nos gusta de verdad. Eso es cómo todo, hay que volver a entrenar esa parte de nuestro cuerpo. Es como estar años sin utilizar un brazo, no esperes que cuando quieras coger algo te responda correctamente.

Somos capaces de hacer muchas cosas y de hacerlas muy bien, pero tienes que empezar buscando las que se te dan bien de manera innata. Ya sabes, de pequeño todo el mundo te decía que dibujabas genial o en clase siempre te decían que tenías un don para esto o lo otro. Ya veremos si alguna de ellas encaja en tu yo actual, pero ese es un buen punto de partida.

Quítate todo tipo de prejuicios, olvídate de qué pueden pensar estos o aquellos, en principio sólo busca qué te gusta, sin más. Cuando algo nos gusta sea una cosa o una persona, en un primer flechazo, sabes que te gusta pero tampoco conoces demasiado a esa persona, pues esto es igual. Te gusta y punto. Ya le buscaremos su lugar si interesa.

La pregunta importante es: ¿Qué quieres hacer con lo que te queda de vida?

Diréis que es un poco dramática pero…¿Cómo quieres vivir el resto de tus días?

Si la respuesta es cambiar, el coaching os ayudará a preparar un plan, os ayudará con los tiempos y sobre todo os ayudará con el miedo al cambio. Ese miedo lo tenemos todos. ¿Cómo es ese refrán horrible de: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer? ¿A quién se le ocurrió ese refrán? No aporta nada excepto conformismo.

Salir de la zona de confort, no siempre es fácil, llevamos mucho tiempo en esa charca y bueno, no es la que más nos gusta pero por lo menos es “nuestra” charca. Ahí entran otros factores. Un profe me enseñó que el ser humano apoya su felicidad bajo estas tres columnas:

– Sentir que es amado, aceptado.
– Sentimiento de utilidad.
– Sentimiento de pertenencia.

Sobre esto basamos nuestra felicidad, así que revisa cómo estás respecto a estos supuestos.

¿Cómo te sientes ahora? Puede que salga un viejo amigo, el miedo.

El miedo es de lo más normal, lo que ya no es normal es que sea el miedo el que dirija tu vida y tome las decisiones importantes de ella porque si das de comer al miedo…no se cansa, siempre pide más. Así que o asumes que sentirlo es humano y no les das mucha importancia o estás perdido. El coaching te ayudará a superarlo enfrentándote a tus valores y normalmente el miedo se hace más pequeñito pero el coaching también te ayuda a no saltar al vacío. Tener un colchón y un plan b hace todo más accesible.

¿Y si no tengo éxito? Esta pregunta me la conozco bastante bien por experiencia propia.

Normalmente esta postura, supone que si no alcanzamos el objetivo marcado todo habrá sido en vano. Queremos una garantía de que todo nuestro esfuerzo tendrá una recompensa.

Bien, te puedo decir que cuando una persona se alinea con su objetivo, si este es el suyo, el que le estaba esperando, para el que ha nacido… no hay energía que pueda pararlo, pero que esto tampoco os sirva de pretexto, hay que salir a buscarlo, hay que cogerlo y hacerlo tuyo y si por el contrario todo esto te parece mucho riesgo, pues mantendrás tu vida como está, sin ninguna incertidumbre pero también sin ninguna certeza sino la que ya sabéis: que no sois del todo felices.

Y eso sí que es duro de vivir.